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El Papa que Detuvo el Incendio del Mundo: León XIV Celebra la Primera Misa en la Catedral de la Naturaleza

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • 9 jul
  • 4 Min. de lectura

En un mundo que arde por dentro y por fuera, el Papa celebró la primera misa por la creación en un jardín celestial. Una homilía impactante, profética y urgente, que une el Evangelio con el grito de la Tierra.
León XIV
León XIV proclama: “Nuestra indignación es la indignación de Dios”. Un clamor que llega al cielo. (Fotografía: Vatican News)

“En un mundo que arde por dentro y por fuera, el cielo plantó su cruz en un jardín”. Así comenzó la homilía más impactante del año. León XIV ofició este 9 de julio una Eucaristía que ya es histórica: la primera Santa Misa para el Cuidado de la Creación, celebrada en el Borgo Laudato si’, en Castel Gandolfo, un rincón de paz que se transformó en altar cósmico.


“Los desastres naturales no son obra de Dios, sino consecuencias de un estilo de vida avaro, de la desconexión entre el hombre, su Creador y el resto de la creación.” (León XIV)

La escena parecía sacada de las páginas del Génesis. Rodeado de árboles, flores, fuentes y senderos, el sucesor de Pedro alzó el cáliz en medio de lo que llamó una “catedral natural”, consagrada por la presencia viva de toda la creación. Pero no fue un rito bucólico: fue un grito sagrado en medio del caos climático y moral que azota al planeta. Fue, como dijo el Santo Padre, una liturgia de esperanza en un mundo que se quiebra por el pecado y el fuego”.







UN MENSAJE QUE ESTREMECE AL MUNDO

La homilía del Papa fue un llamado a la conversión ecológica, pero también espiritual. Denunció la indiferencia de muchos dentro y fuera de la Iglesia, que aún no comprenden la urgencia de cuidar la Casa Común. “Debemos rezar —dijo con voz grave— por quienes aún no ven que la tierra llora, que los pobres claman, y que ese clamor ha llegado al corazón de Dios”.

León XIV
Una comunión que abraza a toda la Tierra: la Eucaristía se hace eco del llanto del planeta. (Fotografía: Vatican Media)

En su voz resonaron las encíclicas de su predecesor, Laudato si’ y Fratelli tutti, pero también el eco de los profetas que advertían a reyes ciegos y pueblos endurecidos. El Papa no se quedó en discursos simbólicos: fue directo. Dijo que “los desastres naturales no son obra de Dios, sino consecuencias de un estilo de vida avaro, de la desconexión entre el hombre, su Creador y el resto de la creación”.

CASA BETANIA
EL AGUA COMO FRENTERA SAGRADA

En una imagen poderosa, León XIV recordó los antiguos baptisterios de los primeros siglos, donde el agua marcaba el paso entre la vida antigua y la nueva. “No quisiera ser bautizado en esta agua —bromeó—, pero todos debemos atravesar este signo para dejar atrás nuestro pecado y comenzar de nuevo”. Fue un mensaje de redención, pero también de responsabilidad. ¿De qué sirve rezar si no cambiamos?, pareció preguntarse el mundo entero.



UN MUNDO EN GUERRA Y LLAMAS

En el corazón del Año Jubilar, con una Europa aún marcada por la guerra y un planeta que ve arder sus bosques y ciudades, el vicario de Cristo gritó una verdad que pocos se atreven a decir: “El mundo arde, pero Cristo todavía calma la tempestad”.


Citando el Evangelio de Mateo, el Papa revivió la escena de los discípulos asustados en medio del mar encrespado, una metáfora perfecta para estos tiempos. El poder de Jesús no destruye, crea. No arrasa, da nueva vida”, afirmó con emoción.

León XIV
Silencio, oración y asombro: miles se congregan en el Jardín de la Madonnina para escuchar el grito de la tierra.
DEL GÉNESIS A LAS CONFESIONES

León XIV unió la Biblia con la ecología. Citó a san Pablo, a san Agustín y al salmista. Pero sobre todo, hizo de la misa una catequesis que atraviesa el tiempo: “El mundo fue creado con amor. Solo un amor mayor puede salvarlo”. Y ese amor, insistió, exige acción: profética, comunitaria, litúrgica.


“No podemos seguir jugando a la religión mientras el mundo se muere por dentro”, advirtió con fuerza. Su mensaje fue tan bello como incendiario: “Nuestra indignación es la indignación de Dios. Nuestro trabajo es su obra”.



LA EUCARISTÍA COMO CIMA DEL AMOR ECOLÓGICO

Para cerrar, León XIV elevó el sentido místico de la misa: “En la Eucaristía, el Creador se hace criatura. Dios entra en la materia para que nosotros podamos entrar en su eternidad”. Esa frase sacudió a los presentes y a millones que seguían la transmisión.


Mientras el canto final resonaba entre los olivos, un murmullo recorría los jardines del Vaticano: “Este Papa no solo cuida la creación. La defiende con la fuerza de la fe y la verdad”.

Y tú, lector… ¿vas a seguir mirando hacia otro lado mientras todo arde?



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