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“¿Seré yo?”: El día en que León XIV hizo temblar a la traición con una sola pregunta

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • 14 ago
  • 4 Min. de lectura
En el Jubileo 2025, León XIV lanzó una pregunta que hizo temblar conciencias: “¿Seré yo?”. Con un relato sobre la Última Cena, el Papa transformó la traición en un llamado urgente a mirarse al corazón antes de juzgar.
León XIV
El Papa León XIV saluda a los fieles en el Aula Pablo VI, en un encuentro cargado de emoción y cercanía, antes de iniciar su catequesis sobre la traición en la Última Cena. (Fotografía: Vatican Media)

En el Aula Pablo VI, el 13 de agosto, el Papa volvió a demostrar por qué es considerado el que habla al alma sin filtros. En su catequesis del Jubileo 2025, titulada Jesucristo, nuestra esperanza. La Pascua de Jesús. La traición”, no se limitó a explicar el Evangelio: lo hizo arder en las conciencias de millones con una pregunta que desarmó incluso a los más seguros de sí mismos: “¿Seré yo?”.


La escena que evocó no es cualquier pasaje: es el momento en que Jesús, durante la Última Cena, revela que uno de los suyos lo entregará. No con ira, no con el dedo acusador… sino con una calma que hiere más que un grito. Y, de pronto, aquel salón que estaba impregnado de aroma a pan y vino, se llenó del silencio pesado de las traiciones no dichas.

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EL SILENCIO QUE DESENMASCARA

León XIV no habló de Judas como un caso aislado. Habló de nosotros. Con voz grave, explicó que Jesús nunca humilló ni expuso al traidor, sino que dejó que cada discípulo se mirara al espejo de su alma. Fue ahí donde todos, uno por uno, preguntaron: “¿Seré yo?”.


El Obispo de Roma miró a la multitud y lanzó la misma pregunta. No para acusar, sino para hacer un terremoto interior. No fue un sermón académico: fue un bisturí que atravesó la coraza de la autosuficiencia espiritual.


“La pregunta no es del culpable, sino del que ama y sabe que puede fallar”, dijo. Y en ese instante, el aire se volvió denso. No se trataba de Judas allá lejos… sino de cada corazón en el Aula Pablo VI.



CUANDO DIOS NO SE VENGA, SINO QUE SUFRE

El Santo Padre insistió en un punto que descolocó a más de uno: el “Ay de aquel…” que pronunció Jesús no es maldición, sino lamento. En griego, explicó, suena como un grito desgarrado de compasión.


El vicario de Cristo golpeó la mesa espiritual: “Nosotros estamos acostumbrados a juzgar. Dios, en cambio, acepta sufrir”. La frase corrió como un rayo en redes sociales, provocando reflexiones y debates.


En un mundo que espera castigo inmediato, la idea de un Dios que llora por su traidor en vez de aplastarlo resultó tan incómoda como esperanzadora.


León XIV
Un niño rompe en llanto al recibir la bendición del Papa, en un momento de profunda fe y conmoción que marcó la audiencia general. (Fotografía: Vatican Media)
LA TRAICIÓN NO DETIENE EL AMOR

La parte más impactante de la catequesis llegó cuando describió cómo Jesús, aun sabiendo quién lo entregaría, siguió sirviendo el pan… incluso a Judas.


“Esta es la fuerza silenciosa de Dios: no abandona nunca la mesa del amor, ni siquiera cuando sabe que lo dejarán solo”, afirmó, y las cámaras enfocaron a jóvenes con lágrimas en los ojos.


Ese retrato de un Dios que no huye de la herida, sino que se queda junto a quien lo va a clavar en la cruz, fue el núcleo emocional de la jornada.



“¿SERÉ YO?” HOY

La pregunta, dijo León XIV, sigue vigente. En nuestras familias, trabajos, amistades y comunidades, la traición no siempre es un beso en la mejilla: a veces es una palabra de menos, una ausencia injustificada, una promesa rota.


Pero el sucesor de Pedro no se quedó en la culpa: apuntó directo a la esperanza. Recordó que el camino de la salvación comienza en reconocer nuestra fragilidad y dejarnos abrazar por la misericordia.


“Aunque podamos traicionar, Dios nunca deja de amarnos”, repitió con fuerza. Y añadió: “Si nos dejamos alcanzar por este amor – humilde, herido, pero siempre fiel – podemos renacer”.

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UN MENSAJE PARA EL JUBILEO Y PARA EL MUNDO

Esta catequesis no fue solo un comentario bíblico. Fue un diagnóstico de la herida humana y una receta para curarla. En pleno Jubileo 2025, cuando millones peregrinan buscando indulgencia y perdón, León XIV recordó que la pregunta más transformadora no es “¿Quién falló?”, sino “¿Seré yo?”.


En tiempos donde el juicio rápido y la cancelación son moneda corriente, el Papa propuso algo revolucionario: detenerse antes de señalar al otro, mirar hacia dentro y descubrir que también nosotros necesitamos conversión.



UN FINAL QUE NO ES FINAL

El Pastor de la Iglesia cerró con un llamado que dejó a todos de pie: “No vivan como traidores resignados, vivan como hijos siempre amados”.


Aplausos, lágrimas y un silencio prolongado siguieron a esas palabras. Porque lo que se escuchó en el salón no fue un discurso: fue una batalla ganada en el corazón de quienes decidieron, en ese instante, volver a sentarse a la mesa del amor, aunque hubieran estado a punto de levantarse.



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