El Milagro que Desafió a la Bomba Atómica: Los Jesuitas que Sobrevivieron a Hiroshima
- Canal Vida

- 29 dic 2025
- 4 Min. de lectura
En medio del infierno nuclear de Hiroshima, cuatro sacerdotes sobrevivieron sin explicación. La bomba arrasó la ciudad, pero no sus cuerpos. ¿Milagro? ¿Protección divina? La historia real que desafía a la ciencia y estremece la fe.

El 6 de agosto de 1945, a las 8:15 de la mañana, el mundo cambió para siempre. Un destello cegador partió el cielo de Hiroshima. Un ruido imposible sacudió la tierra. Y en segundos, una ciudad entera quedó reducida a cenizas. La bomba atómica “Little Boy” había sido lanzada.
Más de 140.000 personas morirían entre el instante de la explosión y los meses siguientes. El calor derritió cuerpos. La onda expansiva borró barrios enteros. La radiación sembró muerte lenta. Fue el inicio de una nueva era… y del mayor horror creado por el hombre.
Pero en medio de ese infierno absoluto, algo inexplicable ocurrió. A apenas un kilómetro del epicentro, donde todo debía haber quedado destruido, cuatro sacerdotes jesuitas sobrevivieron sin una sola secuela. Y no fue casualidad.
EL DÍA QUE EL CIELO SE ABRIÓ SOBRE HIROSHIMA
Aquella mañana era especial. La Iglesia celebraba la Fiesta de la Transfiguración del Señor. En la casa parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, cuatro sacerdotes jesuitas comenzaban su jornada:
Hugo Lassalle, superior de la misión en Japón
Hubert Schiffer
Wilhelm Kleinsorge
Hubert Cieslik
Uno celebraba la Eucaristía. Otro desayunaba. Los demás realizaban tareas cotidianas.
Entonces ocurrió.
Un destello blanco, más brillante que el sol. Un golpe seco, brutal. Una fuerza invisible los lanzó por el aire como hojas en una tormenta.
Hiroshima desapareció. Pero la casa parroquial… quedó en pie.

“NOS DIJERON QUE ÍBAMOS A MORIR… PERO NO MORIMOS”
Los médicos estaban seguros: quienes habían estado tan cerca del epicentro no sobrevivirían.
Radiación letal. Enfermedades incurables. Muerte lenta e inevitable. Pero nada de eso ocurrió. Los jesuitas solo sufrieron cortes por los vidrios. Ninguno perdió la audición. Ninguno desarrolló cáncer. Ninguno presentó síntomas de radiación.
Fueron examinados más de 200 veces por médicos y científicos durante décadas. El resultado fue siempre el mismo: No había rastros de radiación en sus cuerpos.
Un caso clínicamente inexplicable.

EL SECRETO QUE ELLOS MISMOS CONFESARON
Cuando les preguntaron cómo habían sobrevivido, los sacerdotes no dudaron: “Vivíamos el mensaje de Fátima. Rezábamos el Rosario todos los días”.
Ese era su “secreto”. El Rosario diario. La consagración a la Virgen. La vida de oración constante.
El padre Hubert Schiffer lo diría años después, ante miles de fieles: “Creemos que sobrevivimos porque vivíamos bajo la protección de María”.
EL ROSARIO QUE VENCIÓ A LA BOMBA
El hecho conmovió al mundo católico. Más aún cuando se supo que en Nagasaki, la otra ciudad bombardeada, ocurrió algo similar: un convento franciscano fundado por san Maximiliano Kolbe quedó milagrosamente intacto. También allí se rezaba el Rosario todos los días.
Dos ciudades. Dos bombas. Dos comunidades consagradas a María. Y una misma protección inexplicable.
EL JESUITA QUE SALIÓ A SALVAR HERIDOS ENTRE LAS RUINAS
Entre los sobrevivientes estaba también Pedro Arrupe, jesuita español, médico y futuro Superior General de la Compañía de Jesús.
Arrupe se encontraba a unos kilómetros del epicentro. Cuando vio el cielo incendiarse, corrió hacia la ciudad. Lo que encontró fue el infierno: Cuerpos carbonizados. Personas sin piel. Niños arrastrándose. Gritos sin voz.
Con lo poco que tenía —yodo, vendas, agua— improvisó un hospital en el noviciado. Atendió a más de 150 heridos.
Años después escribiría: “Nunca vi tanto sufrimiento junto. Pero tampoco vi tanta dignidad humana”.

UNA FE QUE SOBREVIVIÓ A LA DESTRUCCIÓN
Décadas después, los médicos seguían sin explicación. Los científicos no encontraban lógica. Los historiadores hablaban de “caso único”.
Pero los protagonistas jamás dudaron. No hablaron de suerte. No hablaron de casualidad. Hablaron de fe. Hablaron de la Virgen. Del Rosario. De la Providencia.
Y el dato final estremece: La bomba cayó el 6 de agosto, día de la Transfiguración. Japón se rindió el 15 de agosto, fiesta de la Asunción de María.
Como si el cielo hubiera marcado el tiempo.

80 AÑOS DESPUÉS, EL MENSAJE SIGUE VIVO
Al cumplirse 80 años de aquella tragedia, la historia de los jesuitas de Hiroshima vuelve a interpelar al mundo.
En un planeta amenazado por guerras, armas nucleares y odio, su testimonio resuena con fuerza:
➡️ La fe puede sostener cuando todo se derrumba.
➡️ El Rosario no es una superstición, sino una fuerza espiritual real.
➡️ La vida vale más que cualquier poder humano.
Y como dijo el propio padre Schiffer antes de morir: “La bomba destruyó la ciudad. Pero no pudo destruir nuestra fe”.
El Milagro que Desafió a la Bomba Atómica: Los Jesuitas que Sobrevivieron a Hiroshima
El Milagro que Desafió a la Bomba Atómica: Los Jesuitas que Sobrevivieron a Hiroshima









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