El Joven Escocés que Podría Convertirse en el Próximo Santo Millennial
- Canal Vida

- hace 1 día
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Murió a los 17 años, llevaba un diario secreto y vivió una fe que hoy incomoda. Escocia abrió su causa y muchos ya lo comparan con Carlo Acutis. ¿Quién fue Joe Wilson y por qué su historia vuelve a estremecer a la Iglesia?

Tenía apenas 17 años. No fue influencer, no tuvo millones de seguidores, no salió en televisión ni buscó llamar la atención. Sin embargo, hoy su nombre empieza a recorrer el mundo católico con una pregunta que incomoda y conmueve: ¿Joe Wilson será el próximo santo de la generación millennial?
“Como cristiano, es bueno hacerse un don nadie. Rodéate de quienes son ignorados, excluidos o silenciados. Puede dañar tu imagen, pero es una excelente manera de vivir el Evangelio.” (Joe Wilson)
El 27 de noviembre de 2025, la Iglesia en Escocia dio un paso decisivo al aprobar oficialmente la apertura de la causa de beatificación de este joven nacido en 1994 en Carfin, al sureste de Glasgow. Desde ese momento, Joe Wilson es reconocido como Siervo de Dios, el primer peldaño hacia los altares. Su historia, inevitablemente, recuerda a la de Carlo Acutis, el joven italiano canonizado en septiembre último, considerado el primer santo millennial de la Iglesia.
Una vida común… atravesada por Dios
Joe llevaba una vida exteriormente normal. Iba a la escuela, compartía tiempo con amigos, soñaba con estudiar medicina. Nada en su rutina parecía extraordinario. Pero quienes lo conocieron coinciden en algo: había en él una profundidad espiritual poco habitual para su edad.
Vivía a pocos minutos de la Gruta de Carfin, un importante santuario mariano dedicado a Nuestra Señora de Lourdes y a santa Bernardita. Ese lugar fue el corazón silencioso de su vida interior. Allí iba a rezar, muchas veces solo, otras en familia. Allí aprendió a ofrecer oraciones por los demás, inspirado especialmente por santa Teresita del Niño Jesús, a quien admiraba profundamente.
Joe no hablaba de fe como una teoría. La vivía.

El diario que estremeció a su familia
Tras su muerte, su padre encontró un tesoro inesperado: los diarios personales de Joe. No eran simples anotaciones adolescentes. Eran reflexiones de una madurez espiritual que sorprende incluso a teólogos.
“Sé que el mundo nunca será perfecto, y por eso me encanta tener fe”, escribió pocos días antes de morir. Pensaba en los pobres, en las víctimas de guerras, en los olvidados, y estaba convencido de que ellos ocupaban “los tronos más altos del Cielo”.
En otra entrada dejó una frase que hoy parece profética: “Como cristiano, es bueno hacerse un don nadie. Rodéate de quienes son ignorados, excluidos o silenciados. Puede dañar tu imagen, pero es una excelente manera de vivir el Evangelio”.
Tenía 16 años.
Un joven enamorado de la Iglesia
Joe vivió con enorme alegría la visita de Benedicto XVI a Glasgow en 2010. Lo escribió con entusiasmo desbordante en su diario: esperaba ver al Papa de cerca, rezó el Rosario para que hubiera conversiones, y dejó una frase que hoy estremece: “¡Jesús estará presente en el altar! Es el momento en que podemos estar más cerca de Él”.
No era fanatismo. Era amor eucarístico.

Una muerte repentina que sacudió a Escocia
En diciembre de 2011, Joe sufrió un infarto provocado por una cardiopatía no diagnosticada. Entró en coma. Durante días, cientos de personas se reunieron en la Gruta de Carfin con velas encendidas, rezando por su vida.
Murió el 20 de diciembre, cinco días después de cumplir 17 años. Pero su historia no terminó allí.
Una huella que no dejó de crecer
Tras su fallecimiento, su nombre comenzó a circular entre jóvenes, sacerdotes y educadores. En su memoria, cientos de personas escalaron el Ben Nevis, el pico más alto de Escocia, para recaudar fondos para obras benéficas y para la Fundación Británica del Corazón.
Hoy, una placa con su nombre recuerda su paso por la Gruta de Carfin. Fragmentos de sus diarios se entregan a los peregrinos. Miles de personas rezan allí cada año.
Joe quería ser médico. No lo fue. Pero sanó corazones.

¿El próximo santo millennial?
La causa de Joe Wilson avanza ahora en Roma, donde se estudian sus virtudes heroicas. No hay plazos. Puede llevar años o décadas. Pero hay algo indiscutible: su vida sigue evangelizando.
Como Carlo Acutis, Joe no buscó ser famoso. Buscó ser fiel. Y quizás, en una generación marcada por el ruido, la Iglesia vuelva a decirle al mundo que la santidad también puede tener rostro joven, discreto y silencioso.
A veces, Dios no grita. A veces, susurra… a través de un adolescente que decidió ser santo.
El Joven Escocés que Podría Convertirse en el Próximo Santo Millennial
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