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El Santo que Curaba con una Escoba: El Milagro del Polvo y la Misericordia

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • 3 nov 2025
  • 3 Min. de lectura
San Martín de Porres sigue barriendo el mundo con su escoba milagrosa. El humilde fraile mulato que hablaba con los animales y curaba enfermos es hoy símbolo de unión, caridad y justicia. Desde Perú hasta el Vaticano, su nombre aún ilumina las sombras.
San Martín de Porres
En un taller humilde de Lima, un joven mulato que el mundo despreciaba se convirtió en santo. San Martín de Porres, el fraile que hablaba con los animales y curaba enfermos con una escoba, aún hoy limpia el alma de América.

En Lima, hace más de cuatro siglos, un hombre humilde se convirtió en el símbolo de la limpieza más profunda: la del alma. San Martín de Porres (1579-1639), el mulato que barría los pasillos del convento de Santo Domingo, no sólo levantó polvo: levantó conciencias.


Su escoba se volvió un emblema de santidad en movimiento, una herramienta que barría el pecado, el ego y la desigualdad.







EL SANTO DEL HUMO Y LA HUMILDAD

Mientras los poderosos de su época caminaban sobre alfombras, él caminaba descalzo. Mientras otros discutían sobre teología, él fregaba pisos. Pero su humildad estremecía a quienes lo rodeaban: las manos que limpiaban el suelo eran las mismas que curaban enfermos, acariciaban perros callejeros y repartían pan a los pobres.


La historia cuenta que su escoba parecía tener vida propia. Testigos decían que, mientras Martín oraba, el palo se movía solo, como si el Cielo colaborara en sus tareas. No hay documento oficial que lo confirme, pero los cronistas dominicos registraron algo aún más desconcertante: que en ocasiones, cuando la comunidad dormía, se oían los pasos del santo barriendo los pasillos… aunque su celda estaba vacía.

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UN MILAGRO ENTRE EL POLVO

“Dios no necesita oro, sino manos que sirvan”, decía san Martín. Con su escoba levantó enfermos, curó heridas y reconstruyó almas rotas. Una tarde, en el hospital del convento, los hermanos vieron cómo un hombre moribundo recuperó la salud justo cuando Martín pasaba barriendo el pasillo. El polvo se levantó… y el enfermo se incorporó.


Los contemporáneos lo llamaron “el fraile que limpiaba la muerte”. Aseguraban que los demonios huían del sonido de su escoba. En sus ratos de oración, se le veía levitar, siempre con el mismo gesto: un barrido lento, casi místico, como quien limpia la frontera entre la tierra y el Cielo.



DE LA CALLE AL ALTAR

Juan XXIII lo canonizó en 1962, y dijo algo inolvidable: “En Martín, la santidad se hizo cotidiana”. Desde entonces, su escoba se conserva en Lima, dentro de una urna de vidrio. Cada año, miles de devotos la visitan con lágrimas. Algunos llevan sus propias escobas bendecidas, como símbolo de trabajo digno y oración silenciosa.


En los barrios humildes de América Latina, su imagen aparece en paredes, hospitales y hasta en camisetas de fútbol. El Club San Martín de Porres, en Perú, lo tomó como patrono: su lema no es deportivo, es espiritual —“Servir es ganar”—.

Canal Vida
UN SANTO PARA LOS TIEMPOS SUCIOS

San Martín de Porres fue el primer santo mulato de América. Su vida, marcada por el racismo y la pobreza, hoy brilla como una parábola de redención. No tuvo templos, tuvo escobas. No predicó con palabras, sino con gestos. Y su legado, más actual que nunca, nos recuerda que la fe no se grita: se barre.


En una época donde el ruido ahoga y el ego mancha, su figura vuelve a emerger como un espejo incómodo: ¿cuándo fue la última vez que limpiamos algo que no nos pertenecía?

Porque en el fondo, cada uno tiene su escoba. Y el milagro no está en barrer el polvo del suelo, sino el del corazón.


San Martín de Porres, el santo que limpió el alma del mundo con una escoba.

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