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“PARA MÍ VIVIR ES CRISTO”: EL GRITO DEL PAPA QUE SACUDIÓ EL SILENCIO DE LA CAPILLA PAOLINA

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 4 horas
  • 4 Min. de lectura
Al finalizar los ejercicios espirituales de Cuaresma, León XIV lanzó un mensaje fuerte: habló de muerte, juicio, libertad y verdad, y dejó una frase que atraviesa el alma. Fue una advertencia espiritual.
El Papa León XIV pronuncia su mensaje al concluir los ejercicios espirituales de Cuaresma en la Capilla Paolina del Palacio Apostólico, ante cardenales y colaboradores, bajo la mirada del Crucificado y en un clima de profundo silencio y recogimiento.
León XIV reflexiona al concluir los ejercicios espirituales de Cuaresma, ante cardenales y colaboradores, bajo la mirada del Crucificado y en un clima de profundo silencio y recogimiento. (Fotografía: Vatican Media)

No fue una homilía más. No fue un discurso protocolar. Fue una confesión espiritual que atravesó los muros del Palacio Apostólico y llegó como un eco directo al corazón de la Iglesia.


Al finalizar los ejercicios espirituales de Cuaresma, en la Capilla Paolina, León XIV habló con una claridad que incomodó, con una profundidad que estremeció y con una sencillez que desarmó cualquier formalismo.


“Para mí vivir es Cristo y morir una ganancia”. La frase de san Pablo, escrita sobre la capilla, no fue una cita decorativa. Fue el eje de su reflexión. Fue el centro de gravedad de un mensaje que habló de muerte, juicio, libertad, verdad… y esperanza.










UNA FRASE QUE LO MARCÓ PERSONALMENTE

El Pontífice sorprendió al confesar que hubo momentos de la semana que lo interpelaron profundamente. Recordó una escena histórica: la elección del Papa Eugenio III, cuando san Bernardo exclamó: “¿Qué han hecho? Que Dios tenga misericordia de ustedes”.


El Santo Padre no explicó demasiado. Pero la alusión fue potente. En esa frase histórica hay una advertencia: el peso del ministerio petrino no es honor, es cruz. No es poder, es responsabilidad ante Dios.


En ese contexto, evocó también el 8 de mayo, día en que celebraron la Eucaristía bajo la inscripción paulina que habla de la tensión entre vivir para Cristo y partir para estar con Él.

Y allí lanzó una idea que resonó fuerte: trabajamos juntos, pero muchas veces estamos separados. Solo la oración nos vuelve verdaderamente uno.



LA MUERTE, EL JUICIO Y EL MIEDO

Uno de los puntos más intensos de su mensaje fue la referencia al Doctor de la Iglesia John Henry Newman y su obra “El sueño de Geroncio”. En esa poesía, Newman aborda el momento de la muerte y el juicio como un espejo donde el alma contempla su propia indignidad ante Dios.


No es habitual que un Obispo de Roma hable tan directamente del temor al juicio. Pero lo hizo sin rodeos. Recordó que la Cuaresma no es un ritual social ni un tiempo decorativo: es confrontación interior.


Muerte. Juicio. Indignidad. Palabras que el mundo evita. Palabras que la Iglesia no puede callar.









LIBERTAD Y VERDAD: DOS PALABRAS QUE ARDEN

El sucesor de Pedro mencionó también dos conceptos que, en el clima cultural actual, resultan casi explosivos: libertad y verdad.


No desarrolló un tratado teológico. No necesitó hacerlo. Bastó con nombrarlas como pilares irrenunciables de la vida cristiana.


En tiempos donde la libertad se redefine según conveniencias y la verdad se diluye en opiniones, recordó que ambas encuentran su sentido pleno en Cristo.


Sin Cristo, la libertad se vacía. Sin Cristo, la verdad se fragmenta.





LA ESPERANZA QUE NO ENGAÑA

El cierre de su reflexión giró hacia la esperanza. Pero no una esperanza sentimental o superficial. Habló de la “verdadera fuente de la esperanza”, que es Cristo.


Volvió entonces a la Carta a los Filipenses y leyó el pasaje donde Pablo confiesa su tensión interior: desea partir para estar con Cristo, pero entiende que es necesario permanecer para el bien de los demás.


Es una declaración que, leída en voz del Papa, adquiere un peso particular: “Compórtense de manera digna del Evangelio de Cristo”.


No fue un consejo opcional. Fue un mandato espiritual. Un llamado directo. Una síntesis de la semana de retiro.









UN PAPA QUE AGRADECE… Y ELEVA

El vicario de Cristo no olvidó agradecer al predicador, a los colaboradores litúrgicos y al coro. Subrayó algo que muchos pasan por alto: la música eleva el alma de una manera que las palabras no pueden.


En un mundo saturado de ruido, el Papa recordó el poder del canto sagrado como camino hacia Dios.


Fue un detalle, pero no menor. Porque en la espiritualidad, lo invisible sostiene lo visible.



Divina Misericordia

¿QUÉ NOS QUISO DECIR?

El mensaje no tuvo titulares políticos. No hubo declaraciones polémicas. No hubo denuncias públicas. Y, sin embargo, fue profundamente disruptivo.


Porque habló de muerte en una cultura que idolatra la juventud eterna. De juicio en una sociedad que relativiza todo. De verdad en una época de confusión. De esperanza en medio del cansancio global.


Y, sobre todo, habló de coherencia.


“Compórtense de manera digna del Evangelio”. Es la frase que queda. La que atraviesa. La que no admite interpretaciones cómodas.


Casa Betania

UNA CUARESMA QUE INTERPELA

La Cuaresma no es un calendario. Es un espejo. No es una tradición heredada. Es una invitación a decidir.


El Papa no gritó. No necesitó hacerlo. Sus palabras fueron suaves, pero firmes. Sencillas, pero afiladas.


En la Capilla Paolina, bajo la mirada de los frescos y la inscripción paulina, recordó algo que puede incomodar: vivir para Cristo lo cambia todo. Y morir… puede ser ganancia.


Pero mientras vivimos, hay una tarea. Vivir de manera digna del Evangelio. Ese fue su mensaje. Y ahora, la pregunta queda flotando para cada uno de nosotros: ¿Estamos viviendo así?

“PARA MÍ VIVIR ES CRISTO”: EL GRITO DEL PAPA QUE SACUDIÓ EL SILENCIO DE LA CAPILLA PAOLINA

“PARA MÍ VIVIR ES CRISTO”: EL GRITO DEL PAPA QUE SACUDIÓ EL SILENCIO DE LA CAPILLA PAOLINA

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