El Error que Muchos Padres Cometen “Con Buena Intención”… y que Puede Marcar la Vida Espiritual de sus Hijos
- Canal Vida

- hace 3 días
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Hoy, en la solemnidad del Bautismo del Señor, una frase se repite con “buena intención”: “que mi hijo elija cuando crezca”. Pero lo que muchos ven como libertad, la Iglesia lo advierte como un error que deja huella espiritual.

Hoy, en la solemnidad del Bautismo del Señor, la Iglesia recuerda un gesto fundante: Jesús entra en las aguas del Jordán no porque lo necesite, sino para abrirnos a todos el camino de la vida nueva. Y, sin embargo, en este mismo día, una frase se repite cada vez con más fuerza en muchos hogares: “Cuando sea grande, que él elija si quiere bautizarse o no. Nosotros no se lo imponemos”.
Suena moderna. Suena respetuosa. Suena libre. Pero es un error profundo. Y no es inocente.
Porque no bautizar a un hijo “para no imponerle nada” no es neutralidad: es una decisión espiritual tomada por los padres, aunque se disfrace de libertad.

El Bautismo no es una opinión, ni una tradición cultural opcional, ni una etiqueta social. Es un don, el primero, el más grande, el que abre todos los demás. Es la puerta por la que Dios entra en la vida concreta de una persona, incluso antes de que pueda pronunciar su nombre. Decir “que elija cuando sea grande” equivale a decir: “te privo ahora de una gracia esencial, y después vemos”.
Ningún padre hace eso con lo verdaderamente importante. Nadie dice: “cuando crezca, que elija si quiere comer”, o “cuando sea adulto, que decida si quiere aprender a hablar”, o “no le voy a enseñar valores, que después vea”.
¿Por qué entonces sí con Dios?
La fe no se impone, es verdad. Pero se regala. Y el Bautismo no obliga: habilita. No encierra: abre. No condiciona la libertad futura: le da raíces. Un hijo bautizado podrá, de grande, alejarse, dudar, cuestionar… como cualquier otro. Pero lo hará teniendo un hogar espiritual al que volver, una gracia que lo sostiene incluso cuando no la ve.
Decir “no lo bautizo para no influirlo” es, en realidad, influenciarlo en la ausencia, dejarlo solo frente a un mundo que sí impone, que sí forma, que sí marca. Y lo hace sin misericordia.

Hoy, cuando Jesús se deja bautizar entre los pecadores, el cielo se abre y el Padre dice: “Este es mi Hijo amado”. Esa misma voz quiere resonar sobre cada niño. Negarle eso no es un gesto de libertad: es una omisión grave, aunque esté llena de buenas intenciones.
El Bautismo del Señor nos confronta con una verdad incómoda: los padres no son dueños de la fe de sus hijos, pero sí son responsables de no negarles el acceso a la gracia. Después, el camino será de cada uno. Pero sin el primer paso, no hay camino.
Hoy no es un día más. Hoy es el día en que la Iglesia recuerda que la vida sin Dios empieza siempre en desventaja. Y que el mayor error no es imponer la fe, sino no ofrecerla nunca.
El Error que Muchos Padres Cometen “Con Buena Intención”… y que Puede Marcar la Vida Espiritual de sus Hijos









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