LOS REMEDIOS DE UN GIGANTE: CÓMO SANTO TOMÁS DE AQUINO ENSEÑÓ A VENCER LA TRISTEZA
- Canal Vida
- hace 2 días
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Santo Tomás de Aquino no solo pensó a Dios: enseñó a sanar el corazón. En una época marcada por la tristeza silenciosa, dejó cinco remedios concretos, humanos y espirituales, para atravesar el dolor sin perder la esperanza ni encerrarse en uno mismo.

Cada 28 de enero, la Iglesia celebra a santo Tomás de Aquino (1225-1274), uno de los mayores genios de la historia cristiana. Doctor de la Iglesia, maestro de teólogos, arquitecto intelectual de la fe. Pero hay un costado menos conocido —y hoy más urgente que nunca—: sus remedios concretos contra la tristeza.
En un tiempo donde la angustia, el cansancio interior y la desorientación espiritual se multiplican, el "Doctor Angélico" escribió algo que sigue estremeciendo por su vigencia: la tristeza no se vence negándola ni encerrándose, sino orientando el alma hacia el bien.
En la Suma Teológica (I-II, q. 38), enumera cinco remedios simples, humanos y profundamente cristianos para atravesar el dolor del alma. No fórmulas mágicas. No frases vacías. Caminos reales.
La tristeza, una herida que puede educar el alma
Para el santo dominico, el dolor interior es inevitable. No importa cuán fuerte sea la fe, cuán ordenada la vida o cuán recta la conducta: todo ser humano experimentará tristeza.
Siguiendo a san Juan Damasceno, identifica distintas formas del dolor: la compasión que duele, la ansiedad que ahoga, la envidia que corroe, el letargo que paraliza. No las demoniza. Las nombra, porque lo que no se nombra, domina.
Pero Aquino va más lejos: la tristeza no es solo una carga, también es una señal. Indica que algo bueno se perdió, amenazado o postergado. Y por eso, puede ser sanada.

Primer remedio: concederse un bien legítimo
El autor de "Suma contra los gentiles" sorprende con el primer consejo: darse un pequeño gusto.
No como evasión, sino como acto de justicia con el propio cuerpo y la propia alma. El santo enseña que un bien sensible moderado —una comida agradable, un descanso, una caminata— puede aliviar el peso interior y devolver fuerzas para seguir luchando.
No es hedonismo. Es reconocer que el ser humano no es solo espíritu.
Segundo remedio: llorar sin vergüenza
Para Aquino, el llanto es medicina.
Reprimirlo endurece el corazón. Derramarlo ordena el alma. Llorar no es falta de fe, sino una forma de verdad. El llanto libera la tensión interior y permite que el dolor no se vuelva amargo.
Enseña algo que hoy parece revolucionario: Dios no desprecia las lágrimas sinceras.
Tercer remedio: no cargar el dolor en soledad
La tristeza se vuelve peligrosa cuando se vive en aislamiento. Recomienda compartir el dolor con un amigo.
Hablar, ser escuchado, ser acompañado. No para recibir soluciones rápidas, sino para no quedar atrapado en el propio laberinto interior. El amigo actúa como espejo, como sostén, como presencia que recuerda que la vida no se reduce al sufrimiento actual.
Cuarto remedio: contemplar la verdad
Aquí aparece el Tomás teólogo. La tristeza se agrava cuando la mente se llena de confusión, falsedad o desesperanza.
Por eso propone contemplar la verdad: meditar, leer, elevar la inteligencia hacia lo que es real y eterno. La verdad ordena el alma. Le devuelve horizonte. La saca del encierro emocional.
Para Aquino, pensar bien también sana.
Quinto remedio: descansar el cuerpo
El último consejo parece simple, pero es profundamente humano: descansar y bañarse.
Dormir, recuperar fuerzas, cuidar el cuerpo. El santo sabía algo que hoy olvidamos: un cuerpo agotado arrastra al alma al abatimiento.
No todo dolor es espiritual. A veces, el alma solo pide descanso.

Un santo del siglo XIII que entendió el siglo XXI
El filósofo contemporáneo Matt Fradd, en su libro Cómo ser feliz: el secreto de Santo Tomás para una buena vida, resume esta enseñanza con claridad: los remedios de Aquino nos sacan del encierro interior y nos orientan hacia un bien concreto.
No prometen una felicidad instantánea. Prometen algo más real: alivio, claridad y camino.
Una oración que sigue siendo refugio
Santo Tomás cerraba su búsqueda con una súplica que hoy resuena con fuerza:
“Concédeme, oh Señor, una mente para conocerte, un corazón para buscarte, sabiduría para encontrarte, fiel perseverancia en esperarte y una esperanza de finalmente abrazarte”.
En tiempos de tristeza extendida, un Doctor de la Iglesia vuelve a hablarle al corazón humano. Y lo hace con una certeza silenciosa: la alegría no se improvisa, se cultiva.
LOS REMEDIOS DE UN GIGANTE: CÓMO SANTO TOMÁS DE AQUINO ENSEÑÓ A VENCER LA TRISTEZA
LOS REMEDIOS DE UN GIGANTE: CÓMO SANTO TOMÁS DE AQUINO ENSEÑÓ A VENCER LA TRISTEZA





