El Papa que Pide Volver a Sonreír con Dios”
- Canal Vida

- 16 oct 2025
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En el Año Jubilar, León XIV pidió algo más que rezar: vivir con alegría. Su mensaje estremeció a miles al invitar a los fieles a “volver a sonreír con Dios” y transformar el mundo desde la esperanza viva del Evangelio.

En tiempos de sombras y divisiones, León XIV volvió a encender una luz. Su mensaje de este 16 de octubre, dirigido a las Redes de Pueblos Originarios y a la Red de Teólogos de la Teología India, no fue un documento más. Fue un grito luminoso: “Difundan la alegría del encuentro con Jesús”.
El Pontífice, heredero espiritual de Francisco, habló con una ternura que conmovió al corazón del mundo católico. En el marco del Año Jubilar —ese tiempo sagrado donde el Cielo se abre para renovar la esperanza—, pidió a todos los fieles redescubrir la fe como una experiencia viva, cercana, contagiosa. “Cuando cruzamos la Puerta Santa —dijo— no entramos a un templo, sino al costado abierto del Crucificado”.
Esa frase estremeció a los presentes. No era poesía, era fuego: la fe no se hereda, se experimenta. Y quien la encuentra, irradia alegría.

UNA IGLESIA QUE ABRAZA TODAS LAS CULTURAS
El Obispo de Roma subrayó que la Iglesia no debe uniformar, sino abrazar. Que la verdadera universalidad está en la diversidad de los pueblos, en su historia, en su alma. Por eso agradeció la voz de los pueblos originarios —aquellos que aún conservan la relación sagrada con la tierra— y los llamó “voz irremplazable dentro de la comunión eclesial”.
Pero su mensaje fue más allá de lo teológico: fue profundamente humano. Reconoció las heridas del pasado y pidió “perdonar de corazón”, reconciliarse con la historia y ver en la misericordia de Dios la fuerza que reconstruye lo que el orgullo destruyó.
“El Señor —afirmó— ha sembrado en todas las culturas las semillas del Verbo”. Es decir, el Evangelio no aplasta culturas: las hace florecer.
LA ALEGRÍA QUE TRANSFORMA
El Papa volvió a un tema que está marcando su pontificado: la alegría. No como emoción pasajera, sino como fruto del Espíritu. “El que ha encontrado a Cristo —dijo— no puede vivir triste”. Esa alegría, explicó, es la que brota del perdón, del encuentro, de la oración compartida. No se compra ni se impone: se contagia.
Pidió a las comunidades misioneras vivir con “audacia evangélica”, esa parresía que impulsa a hablar sin miedo, a llevar el Evangelio con libertad y ternura a los rincones olvidados.

MARÍA, ESTRELLA QUE GUÍA EL CAMINO
El mensaje culminó bajo el manto de la Virgen de Guadalupe, a quien León XIV llamó “Estrella de la Evangelización”. Recordó que Ella unió a dos pueblos antes separados, y hoy vuelve a ser símbolo de una Iglesia que reconcilia y sana.
“Difundan la alegría del encuentro con su Divino Corazón”, concluyó el Papa. Una frase que no es consigna, sino mandato. En un mundo cansado de ruido, León XIV propone algo revolucionario: evangelizar sonriendo.









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