Dos Nuevos Venerables Que Ofrecieron Su Vida en América del Sur
- Canal Vida

- 23 may
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Una monja y un obispo atravesados por lanzas en la selva ecuatoriana. León XIV aprobó los decretos de venerabilidad de dos misioneros asesinados en Ecuador, además de un prelado indio.

En el corazón selvático del Ecuador, una lanza selló el testimonio de fe de un obispo español y una monja colombiana que se entregaron sin armas, pero con el Evangelio en el alma. León XIV acaba de declarar venerables a Alejandro Labaka y Agnese Arango —junto al indio Matteo Makil— , dos misioneros que sabían que podían morir… y aun así volaron hacia la selva. Son, desde ahora, símbolo latinoamericano de una Iglesia que se juega la vida en los rincones más olvidados del continente. Y la historia apenas empieza.

LA SELVA COMO ALTAR
En 1987, el obispo español Alejandro Labaka y la monja colombiana Agnese Arango sabían que iban hacia la muerte. Pero eligieron ir. Decidieron enfrentar a una tribu aislada en Ecuador para evitar una masacre provocada por petroleras invasoras.

Al día siguiente, sus cuerpos fueron hallados atravesados por flechas. El mundo se estremeció. Hoy, la Iglesia los reconoce como “venerables”, porque su sangre se mezcló con la del Evangelio.
UNA CARTA COMO TESTAMENTO
Sor Agnese dejó escrita la noche anterior una carta que parecía su despedida. No tenía miedo. Tenía fe. Su martirio se convirtió en un símbolo de entrega misionera femenina. Su tumba, aún hoy, recibe peregrinos.

OBISPO QUE UNIÓ A LOS DIVIDIDOS
Matteo Makil no murió asesinado, pero fue un mártir del día a día. En la India del siglo XIX, unió a pueblos enfrentados por linajes eclesiales. Fundó una congregación, luchó contra la pobreza, educó a miles. Cuando todo parecía dividir, él propuso crear dos vicariatos para lograr la paz. Y lo logró.

TRES VIDAS, UNA SOLA CAUSA
Evangelizar hasta el final. Aunque el final sea una lanza, una enfermedad o la soledad. La Iglesia tiene hoy tres nuevos venerables que lo entregaron todo. Sin condiciones. Sin temor. Porque el amor de Cristo los apuraba.









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