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Reordenamiento de las cuentas y bienes del Vaticano

Un decreto de Francisco especifica que el Instituto para las Obras de Religión tiene competencia exclusiva para la gestión de todos los activos financieros.
 

El Instituto para las Obras de Religión (IOR) tendrá jurisdicción exclusiva sobre la gestión de los bienes y se convertirá en el custodio de todos los bienes muebles de la Santa Sede y de las instituciones relacionadas. Así lo establece un rescripto del Papa Francisco publicado hoy en L'Osservatore Romano.


El decreto del Pontífice ocurre luego de su decisión reciente de consolidar la gerencia de todos los activos del Vaticano en un solo despacho —la agencia de patrimonios conocida como APSA— para poner fin a décadas de mala administración, que incluyeron un escándalo por una inversión de 350 millones de euros en una propiedad en Londres. Diez personas, entre ellas exfuncionarios del Vaticano e intermediarios, están siendo enjuiciadas por esa transacción.


Francisco establece que el rescripto "tiene el carácter de una interpretación auténtica de las disposiciones vigentes y tiene una fuerza firme y estable, no obstante cualquier cosa en contrario, aunque sea anterior al rescripto o se refiera específicamente a cosas especiales". El punto central del texto papal es el artículo 219, párrafo 3 de la Constitución sobre la Curia Praedicate Evangelium, que debe interpretarse "en el sentido de que la actividad de gestor patrimonial y custodio del patrimonio mueble de la Santa Sede y de las instituciones vinculadas a la Santa Sede es responsabilidad exclusiva del Instituto para las Obras de Religión".


Por ello, la Santa Sede y las instituciones afines "que posean activos financieros y activos líquidos, cualquiera que sea la forma en que los tengan, en instituciones financieras distintas del IOR, deberán informar al mismo y transferirlos a este lo antes posible en un plazo de 30 días a partir del 1 de septiembre de 2022". El rescripto papal entra en vigor inmediatamente, con su publicación en el diario de la Santa Sede.


El banco del Vaticano desde hace tiempo se vio envuelto en escándalos, pero en años recientes trataron de saldar cuentas y de deshacerse de la reputación de paraíso fiscal. Tras años de reformas, su lista de clientes se ha reducido a dependencias del Vaticano, empleados, congregaciones religiosas y embajadas.


Actualmente, cuenta con unos 5.100 millones de euros en activos manejados y el año pasado reportó ganancias de 18 millones de euros.

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