León XIV y los Nuevos Mártires: La Esperanza Desarmada que Conmueve al Mundo
- Canal Vida

- 16 sept 2025
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En una homilía estremecedora, el Papa aseguró que los mártires del siglo XXI son símbolos de una esperanza desarmada. Sus historias de sangre y fe, lejos de apagarse, siguen iluminando al mundo con el amor más fuerte que la muerte.

En la Basílica de San Pablo Extramuros, el Papa estremeció al mundo con una homilía que ya es considerada uno de los discursos más fuertes de su naciente pontificado. Frente a 4.000 fieles y representantes de distintas Iglesias cristianas, proclamó que los mártires del siglo XXI son “símbolos de una esperanza desarmada”, que vence sin fusiles ni ejércitos, sino con la fuerza débil y mansa del Evangelio.
“La sangre de los mártires sigue siendo semilla de cristianos. Su memoria es nuestra profecía de un mundo nuevo, donde la compasión y la unidad vencerán al odio.” (León XIV)
Mientras el Pontífice caminaba detrás de la cruz en procesión, evocó con voz firme los nombres de quienes, en las últimas décadas, entregaron su vida por Cristo: desde la hermana Dorothy Stang, que mostró una Biblia a sus asesinos como “única arma”, hasta el padre Ragheed Ganni, abatido por el Estado Islámico tras celebrar misa en Mosul. “Ellos parecen derrotados a los ojos del mundo”, dijo León XIV en la misa del 14 de septiembre, “pero en verdad su esperanza está llena de inmortalidad”.
MÁRTIRES QUE AVERGÜEZAN A LOS PODEROSOS
El Papa no habló en abstracto. Recordó con crudeza al niño pakistaní Abish Masih, de apenas 10 años, que antes de morir en un atentado dejó escrito en su cuaderno: “Hacer del mundo un lugar mejor”. También citó a los 21 coptos decapitados en una playa de Libia en 2015, cuyas imágenes horrendas recorrieron el planeta. Y a los evangélicos asesinados en Burkina Faso, que no negaron a Cristo aun frente al fusil.
“Son mujeres y hombres que pagaron con su sangre la fidelidad al Evangelio —subrayó el Obispo de Roma—, la lucha por la justicia, la libertad religiosa y la solidaridad con los pobres”. Con esa frase, transformó cada nombre en un grito que atraviesa la historia y denuncia la “globalización de la violencia” que hoy se extiende en varias regiones del mundo.

EL AMOR MÁS FUERTE QUE LA MUERTE
El Santo Padre citó a san Óscar Romero, asesinado en 1980 en El Salvador, y a san Juan Pablo II, para insistir en que el amor de los mártires “es más fuerte que la muerte”. Cada lámpara encendida al pie de la cruz en la ceremonia simbolizó que la fe no se apaga con las balas ni con las bombas. “Aunque los mataron en el cuerpo, nadie podrá apagar su voz ni borrar el amor que dieron”, clamó el sucesor de Pedro.
Con voz emocionada, lanzó un mensaje que traspasó los muros vaticanos: “La sangre de los mártires sigue siendo semilla de cristianos. Su memoria es nuestra profecía de un mundo nuevo, donde la compasión y la unidad vencerán al odio”.

UN CLAMOR PROFÉTICO PARA HOY
La homilía no fue solo un recuerdo, sino un desafío. El vicario de Cristo exigió a las Iglesias preservar la memoria de estos testigos en común, porque el “ecumenismo de la sangre” une a todos los cristianos más allá de las divisiones doctrinales.
En un mundo anestesiado por la indiferencia, proclamó que los mártires nos devuelven la fuerza de la fe verdadera: aquella que no pacta con la violencia, que ama incluso al enemigo y que, en silencio, cambia el curso de la historia.
El mensaje cerró con una visión cargada de esperanza: “Que la sangre de tantos testigos adelante el día feliz en que todos bebamos del mismo cáliz de salvación”. Y mientras sus palabras resonaban bajo las bóvedas de San Pablo Extramuros, las lámparas encendidas ardían como un recordatorio inapelable: los mártires, ayer y hoy, siguen escribiendo con su vida el Evangelio más poderoso.









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