El Obispo de Roma que Despertó a los Paralizados del Alma
- Canal Vida

- 18 jun
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En su catequesis del 18 de junio, León XIV habló del paralítico de Betsata… pero en realidad nos habló a todos. Un mensaje conmovedor sobre resignación, esperanza y el verdadero milagro de levantarse. Y un grito por la paz.

En una plaza colmada de fieles y peregrinos de todo el mundo, el Papa volvió a estremecer los corazones en su penúltima audiencia general antes de la pausa estival. Este miércoles, bajo el sol romano, puso en el centro una de las escenas más potentes del Evangelio: la curación del paralítico en la piscina de Betsata.
Pero lo que impactó no fue solo su lectura del texto. Fue la manera en que hizo temblar las falsas seguridades del mundo moderno.
"El corazón de la Iglesia está desgarrado por los gritos que se elevan desde los lugares en guerra. No podemos acostumbrarnos". (León XIV)
León XIV habló con voz clara, sin rodeos, y preguntó: «¿Querés curarte?». No fue una pregunta al aire. Fue un disparo directo al alma. Y miles de personas rompieron en lágrimas.
LA PARÁLISIS QUE NOS HABITA
El Santo Padreno se limitó a recordar el milagro de hace dos mil años. Denunció con fuerza las parálisis que hoy afectan al mundo entero: la desesperanza, la resignación, la comodidad espiritual. Se refirió a quienes se quedaron tendidos, no por una enfermedad visible, sino por haber perdido el deseo de luchar. A quienes entregaron sus sueños a la amargura y la queja.
“A veces preferimos quedarnos enfermos, para que otros se ocupen de nosotros”, dijo. Y fue más allá: “Jesús no se impresiona con excusas. No acepta vidas encogidas por la autocompasión. Nos pregunta si realmente queremos sanar, o si ya nos acomodamos a la impotencia”.

LEVANTATE Y CARGÁ TU CAMILLA
León XIV invitó a todos a mirar su historia con coraje. Habló del camastro que el paralítico cargó tras ser curado: "Ese camastro era su pasado. No se lo olvida. No se lo entierra. Se lo lleva consigo. Porque es parte de la redención".

Allí, en San Pedro, se hizo un silencio estremecedor. La plaza, en ese instante, pareció convertirse en una nueva Betsata. Una casa de misericordia donde el agua no se agitaba por el viento, sino por el poder de la Palabra.
EL LLANTO DE LOS CONFLICTOS Y LA TENTACIÓN DE LA GUERRA
En uno de los pasajes más conmovedores de la audiencia, León XIV lanzó un llamamiento contundente por la paz mundial. Habló del drama que atraviesa a Ucrania, Irán, Israel y Gaza. Y recordó lo que los pontífices anteriores ya habían advertido: "La guerra es siempre una derrota. Nada se pierde con la paz, todo se pierde con la guerra".

Indicó sobre el "encanto de las armas sofisticadas" y denunció que las guerras de hoy superaron en barbarie a las del pasado. Con voz temblorosa, pero firme, pidió a los responsables internacionales que actúen: "El corazón de la Iglesia está desgarrado por los gritos que se elevan desde los lugares en guerra. No podemos acostumbrarnos".

ESPAÑA, MÉXICO, HONDURAS, CHILE Y ARGENTINA: PRESENTES
En su saludo a los fieles de lengua española, el Papa destacó especialmente a los grupos provenientes de España, México, Honduras, Chile y Argentina.
Les pidió que no tengan miedo de reconocer sus "parálisis interiores" y que se dejen levantar por el llamado de Jesús.
“Pidamos a María Santísima –dijo– que nos ayude a responder con fe al llamado de Jesús, que nos invita a levantarnos y caminar con esperanza hacia la vida nueva que Él nos ofrece”.

UNA CATEQUESIS PROFÉTICA
León XIV no solo habló de un milagro pasado. Hizo de su catequesis una llamada urgente a volver al corazón de la fe. En un mundo paralizado por el individualismo, la guerra, la droga y el vacío, el Papa levantó la voz como quien conoce el corazón del hombre y no le teme a la verdad.
Pidamos, como dijo al cerrar su mensaje, "el don de entender dónde se ha bloqueado nuestra vida". Y que su voz siga siendo eco en cada casa, en cada templo, en cada corazón que desea volver a vivir.









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