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Se amaban, se iban a casar… y Dios los llamó a dejarlo todo

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 1 día
  • 2 Min. de lectura
Se amaban, estaban comprometidos y soñaban con casarse. Pero una pregunta inesperada cambió sus vidas para siempre. No hubo traición ni ruptura: hubo un llamado. Cuando Dios irrumpe, incluso el amor más fuerte puede transformarse.
Padre Javier Ravasi
Se estaban por casar, pero el llamado de Dios pudo más.

Iban de la mano, hacían planes, soñaban con una casa, una familia, una vida juntos. Eran novios enamorados, estudiantes de Derecho, jóvenes católicos argentinos que compartían libros, cafés, rosarios y Eucaristía. Todo parecía encaminado. Pero Dios, cuando ama, a veces irrumpe sin pedir permiso.


Antes de vestir hábitos, Trinidad María Guiomar y Javier Olivera Ravasi eran una pareja sólida. No un amor superficial, sino una relación profunda, cultivada en la fe, la cultura y la búsqueda sincera de la verdad. Rezaban juntos. Discutían filosofía. Se acompañaban. Se habían comprometido y planeaban casarse al terminar la universidad. Hasta que una pregunta incómoda empezó a arder en silencio.


Casa Betania

El hermano mayor de Trinidad anunció que entraba al seminario. Aquello fue como una grieta en el futuro que habían dibujado. “¿Y si Dios nos pidiera algo más grande que el matrimonio?”, se preguntaron. Al principio lo rechazaron. Les pareció una locura. ¿Cómo dejar un amor tan hermoso? ¿Cómo soltar algo que parecía tan bueno?

Pero la inquietud no se fue.


Durante dos años, el discernimiento fue una batalla interior. Amor humano contra amor absoluto. Proyecto de vida contra entrega total. Ninguno quiso imponer nada al otro. Un monje les dijo una frase que los desarmó: “Nadie puede meterse en las almas”. Y así, cada uno, a solas con Dios, escuchó el mismo llamado.









El final fue desconcertante… y luminoso. Javier entró al seminario y fue ordenado sacerdote en la diócesis de San Rafael (Mendoza, Argentina). Trinidad se convirtió en Hermana Marie de la Sagesse, consagrada en una congregación que hoy la lleva a servir en Francia. No hubo ruptura amarga. Hubo transformación. El amor no murió: fue elevado.


Hoy no son esposos, pero siguen siendo amigos. Profundos. Leales. Unidos por algo más grande que ellos mismos. Coinciden en lo mismo: Dios no destruyó su amor, lo transfiguró.


Una historia rara. Misteriosa. Incómoda para el mundo. Pero profundamente verdadera.

Porque cuando Dios llama… incluso los planes más firmes pueden caer de rodillas.

Se amaban, se iban a casar… y Dios los llamó a dejarlo todo



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