EL SANTO QUE HABLABA CON LOS MUERTOS
- Canal Vida

- 10 nov
- 3 Min. de lectura
El héroe portugués que escuchó oraciones desde el más allá abandonó su espada para abrazar la fe. San Nuno de Santa María, conocido como el “Santo Condestable”, cambió la historia de su país… y la del alma guerrera que busca redención.

En el fragor de las cruzadas portuguesas del siglo XIV, mientras la península ardía entre espadas, fe y sangre, surgió un hombre que sería recordado no solo como un héroe de guerra, sino como un místico en armadura: san Nuno de Santa María.
Nacido en 1360, en una noble familia de caballeros, Nuno Álvares Pereira fue comandante del ejército portugués, defensor de su patria y del catolicismo frente a los invasores de Castilla.Pero su historia no se detiene en los campos de batalla: comienza allí, donde la guerra se convierte en revelación.
Se dice que, tras una victoria en la que murieron centenares de enemigos, Nuno cabalgó solo al amanecer, entre cuerpos sin vida. De pronto, el viento del valle se detuvo. Un murmullo extraño lo envolvió. Eran voces. Voces que rezaban. Voces que pedían misericordia… por él.
LAS VOCES DEL MÁS ALLÁ
Aquel sonido, imposible y sagrado, cambió su destino. “Oí oraciones de los muertos”, confesó más tarde, “y supe que Dios me había llamado no a conquistar reinos, sino a conquistar el alma”.Desde ese día, el temido “Santo Condestable” comenzó su transformación. Vendió sus bienes, entregó su espada a la Virgen y entró en el convento del Carmelo bajo el nombre de Nuno de Santa María.
Sus antiguos soldados decían que, al rezar en su celda, una luz azulada iluminaba las paredes. Algunos afirmaban verlo caminar descalzo entre tumbas, murmurando plegarias por los enemigos caídos, convencido de que el perdón era la verdadera victoria del guerrero de Cristo.

DEL CAMPO DE BATALLA AL CLAUSTRO CELESTIAL
En el convento se convirtió en un ejemplo de penitencia. Dormía sobre tablas, ayunaba durante semanas y pasaba las noches en oración. “El hombre que había comandado ejércitos, ahora lucha contra sí mismo”, escribieron sus contemporáneos.
Su vida fue un testimonio de redención. Aquel que había empuñado la espada por su patria, ahora la reemplazaba por un rosario. Decía a los jóvenes caballeros que lo visitaban: “El acero del alma es la oración. Si luchas sin ella, tu victoria será solo polvo”.
Murió en 1431, en olor de santidad, y los testigos aseguraron que, al expirar, un aroma a flores llenó su celda. En su tumba, los peregrinos oían —según las crónicas— un susurro leve, como si las almas agradecidas de los caídos lo siguieran acompañando.

EL CABALLERO QUE VIO EL CIELO
Canonizado en 2009 por Benedicto XVI, Nuno de Santa María sigue siendo en Portugal símbolo de fortaleza espiritual y humildad. Su lema quedó grabado en piedra: “Combati o bom combate” —He combatido el buen combate—.
A 665 años de su nacimiento, su historia resuena como una profecía para los tiempos modernos: cuando el mundo parece perdido en guerras visibles e invisibles, la voz del santo recuerda que la mayor batalla se libra dentro del alma.

Las crónicas dicen que, en sus últimos días, cuando cerraba los ojos, aún oía las voces de los muertos que rezaban por él. Tal vez era su penitencia. O tal vez, su premio.
Porque solo quien escuchó el dolor del enemigo puede entender el misterio de la misericordia. Y solo quien habló con los muertos... puede enseñar a los vivos el camino del Cielo.









Comentarios