“Es un escándalo”: la frase del Papa que hizo temblar al Consistorio
- Canal Vida
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No estaba en la agenda. No era el tema central. Pero León XIV lo dijo igual: el mayor escándalo no siempre es el abuso, sino cuando la Iglesia cierra la puerta y no escucha a las víctimas. Su frase sacudió al Consistorio.

No estaba en la agenda. No figuraba en los documentos de trabajo. No era uno de los temas votados. Y sin embargo, al final del Consistorio extraordinario celebrado los días 7 y 8 de enero en el Vaticano, León XIV decidió decirlo. Sin rodeos. Sin eufemismos. Sin protección institucional.
Habló del abuso sexual en la Iglesia. Y habló, sobre todo, de algo que duele todavía más: el silencio, el cierre de puertas, la falta de escucha a las víctimas.
Ante unos 170 cardenales de todos los continentes —electores y no electores— reunidos en el Aula Pablo VI, pronunció una frase que quedó suspendida en el aire como una acusación y un examen de conciencia colectivo: “Muchas veces el escándalo en la Iglesia se produce porque la puerta ha estado cerrada y las víctimas no han sido acogidas”.
No minimizó el crimen. No relativizó el daño. Pero fue más allá: señaló la herida que sigue sangrando cuando el abuso ya ocurrió, pero la Iglesia no supo —o no quiso— escuchar.
La herida que no cierra
El Santo Padre fue claro: el abuso deja una marca profunda, a veces imborrable. Pero denunció que, en muchos casos, el mayor dolor no fue el crimen en sí, sino lo que vino después.
Relató el testimonio reciente de una víctima con la que habló personalmente. Sus palabras estremecen: “Me dijo que lo más doloroso para ella era que ningún obispo quería escucharla”.
Ese fue el punto exacto donde el discurso dejó de ser teórico. Ahí, el Consistorio dejó de ser una reunión de cardenales para convertirse en un espejo incómodo. “Por eso —subrayó el Papa— la escucha es profundamente importante”.
No como gesto protocolar. No como trámite canónico. Sino como acto pastoral, humano y evangélico.

Una crisis que sigue siendo una herida
El sucesor de Pedro no presentó el tema como algo superado. Todo lo contrario. Dijo que la crisis de los abusos “sigue siendo verdaderamente una herida en la vida de la Iglesia en muchos lugares”.
Una herida abierta. Una herida que supura cuando no hay cercanía real. Una herida que se agrava cuando la Iglesia parece más preocupada por protegerse que por acompañar.
Y ese fue el golpe más fuerte: León XIV habló de escándalo, no solo por el pecado, sino por la falta de acogida. Un escándalo que contradice directamente el Evangelio que la Iglesia anuncia.
Escuchar también hacia adentro
El tema de la escucha no quedó limitado a las víctimas. El vicario de Cristo lo conectó con el modo en que la Iglesia se gobierna y discierne.
Pidió a los cardenales profundizar el camino de diálogo iniciado en el Consistorio, fortalecer la sinodalidad y continuar los encuentros. Incluso propuso reuniones más largas, una vez al año, con días dedicados a oración, reflexión y trabajo real.
También les pidió algo inusual: enviar por escrito evaluaciones sinceras, incluso sobre el Cónclave, la relación con la Curia y con el propio Papa. “Yo también leeré con calma”, prometió.
No habló desde arriba. Habló desde una Iglesia que quiere aprender a escuchar.

Formación arraigada en el sufrimiento
En su balance final, destacó otro punto clave: la formación. Pero no una formación abstracta, académica o aislada.
Insistió en que debe estar arraigada en la vida concreta de las parroquias, en los lugares donde están las personas, especialmente las que sufren.
Seminarios, sacerdotes, obispos, laicos: todos necesitan una formación que no huya del dolor real, que no se esconda detrás de estructuras. Porque una Iglesia que no sabe escuchar —advirtió implícitamente— termina alejándose del pueblo que dice servir.
Una puerta que no puede volver a cerrarse
Al cerrar su discurso, el Papa recordó que el Jubileo de la Esperanza concluyó con el cierre de la Puerta Santa. Pero dejó una advertencia final que resuena hoy con más fuerza que nunca: “La puerta de Cristo y de su amor permanece siempre abierta”.
Es una frase luminosa. Pero también es una exigencia. Porque si la puerta de la Iglesia vuelve a cerrarse ante quienes más necesitan ser escuchados, entonces —como dijo León XIV— el verdadero escándalo no habrá terminado.
Y esta vez, nadie podrá decir que no fue advertido.
“Es un escándalo”: la frase del Papa que hizo temblar al Consistorio
“Es un escándalo”: la frase del Papa que hizo temblar al Consistorio





