El Santo que Llegó al Fin del Mundo: San Juan Bosco, el Guardián del Polo Sur
- Canal Vida

- 15 nov 2025
- 2 Min. de lectura
En uno de los lugares más fríos, remotos y silenciosos del planeta, una imagen de san Juan Bosco desafía el hielo eterno. Allí, en la Antártida, científicos y militares afirman sentir su protección. ¿Por qué llegó hasta el fin del mundo?

En el último rincón del planeta, allí donde el viento corta la piel, donde el silencio es tan grande que parece un idioma propio, un santo vigila a los hombres que se atreven a estudiar la Tierra. Sí: san Juan Bosco está en la Antártida. Y su sola presencia en ese paisaje blanco e infinito ya es historia pura.
No se trata de una leyenda ni de un símbolo perdido en el hielo. Hay una imagen real del santo italiano en la Base Antártica Española Gabriel de Castilla, en la Isla Decepción, uno de los lugares más hostiles y aislados del planeta. Mientras focas, pingüinos y ballenas navegan entre vapores volcánicos y mares congelados, una pequeña figura de Don Bosco se levanta silenciosa, custodio incansable de quienes viven al límite.

EL SANTO DEL POLO SUR
La base, inaugurada el 20 de diciembre de 1989, fue nombrada en honor a Gabriel de Castilla, el explorador español que en 1603 avistó por primera vez las tierras antárticas. Allí, en medio de la nada, entre científicos que estudian el cambio climático y soldados que desafían temperaturas extremas, san Juan Bosco se convirtió en un compañero indispensable.
Su presencia no es casual: es patrono del Cuerpo de Especialistas del Ejército de Tierra, un título que nació de una inquietud profunda. En 1998, durante un seminario militar, los especialistas confesaron sentirse “huérfanos” sin un protector propio. No tardaron en encontrar la respuesta: la mayoría había sido formada en institutos cuyo patrón universal era Don Bosco.

UN PROTECTOR OFICIAL
El 24 de enero del año 2000, el Ejército de Tierra lo declaró oficialmente protector de los Especialistas. Desde entonces, su imagen viaja donde ellos viajan… incluso al fin del mundo.
Allí, en la inmensidad blanca, Don Bosco sigue haciendo lo que hizo toda su vida: cuidar. Y su luz, increíblemente, también arde en el Polo Sur.









Comentarios