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El Apóstol que fue Cortado por la Mitad… Y Aún Grita Desde el Cielo

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • 3 jul
  • 3 Min. de lectura
Fue el apóstol que dudó… y también el que fue más lejos. Viajó hasta la India, convirtió multitudes y murió atravesado por lanzas. Hoy, su tumba sigue siendo un misterio… y sus milagros siguen estremeciendo a creyentes de todo el mundo.
Santo Tomás
 Entre lanzas y dudas, su fe encendió un continente: San Tomás Apóstol, atravesado por la lanza del martirio, sigue gritando desde el cielo a los que buscan pruebas… y se encuentran con milagros.

Fue el primero en poner en palabras lo que muchos temieron pensar. "Si no veo en sus manos la señal de los clavos, y no meto mi dedo en el lugar de los clavos y mi mano en su costado, no creeré". Así habló Tomás, el apóstol al que la historia bautizó como "el incrédulo".


Pero su duda no fue simple capricho: fue el punto de partida de una fe tan abrasadora que lo llevó hasta los confines del mundo conocido. Y más allá.


Porque este hombre, que un día dudó del Resucitado, terminó anunciándolo en tierras donde nunca había sonado su Nombre. Lo que siguió fue un camino sin retorno: persecución, conversión de multitudes, milagros sorprendentes… y una muerte salvaje que no logró silenciar su voz.







EL CAMINO DEL DUDOSO QUE HIZO TEMBLAR A LOS DIOSES PAGANOS

Tomás, luego del Pentecostés, emprendió una misión que lo llevó al este, cruzando regiones hostiles, hasta llegar a la India. Allí, en la actual ciudad de Chennai (antigua Meliápore), se convirtió en leyenda.


Según los antiguos escritos, Tomás no solo predicó, sino que convirtió a reyes, sanó a enfermos, y destruyó templos paganos con la sola oración. Hay relatos que lo describen invocando a Cristo y haciendo caer estatuas idolátricas. Otros dicen que su sola presencia provocaba conversiones masivas.


Pero no todos lo amaban. El mensaje de este extranjero incomodaba. Y pronto, se desató la persecución.

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UNA LANZA QUE NO PUDO DETENER SU GRITO

Fue en una colina, llamada hoy "Monte Santo de Tomás", donde lo alcanzaron. Se dice que rezaba cuando los soldados lo interceptaron. Lo golpearon, lo apuñalaron, lo partieron con lanzas. Su cuerpo quedó desgarrado. El Apóstol de la duda moría con los ojos hacia el Cielo, proclamando a Cristo.


Y sin embargo, algo extraño ocurrió. Desde entonces, el lugar de su martirio no dejó de recibir peregrinos. Muchos aseguraban escuchar gritos, rezos, voces que descendían del monte. ¿Eco? ¿Leyenda? O tal vez, como dicen los fieles de Chennai: "El que gritó una vez 'Señor mío y Dios mío', aún no se calla".


Santo Tomás
Donde cayó un apóstol, nació un eco eterno: en el Monte Santo de Tomás, el grito del mártir no cesa. Aquel que dudó, murió proclamando a Cristo… y aún hoy su voz resuena entre los peregrinos del sur de la India.
LA TUMBA DEL MILAGRO Y LOS MISTERIOS QUE NADIE EXPLICA

El cuerpo de Tomás fue sepultado en Meliápore. A lo largo de los siglos, su tumba fue ocultada, descubierta, saqueada, reconstruida... pero nunca dejó de ser un lugar de milagros.


En la actual basílica de Santo Tomás en Chennai, se conserva una cripta con reliquias y un altar sobre el lugar donde, se cree, fue enterrado. Lágrimas de sanación, luces extrañas, conversiones inesperadas y apariciones fueron reportadas por miles de fieles.


En 1956, Pío XII elevó la iglesia al rango de basílica, reconociendo su relevancia. Solo hay tres iglesias en el mundo construidas sobre tumbas de apóstoles: san Pedro en Roma, Santiago en Compostela… y Tomás en Chennai.

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LO QUE GRITA SAN TOMÁS HOY

¿Y qué nos dice hoy este apóstol, en un mundo escéptico, herido y saturado de "pruebas" y "evidencias"? Tal vez su vida sea la respuesta.


Porque Tomás dudó, pero no se encerró. Pidió ver, tocó, creyó, proclamó. Y esa duda honesta fue transformada en fuego. En fuego que ardió en Asia, en fuego que murió por Cristo, en fuego que aún hoy grita desde el Cielo.


“Bienaventurados los que creen sin haber visto”, le dijo Jesús. Y Tomás respondió con la vida: “Señor mío y Dios mío”.


Que su grito atraviese nuestras pantallas, nuestras heridas y nuestros silencios. Que vuelva a quemar corazones dormidos. Porque a veces, los que dudan, son los primeros en morir por la Verdad.



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