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Los desafíos ocultos del exorcismo: una mirada interna a un ministerio poco comprendido

Un estudio revela las dificultades que enfrentan los exorcistas en su labor dentro de la Iglesia Católica, que va más allá de la confrontación con lo sobrenatural.
 

La Iglesia Católica practicó exorcismo, el acto de expulsar demonios o espíritus malignos de personas o lugares, desde tiempos inmemoriales. Uno de los más famosos de la historia reciente es el padre Gabriele Amorth, quien sirvió a la diócesis de Roma y es conocido por su contribución a la formación de otros exorcistas alrededor del mundo.


A pesar de la fascinación del público por la temática, no es una labor fácil. Una investigación reciente realizada en el marco del XVI Curso de Exorcismo y Oración de Liberación del Pontificio Ateneo Regina Apostolorum en Roma, arrojó luz sobre los obstáculos y desafíos que enfrentan los exorcistas en el cumplimiento de su ministerio.



ENTRE EL AISLAMIENTO Y LA FALTA DE APOYO

Contrario a lo que muchos podrían pensar, los exorcistas no mencionaron la confrontación con fuerzas malignas como la principal dificultad de su labor. En cambio, señalaron las condiciones materiales de su desempeño y las relaciones con el territorio como los principales obstáculos.


Muchos denunciaron un sentido de aislamiento, falta de apoyo o comunicación por parte de las diócesis y otros sacerdotes, lo que impacta directamente en cómo se brinda asistencia a aquellos que buscan ayuda.



LIMITACIONES LOGÍSTICAS Y RELACIONALES

Los exorcistas suelen recibir a un gran número de personas, lo que conlleva dificultades logísticas y de tiempo. En muchos casos, los sacerdotes tienen otras obligaciones diarias en su parroquia que limitan la gestión de su ministerio de exorcismo.


En cuanto a las relaciones, los sacerdotes en general sienten poca ayuda, tanto de la diócesis como de otros sacerdotes no exorcistas. Esta falta de apoyo repercute en su vida personal y en sus posibilidades de intervención con los afligidos.



EXORCISMO EN TIEMPOS DE PANDEMIA

La pandemia de COVID-19 planteó desafíos adicionales, como la imposibilidad de establecer una relación de cuidado, lo que llevó a la aparición de nuevas formas de aplicación ritual, como los exorcismos a través de plataformas digitales como Zoom.



HACIA UNA RED DE APOYO PARA EL EXORCISTA

Los hallazgos de la investigación sugieren que es esencial que exista una red de apoyo en torno al exorcista, quien a menudo tiene a su cargo el cuidado de la persona afligida, sus familiares y la comunidad.


Esta red debería estar compuesta por herramientas, profesionales y posibilidades de atención que permitan al exorcista llevar a cabo su ministerio de manera eficaz y segura. En la actualidad, la única ayuda proviene de los auxiliares, que a menudo carecen de la formación adecuada para tratar ciertos tipos de fragilidad.



UN LLAMADO AL ENTENDIMIENTO Y A LA COOPERACIÓN

Los resultados de la investigación demuestran que la labor del exorcista va mucho más allá de la expulsión de demonios. La cooperación efectiva entre los exorcistas, la comunidad y la diócesis es esencial, ya que la falta de comunicación entre los distintos actores implicados en la relación de curación afecta negativamente al desempeño del ministerio.


Es fundamental investigar y comprender mejor estos aspectos hasta ahora marginales dentro del exorcismo para poder brindar el apoyo necesario a estos soldados de Dios en su importante labor de liberación y sanación.

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