La Corona de Adviento: El Misterio Encendido que Anuncia la Llegada del Rey
- Canal Vida
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La Corona de Adviento esconde una historia que muy pocos conocen: nació en medio del frío, la pobreza y la oscuridad, como un desafío silencioso al invierno espiritual. Sus cuatro velas guardan un mensaje que cambia completamente la forma de vivir la Navidad.

Durante siglos, millones de cristianos en todo el mundo encendieron, en silencio o en familia, un pequeño círculo de ramas verdes con cuatro velas. Pero pocos saben que detrás de esa sencilla tradición se esconde una historia poderosa, casi olvidada, que mezcla oscuridad medieval, resistencia cristiana y un mensaje de esperanza capaz de perforar las tinieblas de cualquier época. La Corona de Adviento no nació como un adorno… sino como un grito.
UN ORIGEN INESPERADO: EL SÍMBOLO QUE NACIÓ EN LA NOCHE MÁS OSCURA
Aunque hoy ilumina hogares, parroquias y templos en cada continente, su origen se remonta a la Alemania del siglo XVI. En tiempos en que el invierno devoraba la luz y la pobreza golpeaba fuerte, los cristianos colocaban un círculo de ramas verdes dentro de sus casas como un signo desafiante: la vida vence incluso cuando todo parece morir.
Muchos historiadores coinciden en que las primeras coronas aparecieron en comunidades cristianas que sufrían persecuciones y crisis. Las ramas, siempre verdes, rompían el mensaje del invierno: “Nada termina. Dios sigue obrando”. Ese círculo cerrado era una predicación silenciosa: el amor de Dios no tiene fin.
Con el paso del tiempo surgió la idea de colocar velas. Cuatro luces pequeñas, casi insignificantes, que parecían perder contra la oscuridad del invierno… pero que anunciaban: cada semana, la Luz verdadera está más cerca.

EL CÍRCULO QUE HABLA: LO QUE SIGNIFICA LA CORONA
Nada está puesto al azar:
El círculo, sin principio ni fin, representa la eternidad de Dios y la promesa de que su amor no se quiebra jamás.
Las ramas verdes, incluso en pleno invierno, recuerdan que la gracia renace donde nadie lo espera.
Las velas, encendidas una por semana, son como cuatro golpes al corazón del mundo anunciando la llegada de Cristo.
Muchos autores espirituales dicen que la corona es “el reloj de Dios”, marcando la cuenta regresiva hacia la irrupción del Cielo en la tierra en Navidad.

LAS CUATRO VELAS: UN MENSAJE QUE ARDE
Cada vela tiene su propio significado y, en muchas regiones, también su propio color. La simbología es tan profunda que, según la tradición, quien entiende sus luces logra vivir un Adviento distinto, más despierto, más consciente… casi profético.
1. Primera vela – La Vela de la Esperanza (Morado)
Es el fuego que rompe la oscuridad inicial. Representa la espera vigilante, la promesa que aún no vemos, la confianza que sostiene en medio del caos. Es la luz que dice: “No te rindas”.
2. Segunda vela – La Vela de la Fe (Morado)
También llamada “la vela de Belén”. Nos recuerda el camino duro, frío y difícil que hicieron José y María. Es la fe que camina cuando no hay señales, cuando solo queda creer.
3. Tercera vela – La Vela de la Alegría (Rosa)
En pleno Adviento austero, una explosión de luz rosada irrumpe. Se llama Gaudete (“alégrense”). Es el anuncio: “El Señor está cerca”. Es la alegría que nace no de lo que se ve, sino de lo que viene.
4. Cuarta vela – La Vela del Amor (Morado)
Es la última luz antes del estallido de la Navidad. Representa el amor infinito de Dios que está a punto de hacerse Niño. Es la invitación final a preparar el corazón, a limpiar la casa espiritual.
UN LLAMADO PARA HOY
En un mundo cansado, herido y acelerado, la Corona de Adviento no es un adorno… es un recordatorio urgente. Cada vela es una advertencia y una promesa: la Luz viene, aunque el invierno espiritual sea profundo.
Porque el Adviento no es un rito: es una revolución silenciosa.





