FRACASAR TAMBIÉN PUEDE SER CAMINO DE SANTIDAD
- Canal Vida

- hace 21 horas
- 2 Min. de lectura
El miedo a fracasar paraliza a miles de creyentes. Pero la fe cristiana propone una verdad incómoda: el fracaso no aleja de Dios, puede ser el camino hacia la santidad. Una reflexión que desarma el orgullo y sacude la vida espiritual.

Durante años nos enseñaron que fracasar es perder. Que equivocarse es retroceder. Que no lograrlo es una señal de debilidad. Pero la fe cristiana —esa que formó santos, mártires y hombres comunes capaces de lo extraordinario— dice exactamente lo contrario: el verdadero fracaso no es caer, sino no atreverse a caminar.
Esta verdad incómoda volvió a resonar con fuerza en el podcast The Catholic Gentleman, donde John Heinen, Devin Schadt y Sam Guzman abordaron una de las búsquedas más repetidas en Google: “¿Cómo dejo de fracasar?”. La respuesta sorprendió a muchos: dejando de huirle al fracaso.

La cultura moderna nos convenció de que fallar es una mancha, un obstáculo para el éxito, algo que debe esconderse. Pero esa mirada superficial ignora la raíz del miedo: el orgullo. El temor a quedar expuestos. A no ser suficientes. A no cumplir expectativas. Y ese miedo, silencioso y persistente, paraliza más almas que cualquier pecado visible.
“Si no enfrentamos nuestras limitaciones por miedo a parecer débiles, quedamos atrapados en nuestro propio orgullo”, advierten. Y ahí está el nudo espiritual: queremos controlar el resultado, cuando la fe exige confiar en el proceso.
Los santos lo entendieron mejor que nadie. No fueron perfectos. Dudaron. Se frustraron. Tuvieron miedo. Fracasaron una y otra vez. Pero nunca dejaron de amar. Y ese amor —ardiente, insistente— los empujó siempre hacia Dios. No hacia el éxito, sino hacia la fidelidad.
El único fracaso real, insisten, es no actuar. No rezar por miedo a no sentir nada. No servir por temor a hacerlo mal. No amar por miedo a perder. Cada caída, cada revés, puede convertirse en una puerta a una conversión más profunda si dejamos que Dios obre en medio de nuestras ruinas.
Porque en el Evangelio, Dios no santifica a los que nunca caen… sino a los que se levantan confiando.
FRACASAR TAMBIÉN PUEDE SER CAMINO DE SANTIDAD









Comentarios