La Ciudad que enloqueció por el Papa
- Canal Vida

- 11 jul
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Castel Gandolfo se exalta ante la llegada de León XIV. La misa del domingo 13 promete ser histórica. Desde restauraciones hasta milagros comunitarios, la ciudad se transforma en un altar vivo de fe, emoción y esperanza.

El pequeño paraíso a orillas del lago Albano está irreconocible. Calles limpias como un quirófano, escudos papales restaurados, niños ensayando liturgias, mujeres del Opus Dei fregando bancos y un cura salesiano con lágrimas en los ojos. Todo por un solo motivo: el Papa vuelve a casa.
"¡Le estábamos esperando!". No es una frase cualquiera. Es un grito colectivo que retumba desde los tejados de Castel Gandolfo, la histórica residencia de verano de los papas. Y este domingo 13 de julio, a las 9.30 (hora local), el sucesor de Pedro volverá a caminar por las calles empedradas de este rincón celestial para celebrar la Santa Misa en la parroquia de Santo Tomás de Villanueva. La ciudad ya no duerme. Está en modo vigilia perpetua.

LOCURA SANTA Y FESTIVA
"Cada vez que el Papa viene, la ciudad cambia de rostro: se transforma en una fiesta", dice el padre Tadeusz Rozmus, párroco salesiano con acento polaco y alma romana. Pero esta vez, la fiesta no es sólo decoración: hay fervor, lágrimas, velas encendidas día y noche y hasta un ejército invisible de voluntarios que limpian hasta las palomas del campanario.
La parroquia —deseñada por Gian Lorenzo Bernini y consagrada por la historia— recibió un lifting completo. Restauraron el escudo papal, actualizaron la iluminación y hasta hicieron ajustes técnicos para que cada palabra de León XIV retumbe hasta en los adoquines. “Es como cuando uno recibe un invitado especial en casa: se limpia todo, se perfuma y se reza”, explica Rozmus.
MILAGRO COMUNITARIO
“Un grupo de mujeres del Opus Dei vino desde distintos puntos solo para ayudar”, cuenta el cura visiblemente conmovido. No pidieron cámaras ni menciones. Sólo vinieron a servir. ¿El resultado? Una ciudad rendida al servicio. Jóvenes que, al terminar el oratorio de verano, se ofrecieron de inmediato para coordinar la misa. Abuelas que hornean pan desde la madrugada. Hasta los escépticos se acercan, "por si acaso hay algo más grande que nosotros".
UN PAPA QUE SE BAJA DEL AUTOMÓVIL
Hace días, León XIV sorprendió a todos: detuvo su vehículo y salió a saludar a los fieles. “Su sonrisa, su cercanía… eso da esperanza”, dice el Rozmus, sin poder contener la emoción.
En plena etapa sinodal, la presencia del Papa en Castel Gandolfo es mucho más que liturgia. Es un signo de unidad para una Iglesia que busca reencontrarse. Es la señal de que, incluso en un mundo dividido, la fe puede reunir multitudes en silencio, sin necesidad de pancartas ni consignas.
Y este domingo, cuando León XIV levante la hostia sobre el altar de Bernini, miles sabrán que no asistieron a una simple misa: vivieron una página eterna en la historia del corazón. Porque en Castel Gandolfo, cuando llega un Papa… el cielo baja a la tierra.









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