La Oración que la Iglesia Pide Rezar… Cuando la Fe Se Apaga
- Canal Vida

- hace 1 día
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Cuando la fe se apaga y rezar cuesta más que callar, la Iglesia no ofrece frases fáciles, sino oraciones antiguas para atravesar la noche. No son para los fuertes, sino para los cansados, los tibios y los que ya no sienten nada.

Hay un momento en la vida espiritual que casi nadie confiesa, pero que millones atraviesan: cuando la fe no se pierde, pero se apaga. No hay rebeldía abierta, ni rechazo explícito a Dios. Hay cansancio. Sequedad. Palabras que ya no arden. Oraciones que se repiten sin eco.
La Iglesia conoce bien ese territorio oscuro. No lo niega, no lo romantiza y tampoco lo condena. Lo llama por su nombre: aridez espiritual. Y desde hace siglos ofrece un camino concreto para atravesarla.
No es una oración de triunfo. No es una oración de entusiasmo. Es la oración cuando rezar cuesta.
NO ES FALTA DE FE: ES UNA PRUEBA
San Juan Pablo II lo dijo sin rodeos: “La fe no es siempre consolación. A veces es fidelidad en la noche”. El gran error moderno es creer que si no se siente nada, Dios se ha ido.
Pero los santos sabían lo contrario: hay silencios que purifican y otros que vacían. La diferencia no está en lo que se siente, sino en a Quién se sigue buscando.
San Agustín atravesó largos períodos donde rezar le parecía inútil. En uno de sus textos más duros escribió: “Señor, cuando te busco y no te siento, enséñame a no huir de Ti”.
No pidió emociones. Pidió permanecer.

LA ORACIÓN QUE NO SE ABANDONA
La Iglesia no propone fórmulas mágicas para la sequedad espiritual. Propone algo más exigente: oraciones probadas en la noche.
Santo Tomás de Aquino enseñaba que cuando la voluntad está débil y la inteligencia confusa, la oración no se mide por lo que produce, sino por la fidelidad con la que se sostiene.
En su célebre súplica escribió:
“Concédeme, Señor, una mente para conocerte, un corazón para buscarte, sabiduría para encontrarte, y perseverancia para esperarte. ”
No hay éxtasis. No hay consuelo inmediato. Hay una palabra clave: perseverancia.
CUANDO DIOS PARECE AUSENTE
San Agustín explicaba que Dios a veces se oculta para ensanchar el deseo. No porque se haya ido, sino porque el alma necesita dejar de apoyarse en sensaciones y aprender a caminar por fe.
Por eso advertía: “No busques a Dios solo cuando lo sientes. Búscalo más aún cuando no lo sientes”.
Esta enseñanza interpela directamente a los creyentes de rutina: los que rezan por costumbre, pero sin encuentro; los que van a misa, pero con el corazón lejos; los que cumplen, pero ya no esperan.
La aridez no siempre es castigo. A veces es llamado.
UNA ORACIÓN PARA LOS QUE YA NO SABEN QUÉ DECIR
La tradición de la Iglesia recomienda, en esos momentos, oraciones breves, sinceras y humildes. No discursos largos. No frases vacías.
San Juan Pablo II repetía en sus últimos años una jaculatoria simple: “Señor, sostén mi fe”.
Nada más. Nada menos.
Porque cuando la fe se apaga, no se la reanima con ruido, sino con verdad.

ADVERTENCIA ESPIRITUAL: EL PELIGRO DEL SILENCIO VACÍO
No todo silencio es oración. La Iglesia lo advierte con claridad. Hay silencios que nacen del recogimiento… y otros que nacen del abandono interior.
Santo Tomás lo decía con precisión: callar sin buscar a Dios no es oración, es distracción espiritual.
Por eso la tradición insiste: incluso cuando no hay ganas, incluso cuando no hay palabras, no abandonar el acto de ponerse delante de Dios. Aunque sea para decirle: “No siento nada”.
CUANDO LA FE NO ARDE, SE SOSTIENE
La fe no siempre es fuego. A veces es brasa. Y a veces, apenas ceniza caliente que todavía puede volver a encenderse.
La Iglesia no pide rezar solo cuando todo está bien. Pide rezar cuando cuesta. Cuando duele. Cuando no se entiende. Cuando parece inútil.
Porque en ese momento, la oración deja de ser rutina… y vuelve a ser acto de amor puro.
Y ahí —justo ahí— comienza, lentamente, el regreso.
La Oración que la Iglesia Pide Rezar… Cuando la Fe Se Apaga
La Oración que la Iglesia Pide Rezar… Cuando la Fe Se Apaga









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