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Gaza arde: el grito del párroco argentino que resiste bajo las bombas

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • 19 ago
  • 3 Min. de lectura
Bombas día y noche, miles de muertos y la voz quebrada de un cura argentino que resiste en Gaza. El padre Gabriel Romanelli denuncia una matanza generalizada: 18.000 niños asesinados y una fe que aún se aferra a la esperanza.
Gabriel Romanelli
El momento después: el 17 de julio una bomba lanzada por el Estado de Israel impactó contra la única parroquia católica de Gaza causando muertos y heridos. Allí el sacerdote argentino Gabriel Romanelli es la voz de los desprotegidos y clama por el fin de la guerra que se convirtió en un genocidio.

El horror tiene nombre: Gaza. Y en medio de la devastación más atroz, una voz resiste, se quiebra y se eleva: Gabriel Romanelli, un sacerdote argentino que se niega a abandonar la última parroquia católica de la Franja. Desde allí, entre cadáveres, metralla y niños mutilados, denuncia al mundo lo que se vive: una matanza generalizada que parece no tener fin.

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LA GUERRA QUE NO DA TREGUA

“Se escuchan bombardeos día y noche. Algunos lejanos, otros más cercanos. A veces incluso llegan metralla a la iglesia”. Así describió Romanelli la cotidianidad en el barrio de Zeitun, donde se encuentra la parroquia de la Sagrada Familia. Allí viven refugiados 450 cristianos, atrapados en una región que Israel considera “zona roja de combate”.


Las cifras estremecen: más de 62.000 muertos desde 2023, de los cuales al menos 18.000 son niños, y más de 150.000 heridos. “Estamos todos muy cansados”, repite el sacerdote, quien ya resultó herido en julio cuando un tanque israelí bombardeó directamente la parroquia. “Ese día murieron cuatro personas y varios quedaron gravemente heridos. Israel lo llamó ‘un error de tiro’. ¿Error?”, dispara con amarga ironía.


Gabriel Romanelli
El padre Romanelli enseñando catecismo junto a niños refugiados en la parroquia. (Fotografía: Facebook / Gabriel Romanelli)
UNA IGLESIA BAJO FUEGO

La parroquia de la Sagrada Familia, única católica en Gaza, ya no es solo un templo: es un refugio improvisado, un hospital precario, un comedor comunitario. Allí se ora, se cura, se llora y se entierra a los muertos.


“Cada día aumenta el número de víctimas. Algunos mueren esperando ayuda humanitaria, otros por hambre. Tenemos ancianos que fallecen de desnutrición. Los niños requieren de todo, desde agua hasta medicinas básicas. Y aquí no llega nada suficiente”, subrayó el sacerdote.


El párroco denuncia que las bombas no distinguen entre escuelas, hospitales o iglesias. La ONU lo confirmó: Gaza es el lugar más letal para los trabajadores humanitarios en todo el mundo, con 185 asesinados solo en 2024.

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“18.000 NIÑOS ASESINADOS”

El mensaje más desgarrador de Romanelli se viralizó en redes sociales el domingo por la noche: “Estamos en zona roja, de combate. Hay 18.000 niños asesinados en Gaza por la guerra”.


El grito recorrió el planeta. Exhausto, herido y desesperanzado, el cura argentino se transformó en la conciencia de una tragedia que muchos prefieren no ver.


Mientras Hamás declaró estar dispuesto a aceptar un alto el fuego con mediación de Egipto, Qatar y Estados Unidos, las bombas no cesan. Israel avanza con planes de reubicación de más de un millón de personas hacia el sur de la Franja. “¿Dónde podrían encontrar espacio para dos millones trescientas mil personas? Todo es un sinsentido”, protesta el sacerdote.


Sin embargo, insiste en la oración como única arma: “Si no hay paz en Jerusalén, nunca habrá paz en el mundo. La paz en Gaza es la paz del mundo. Cada día rezamos al Señor e invocamos a María para que nos obtenga este don”.


Gabriel Romanelli
Todos los días reza y pide por la paz en el mundo y en Gaza. (Fotografía: Facebook / Gabriel Romanelli)
LA ESPERANZA ENTRE ESCOMBROS

A pesar de la devastación, la parroquia sigue distribuyendo alimentos cuando llegan convoyes con arroz, pasta o verduras. Romanelli relata cómo la gente celebra con lágrimas un simple kilo de papas. “Es la paradoja: mientras caen bombas, nosotros seguimos rezando por la paz”.


Hoy, Gaza es el epicentro del dolor mundial, y el testimonio de un sacerdote argentino se convirtió en una de las últimas ventanas para asomarse a una tragedia que supera las estadísticas: una guerra que está devorando un pueblo entero.


Romanelli, con la sotana manchada de sangre y polvo, lo resume con una frase que hiela: “Estamos todos muy cansados. Pero seguimos aquí, rezando. Porque si se apaga esta última luz, será la oscuridad total”.



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