El Clamor Profético de León XIV: “Que Ningún Anciano Sea Abandonado”
- Canal Vida

- 3 oct
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El Papa lanzó un mensaje que sacude conciencias: los ancianos no son un estorbo, son un tesoro. Advirtió que abandonar a los mayores es traicionar nuestra esperanza y recordó que su fragilidad es un puente hacia el Cielo.

En la sala Clementina, ante una gran concurrencia, León XIV pronunció hoy una de sus catequesis más humanas y desgarradoras: “Que ningún anciano sea abandonado, que nadie se sienta inútil”. Un grito que atravesó los muros de la Curia y resonó como un juicio moral a una sociedad que suele arrinconar a sus mayores.
LOS ANCIANOS: TESOROS INVISIBLES DE NUESTRO TIEMPO
El Pontífice fue directo: “Los ancianos son un don, una bendición que hay que acoger, y la prolongación de la vida es uno de los signos de esperanza de nuestro tiempo”.
Con estas palabras pronunciadas en el II Congreso Internacional de Pastoral de los Ancianos, recordó que mientras muchos ven la longevidad como un problema económico o social, la Iglesia la considera una señal de esperanza divina.
En un mundo donde la juventud se idolatra y la vejez se esconde, León XIV denunció que la soledad es el gran enemigo de los mayores. No basta con darles techo o asistencia, dijo, sino cercanía, ternura y comunidad.
LA FRAGILIDAD COMO PUENTE AL CIELO
El Papa sorprendió con una frase que encendió a los presentes: “La fragilidad es un puente hacia el cielo”. La debilidad, explicó, no es un defecto, sino una señal de nuestra verdad más profunda: somos criaturas necesitadas de amor y de Dios.
La cultura actual oculta la vejez para no enfrentarse a la propia mortalidad. Pero el Papa pidió lo contrario: abrazarla, cuidarla y celebrarla como parte del misterio de la vida.

LOS “JÓVENES ANCIANOS”
León XIV también habló de aquellos ancianos que aún tienen fuerzas, los llamados “jóvenes ancianos”, que llenan parroquias, clubes y comunidades con su presencia. Pero el Papa fue claro: no deben ser espectadores pasivos, sino protagonistas activos en la misión evangelizadora de la Iglesia.
Su sabiduría y experiencia, afirmó, son un testimonio de esperanza que ninguna tecnología ni ideología puede reemplazar.
UN GRITO PROFÉTICO CONTRA EL ABANDONO
León XIV lanzó un desafío que suena como sentencia: “¡Que nadie sea abandonado! ¡Que nadie se sienta inútil!”. La Iglesia —dijo— no puede quedarse de brazos cruzados ante una cultura que encierra a los ancianos en geriátricos fríos o los desprecia como una “carga”.
El Papa exigió a las familias, a los Estados y a la sociedad entera que comprendan que un anciano es una biblioteca viva, un templo del Espíritu, un testigo de fe.
EL ÚLTIMO MENSAJE: AMOR Y MISERICORDIA
Para León XIV, la salvación no está en la autosuficiencia, sino en la humildad de dejarse ayudar. Los ancianos nos enseñan a depender, a agradecer, a reconocer que la vida no se mide en productividad, sino en capacidad de amar y dejarse amar.
Y concluyó con un golpe al corazón: “Dios nos preguntará si hemos cuidado el mundo que creó… y también si hemos cuidado a nuestros hermanos mayores”.
Este mensaje no es solo para los ancianos. Es un aviso apocalíptico para el mundo moderno: si abandonamos a quienes nos precedieron, estamos negando nuestra propia esperanza. Los ancianos no son desecho: son testigos vivos del Evangelio.









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