SUBIERON AL TECHO CON EL SANTÍSIMO: EL GESTO QUE DESAFIÓ AL TERROR EN JALISCO
- Canal Vida
- hace 19 horas
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En medio del horror y los disturbios en Jalisco, dos sacerdotes subieron al techo de su parroquia y expusieron el Santísimo Sacramento. No fue una misa. Fue un acto de fe frente al miedo.

La sangre aún estaba fresca en las calles. El miedo flotaba en el aire. Las puertas se cerraban. Las misas se cancelaban. El nombre del narco más buscado —‘El Mencho’— acababa de desatar una nueva ola de disturbios y tensión en Jalisco.
Y entonces, cuando el silencio parecía imponerse por miedo… dos sacerdotes hicieron algo que nadie esperaba. Subieron al techo.
LA IGLESIA EN LA AZOTEA
Los sacerdotes Ricardo López Díaz y Pedro, de la parroquia de la Santa Cruz, en El Salto, Jalisco, tomaron una decisión que fue más que simbólica. Armados no con escoltas ni con protección armada, sino con fe, cargaron el Santísimo Sacramento y subieron a la azotea del templo.
Desde allí, expusieron la Eucaristía al cielo. No fue un acto litúrgico ordinario. Fue un grito silencioso.
Mientras la violencia crecía tras la muerte del líder criminal, las iglesias de la zona comenzaron a suspender celebraciones por seguridad. El temor no era exagerado: disturbios, tensión social y la amenaza latente de represalias marcaron las horas posteriores.
Pero en vez de esconderse, estos sacerdotes eligieron elevar la Hostia consagrada por encima del miedo.
CUANDO LAS ARMAS HABLAN… ELLOS RESPONDEN CON ORACIÓN
La escena tiene algo profundamente bíblico.
En un contexto donde la violencia parecía tener la última palabra, la Iglesia decidió no responder con discursos políticos ni declaraciones altisonantes. Respondió con adoración.
Exponer el Santísimo no es un gesto vacío. Para los católicos, es colocar a Cristo mismo —realmente presente en la Eucaristía— en medio de la tormenta.
Desde la azotea, como si quisieran que la bendición alcanzara cada calle, cada hogar, cada rincón herido por el miedo, los sacerdotes oraron por la paz.
No había micrófonos. No había cámaras oficiales. Había fe.
UN MENSAJE QUE VA MÁS ALLÁ DE JALISCO
La imagen de sacerdotes en el techo, sosteniendo la custodia dorada frente a un cielo cargado de tensión, se convirtió rápidamente en símbolo.
En un país golpeado por el crimen organizado, donde la violencia muchas veces parece normalizada, el gesto recordó que la Iglesia no es indiferente.
No es la primera vez que los templos mexicanos se ven obligados a modificar horarios o cancelar actividades por seguridad. Pero esta vez hubo algo diferente.
La Iglesia no bajó la mirada.
La elevó.
“ARMADOS DE VALOR Y FE”
Testigos describen el momento como sobrecogedor. Mientras algunos vecinos permanecían encerrados por temor a nuevos disturbios, otros se unieron espiritualmente desde sus casas.
No fue una provocación. Fue una súplica.
Los sacerdotes no señalaron culpables ni hicieron acusaciones públicas. Simplemente pusieron a Cristo en lo más alto del barrio.
Y en un contexto donde el ruido de las armas había dominado las horas anteriores, la exposición del Santísimo fue un acto de resistencia espiritual.
Una declaración silenciosa: la última palabra no la tiene el terror.
IGLESIA EN SALIDA… AUNQUE SEA HACIA EL TECHO
La decisión de subir a la azotea no fue casual. En tiempos de violencia, los templos se convierten en refugios. Pero esta vez el mensaje fue distinto: no basta con refugiarse dentro. Había que salir. Salir hacia lo alto.
Que la presencia de Cristo fuera visible, que el barrio supiera que la Iglesia estaba allí, no escondida, sino intercediendo.
En medio de disturbios y tensión, los sacerdotes transformaron el techo del templo en un altar abierto al cielo.
LA PAZ COMO ACTO PROFÉTICO
En Jalisco, como en muchas regiones del país, la violencia no es solo una noticia aislada: es una herida constante.
La muerte de uno de los narcos más buscados encendió una nueva escalada criminal. La incertidumbre volvió a instalarse. La pregunta era inevitable: ¿qué viene ahora?
Frente a ese interrogante, los sacerdotes no ofrecieron análisis estratégicos. Ofrecieron oración.
Porque para ellos, la paz no es solo ausencia de balas. Es presencia de Dios.
La exposición del Santísimo en la azotea fue una forma de decir que la esperanza no se cancela, aunque las misas sí deban suspenderse por seguridad.
UNA IMAGEN QUE INTERPELA
Las fotos del gesto comenzaron a circular. La custodia brillante recortada contra el cielo. Las manos elevadas. El silencio.
En un país donde tantas veces la violencia ocupa los titulares, esta vez el centro fue otro.
Un acto que algunos podrían llamar ingenuo. Otros, valiente. Otros, profundamente necesario.
Porque cuando el miedo paraliza, la fe puede mover algo invisible.

ENTRE EL TERROR Y LA ESPERANZA
No se trata de romantizar el dolor ni de negar la gravedad de la situación. Los disturbios fueron reales. El temor es real.
Pero también es real el impacto de un gesto que rompe la lógica del miedo. En lugar de responder con silencio forzado, estos sacerdotes respondieron con adoración. En vez de esconder el Santísimo dentro del templo, lo llevaron al punto más alto.
Y quizás, en esa elevación, haya un mensaje para todo México: cuando el mal parece dominar, la fe no se repliega.
Se alza.
MÁS QUE UN GESTO SIMBÓLICO
Algunos dirán que fue solo un acto simbólico. Pero los símbolos, cuando son auténticos, tienen fuerza.
La exposición del Santísimo en la azotea no detiene balas ni apaga disturbios de inmediato. Pero siembra algo más profundo: la certeza de que el mal no tiene la última palabra.
En medio del ruido, alguien decidió rezar. En medio del terror, alguien decidió confiar.
Y mientras las calles de Jalisco intentan recuperar la calma, la imagen de dos sacerdotes sobre el techo, sosteniendo a Cristo frente al cielo oscuro, queda grabada como una pregunta abierta: ¿Quién tiene realmente la última palabra?
En El Salto, al menos por un momento, no fue el miedo. Fue la fe.
SUBIERON AL TECHO CON EL SANTÍSIMO: EL GESTO QUE DESAFIÓ AL TERROR EN JALISCO
SUBIERON AL TECHO CON EL SANTÍSIMO: EL GESTO QUE DESAFIÓ AL TERROR EN JALISCO