PROHIBIDO CELEBRAR: EL DÍA EN QUE SILENCIARON EL SANTO SEPULCRO
- Canal Vida

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Por primera vez en siglos, al Patriarca de Jerusalén le impidieron celebrar en el Santo Sepulcro en Domingo de Ramos. El hecho, en medio de la guerra, desata alarma global y reabre un debate incómodo sobre fe, poder y libertad religiosa.

Lo que ocurrió este Domingo de Ramos en Jerusalén no tiene precedentes en siglos. No es una exageración. Es un hecho histórico que sacude al mundo cristiano.
Por primera vez en generaciones, el cardenal Pierbattista Pizzaballa —Patriarca Latino de Jerusalén— fue impedido de ingresar al lugar más sagrado del cristianismo: la Basílica del Santo Sepulcro. El sitio donde Jesucristo fue crucificado, sepultado… y resucitó.
No iba con multitudes. No encabezaba una procesión. No había ceremonia pública.
Iba en privado. A celebrar Misa.
Y aun así… fue detenido.
Junto a él, también fue frenado el custodio de Tierra Santa, el padre Francesco Ielpo. Ambos fueron obligados a regresar, sin poder cumplir con la celebración más simbólica del inicio de la Semana Mayor.
El impacto es brutal.
Desde el Patriarcado Latino y la Custodia de Tierra Santa no dudaron en calificar lo ocurrido como una medida “grave, irrazonable y desproporcionada”. Y fueron más allá: denunciaron que se trata de un quiebre en los principios históricos que han regido el acceso a los lugares santos.
Porque esto no es solo una restricción.
Es un precedente.
Uno que —según advirtieron— ignora la sensibilidad de miles de millones de cristianos que, en estos días, tienen los ojos puestos en Jerusalén.

Las autoridades israelíes justificaron la decisión por motivos de seguridad, en medio del conflicto en la región. Pero el dato ya está marcado en la historia: ni siquiera en contextos de tensión similares se había impedido algo así.
Mientras tanto, la imagen es tan fuerte como simbólica: el Santo Sepulcro cerrado… en Domingo de Ramos.
El corazón de la fe cristiana… en silencio.
Pero la historia no terminó ahí.

Impedido de celebrar en ese lugar sagrado, el cardenal Pizzaballa se trasladó a Getsemaní, al pie del Monte de los Olivos. Allí, con un grupo reducido y bajo restricciones, elevó una oración que resumió el drama actual: “Hoy Jesús llora una vez más por Jerusalén”.

Una frase que atraviesa todo. Porque en medio de la guerra, de las restricciones y del dolor… la Semana Santa comenzó. Pero no con palmas. Con una herida.
Una herida que no es solo geográfica. Es espiritual. Y que vuelve a poner en el centro una pregunta incómoda: ¿Puede el mundo seguir hablando de fe… mientras impide rezar en el lugar donde todo comenzó?
PROHIBIDO CELEBRAR: EL DÍA EN QUE SILENCIARON EL SANTO SEPULCRO
PROHIBIDO CELEBRAR: EL DÍA EN QUE SILENCIARON EL SANTO SEPULCRO



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