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El Monje que Rezaba Bajo una Luz del Cielo: El Milagro Nocturno del Beato Gracija de Kotor

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • 9 nov
  • 2 Min. de lectura
En la bahía de Kotor, un humilde pescador se convirtió en monje y, cada noche, una luz misteriosa descendía sobre su celda. El Beato Gracija de Kotor rezaba mientras el cielo lo envolvía. ¿Milagro, símbolo o mensaje divino?
Beato Gracija de Kotor
El beato Gracija de Kotor (1438–1508), humilde monje agustino nacido en una aldea pesquera de Montenegro, pasaba las noches en oración mientras una luz celestial iluminaba su celda. Su cuerpo, hallado incorrupto y perfumado tras su muerte, es venerado desde hace más de cinco siglos como signo de santidad y paz.

En la silenciosa bahía de Kotor (Montenegro), donde el mar acaricia las montañas como en un rezo eterno, nació en 1438 un humilde pescador que más tarde sería conocido como el "beato Gracija", el monje sobre cuya celda —decían— descendía una luz celestial cada noche. Aquella luz, testigo mudo de sus vigilias, se alzaba como un faro invisible hacia el cielo, iluminando el corazón de quien la veía.


De joven, Pavao Krilović (su nombre de bautismo) fue marinero. En uno de sus viajes a Venecia, escuchó a un predicador agustino que lo marcó para siempre. Dejó las redes del mar y tomó las del alma. En el monasterio de Ortone, adoptó el nombre de Gracija —“Gracia”— y vivió con una austeridad que rozaba lo sobrehumano: dormía sobre una tabla, comía pan y agua, vestía un cilicio y rezaba hasta que el amanecer lo encontraba de rodillas.

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Pero lo que más conmovía a sus hermanos era la luz sobrenatural que, noche tras noche, se posaba sobre su habitación mientras él oraba ante el Santísimo. Algunos decían que era un signo del Espíritu Santo; otros, que era la propia presencia de Cristo iluminando a su siervo.


Gracija murió el 9 de noviembre de 1508, y tras su muerte, su cuerpo fue hallado incorrupto y perfumado. Los fieles afirmaron que, al rezar junto a su tumba, aún se percibía el aroma y el resplandor de aquella luz.


Cinco siglos después, su historia sigue encendiendo corazones. En un mundo que vive en penumbra, el beato Gracija de Kotor nos recuerda que hay oraciones que siguen brillando mucho después de que se apagan las velas.



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