top of page

Los Reyes Magos No Traían Regalos: Traían Algo Mucho Más Incómodo

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • 5 ene
  • 3 Min. de lectura
Oro, incienso y mirra no fueron regalos inocentes. Uno de ellos anunciaba muerte, sacrificio y cruz. La Epifanía esconde un mensaje que incomoda: los Reyes Magos vieron algo que muchos hoy prefieren no mirar.
Los Reyes Magos y el regalo al Niño Dios
Los dones de los Reyes Magos no fueron simples obsequios: oro, incienso y mirra hablaban de realeza, divinidad… y muerte. Desde el inicio, la fe cristiana quedó marcada por una promesa que incomoda y un amor que lo entrega todo.

Durante años nos contaron una historia dulce, casi inofensiva. Tres hombres exóticos, una estrella, un Niño recién nacido y regalos envueltos en misterio. Oro, incienso y mirra. Así lo aprendimos. Así lo repetimos. Así lo convertimos en postal navideña. Pero hay un detalle que rara vez se dice en voz alta: uno de esos dones no celebraba la vida, sino que anunciaba la muerte.


Y eso cambia todo.


La escena de los Reyes Magos no es un cuento para niños. Es una profecía encarnada, un mensaje teológico profundo y, para muchos, incómodo. Porque esos “regalos” no fueron gestos simbólicos al azar. Fueron declaraciones. Y una de ellas fue brutalmente clara.









El REGALO QUE VATICINA EL FINAL

El oro era comprensible: en el mundo antiguo se ofrecía a los reyes. Reconocía en ese Niño algo que Roma no podía tolerar: un Rey que no venía del poder, sino del Cielo. El incienso iba aún más lejos: reservado al culto divino, proclamaba que ese Niño no era solo rey, sino Dios. Hasta ahí, el relato puede resultar solemne, incluso bello.


Pero entonces aparece la mirra, que no era un perfume elegante. Era una resina amarga, utilizada para embalsamar cadáveres, para ungir cuerpos destinados a la sepultura. En la Biblia, está asociada al dolor, al sacrificio, a la muerte. Se la menciona en rituales funerarios. Se la usa para preparar cuerpos antes del entierro. No se le ofrece mirra a un bebé… salvo que se sepa algo que los demás aún no quieren ver.


cASA bETANIA

LA PRIMERA ADVERTENCIA

Los Reyes Magos lo vieron. Mientras todos celebraban un nacimiento, ellos anunciaban un destino. Ese Niño había nacido para morir. No por accidente. No por tragedia inesperada. Por misión.


La mirra era una advertencia silenciosa: el Mesías no venía a instalarse cómodamente en el mundo, sino a redimirlo desde el dolor. Desde la cruz. Desde la entrega total. Y eso rompe la imagen edulcorada que solemos tener de Jesús.


La fe cristiana no empieza con un final feliz. Empieza con una promesa que incluye sangre, abandono y sacrificio. Los Reyes lo sabían. Por eso, su gesto fue profético. Por eso, su visita no fue inocente.









QUÉ LE OFRECES AL NIÑO DIOS

Acá viene la parte que incomoda de verdad. Porque si los Reyes no llevaron simples regalos, sino ofrendas que hablaban de identidad y destino, la pregunta inevitable es otra: ¿Qué le estás ofreciendo vos a Dios hoy?


Muchos quieren un Jesús que consuele, pero no que cuestione. Que bendiga, pero no que exija. Que abrace, pero no que transforme. Un Jesús sin mirra. Sin cruz. Sin muerte al ego.

Pero el cristianismo no funciona así.


Dios no pidió oro para enriquecerse ni incienso para alimentar su vanidad. Y tampoco aceptó la mirra como un símbolo decorativo. Aceptó la cruz. Aceptó el camino del sacrificio. Aceptó cargar con el peso del pecado humano. Y eso tiene consecuencias para quien dice creer.


Pedro Kriskovich

ENTREGARSE A JESÚS

Creer en Cristo no es solo admirar su nacimiento. Es aceptar su destino. Y aceptar que seguirlo implica ofrecer algo más que palabras bonitas. Implica entregar tiempo, orgullo, comodidades. A veces, incluso sueños personales.


La mirra sigue ahí. No en el pesebre, sino en la vida cotidiana. En cada renuncia que duele. En cada decisión que cuesta. En cada vez que elegir el Evangelio implica perder algo.

Por eso esta historia incomoda. Porque los Reyes Magos no fueron turistas espirituales. Fueron hombres que entendieron que ese Niño cambiaría la historia… a un precio altísimo.



SIN CRUZ, LA FE ES SOLO DECORATIVA

Hoy, millones celebran la Epifanía sin detenerse en ese detalle. Pero la Iglesia lo conserva, silenciosamente, desde hace siglos. Porque sabe que sin mirra, el mensaje queda incompleto. Y sin cruz, la fe se vuelve superficial.


Tal vez por eso esta escena sigue siendo tan actual. Porque nos obliga a preguntarnos si estamos dispuestos a ofrecer solo lo que sobra… o también aquello que duele.


Los Reyes no trajeron juguetes. Trajeron una verdad que sigue incomodando. Y que todavía espera respuesta.

Los Reyes Magos No Traían Regalos: Traían Algo Mucho Más Incómodo

Los Reyes Magos No Traían Regalos: Traían Algo Mucho Más Incómodo

📖También te puede interesar:

Comentarios


bottom of page