LEÓN XIV ROMPE LAS EXPECTATIVAS: SU PRIMER VIAJE SERÁ A ORIENTE, NO A AMÉRICA
- Canal Vida

- 7 oct
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Turquía y Líbano: dos destinos cargados de simbolismo, fe y heridas. El Pontífice busca tender puentes donde el mundo aún sangra.

El Vaticano confirmó lo que ya muchos intuían, pero pocos esperaban: el primer viaje apostólico del Papa León XIV no será al continente americano, sino al corazón espiritual del Oriente. Del 27 al 30 de noviembre visitará Turquía, y de esa última fecha al 2 de diciembre, el Líbano.
El anuncio fue realizado por Matteo Bruni, vocero del Vaticano, quien explicó que el Santo Padre responde a las invitaciones de las autoridades civiles y eclesiásticas de ambos países. Pero detrás del protocolo diplomático se esconde un gesto profundamente simbólico.
León XIV —el Papa agustiniano que sucedió a Francisco— eligió comenzar su pontificado en los márgenes del mundo, donde la fe fue forjada entre persecuciones, concilios y mártires.

UN VIAJE CON SELLO PROFÉTICO
En Turquía, el Papa peregrinará a İznik (la antigua Nicea), donde hace 1700 años se celebró el Primer Concilio de la Iglesia, aquel que definió el Credo que aún hoy recitan millones de cristianos. “Nicea no es historia pasada —recordó el Pontífice—, es brújula para la unidad del mañana”.
Con esa frase, León XIV dejó claro que su misión no es solo pastoral: es ecuménica y espiritual. Su deseo: tender puentes entre Oriente y Occidente, entre católicos y ortodoxos, en una época en la que el mundo parece olvidar el poder de la reconciliación.

EL LLAMADO DEL LÍBANO: UN PAÍS HERIDO, UNA FE INQUEBRANTABLE
En su segunda etapa, el sucesor de Pedro pisará suelo libanés para abrazar a un pueblo desgarrado por la crisis, la pobreza y el conflicto. El Líbano, llamado por san Juan Pablo II “el país-mensaje”, será el escenario donde León XIV busque encender la esperanza.
“El Líbano sufre, pero no se deja vencer. Tiene la debilidad de su diversidad, pero la fuerza de los cedros”, dijo el Papa.
Con este viaje, el Pontífice marca su camino: no comienza por el poder, sino por las heridas; no busca el aplauso, sino el encuentro. El nuevo Papa ya eligió su lenguaje: el del Evangelio que une lo que el mundo separa.









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