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EN MEDIO DEL CAOS, EL PAPA LANZÓ UN DESAFÍO: QUE LA IGLESIA SEA BALUARTE DE CARIDAD

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 16 minutos
  • 5 Min. de lectura
En uno de los barrios más conflictivos de Roma, León XIV lanzó un mensaje contundente: la Iglesia debe ser baluarte de caridad frente a la violencia y la indiferencia. Sus palabras resuenan mucho más allá de Termini.
León XIV saluda a niños y familias frente a la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús, en Castro Pretorio, a pocos metros de la estación Termini. En un barrio atravesado por fuertes contrastes sociales, el Pontífice pidió que la Iglesia sea “baluarte de caridad” y presencia concreta ante la violencia y la exclusión. (Fotografía: Vatican Media)
León XIV saluda a niños y familias frente a la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús, en Castro Pretorio, a pocos metros de la estación Termini. En un barrio atravesado por fuertes contrastes sociales, el Pontífice pidió que la Iglesia sea “baluarte de caridad” y presencia concreta ante la violencia y la exclusión. (Fotografía: Vatican Media)

A pocos pasos de la estación Termini, donde cada día se cruzan turistas apurados, refugiados sin destino fijo y jóvenes que buscan trabajo, León XIV dejó una imagen y una frase que atraviesan el corazón de Roma… y del mundo.


No eligió un salón elegante ni una basílica aislada del ruido. Fue a Castro Pretorio, a la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, una encrucijada urbana donde las contradicciones de nuestro tiempo se tocan con la mano: maletas con batería externa y tren asegurado; carritos improvisados con todas las pertenencias a cuestas; deseos de trabajar honestamente y el acecho del tráfico de drogas y la prostitución.


Allí, en medio de esa tensión, el Pontífice fue claro: la Iglesia debe ser un “bastión de proximidad”, un baluarte de caridad frente a la violencia desenfrenada.









UNA PARROQUIA EN EL CORAZÓN DE LAS CONTRADICCIONES

La escena parecía casi simbólica. Entre los antiguos confesionarios de madera levantados en tiempos de san Juan Bosco, un cable de cargador colgaba de una toma de corriente. Un detalle mínimo, pero elocuente. Tal vez olvidado por alguien que no tiene techo, o por quien solo pudo dormir una noche bajo resguardo.


León XIV caminó por el patio de la basílica mientras el frío de la madrugada aún apretaba. Eran las 8:15 cuando un aplauso repentino rompió la espera. Los teléfonos se alzaron —con suerte, cargados— para capturar el momento.


Pero el Papa no pasó de largo. No habló desde arriba. Se inclinó, sostuvo miradas, extendió la mano. “¡Buenos días!”, dijo, alineándose con quienes cargan heridas visibles y silenciosas.


En ese gesto estaba el mensaje: la Iglesia no es solo altar y liturgia. Es comida caliente, es un vaso de agua, es un enchufe donde cargar el celular durante unas horas. Es cercanía concreta.


Divina Misericordia

“EN POCOS METROS SE PERCIBEN LAS CONTRADICCIONES DE ESTE TIEMPO”

Durante la homilía, el Obispo de Roma describió el barrio con crudeza y esperanza. En tan solo unos metros, explicó, conviven la despreocupación de quienes viajan con todas las comodidades y el drama de quienes no tienen hogar. La posibilidad del bien y la violencia galopante. El deseo de trabajar honestamente y el negocio oscuro que destruye vidas.

No es una reflexión abstracta. Es la vida real.


En Via Marsala, a pocos pasos, la Cáritas recibe cada día a hombres y mujeres que golpean la puerta buscando cama en el albergue “Don Luigi Di Liegro”. Jóvenes refugiados intentan integrarse. Universitarios conviven con migrantes. Familias multirreligiosas comparten el mismo espacio.


Y en medio de ese mosaico humano, León XIV recordó que la Iglesia está llamada a ser levadura del Evangelio en la masa del territorio.




UN CORAZÓN QUE LATE MÁS ALLÁ DE LAS FRONTERAS

El nombre de la parroquia no es casual. Sagrado Corazón. El Papa se detuvo en ese símbolo: el corazón como signo de amor, de caridad, de generosidad sin límites.


Entre las mil personas reunidas en el patio había rostros de numerosos países. No era una multitud uniforme. Era una comunión diversa.


“Es el amor de Jesús, es su misericordia lo que nos convoca”, afirmó.


No habló de nacionalidades ni de banderas. Habló de unidad, fraternidad y convivencia posible solo en Cristo.


La caridad, en sus palabras, no es filantropía ni gesto ocasional. Es identidad. Es la esencia misma de la Iglesia.









REDESCUBRIR LA LIBERTAD EN MEDIO DEL DRAMA

Entre los presentes había cinco catecúmenos que recibirán los sacramentos en la próxima Vigilia Pascual. El Papa los señaló como signo de un comienzo que concierne a todos.

En Cuaresma, explicó, estamos llamados a redescubrir la gracia del Bautismo, esa fuente de vida que actúa en nosotros respetando nuestra libertad.


Aquí tocó un punto crucial: el drama de la independencia mal entendida. La vieja tentación que atraviesa el jardín del Génesis y el desierto de Jesús. ¿Puede el hombre alcanzar plenitud diciendo “sí” a Dios? ¿O debe liberarse de Él para ser verdaderamente libre?


La respuesta no fue teórica. Fue visible en los voluntarios del Banco de Talentos que cada viernes reparten comida y bebida a personas sin hogar. En el Centro de Escucha que ofrece apoyo psicológico. En las monjas de distintas congregaciones que sostienen silenciosamente la vida parroquial.


La libertad cristiana no se construye aislándose, sino donándose.




UN BASTIÓN FRENTE A LA VIOLENCIA

Castro Pretorio aparece con frecuencia en las crónicas policiales. Violencia, tráfico ilícito, prostitución. El Papa no lo ocultó. Lo nombró. Pero no para condenar desde lejos, sino para proponer un antídoto: cercanía y caridad.


“Cercanía” y “caridad” fueron las palabras repetidas como barreras frente al mal. No muros de exclusión, sino murallas de amor. Ser “bastión de proximidad” significa que cada creyente está llamado a convertirse en punto de apoyo, en refugio, en puerto de tierra firme.


La Iglesia, dijo en los hechos, no perpetúa penurias. Al contrario, previene conflictos ofreciendo algo más profundo que comida o alojamiento: dignidad.









UNA LLAMA PEQUEÑA QUE CALIENTA EL ALMA

Cuando León XIV partió hacia el Vaticano para el Ángelus en la Plaza de San Pedro, muchos permanecieron en el patio.


Algunos con una pequeña llama interior para calentarse. Otros con suficiente batería para hacer una llamada. “El Papa estaba allí”, podían decir.

Quizás lo más impactante no fue el discurso, sino el detalle final: el cargador que colgaba entre los confesionarios ya no estaba. Alguien lo había desenchufado y guardado en el bolsillo.


Un gesto mínimo. Una chispa de autonomía. La posibilidad de llamar a casa. Dondequiera que esté. Quienquiera que conteste.


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LA IGLESIA COMO HOGAR EN UN MUNDO FRAGMENTADO

La visita a la parroquia del Sagrado Corazón no fue una parada protocolar. Fue un manifiesto pastoral.


En una ciudad donde miles llegan y se van cada día, donde algunos no quieren perder el tren y otros no tienen destino, el Papa dejó claro que la Iglesia debe ser hogar.


No solo refugio espiritual, sino espacio concreto de acogida. Un lugar donde el que no tiene nada encuentre algo más que asistencia: encuentre rostro, nombre y abrazo.


La caridad, para León XIV, no es estrategia social. Es el modo en que el Evangelio se vuelve carne en medio del asfalto.


Pedro Kriskovich

UN DESAFÍO QUE TRASPASA ROMA

Lo ocurrido en Castro Pretorio no es solo una historia romana. Es un espejo.


En cada ciudad latinoamericana, en cada barrio atravesado por desigualdades, se repite la misma escena: trenes que parten, vidas que esperan, oportunidades y heridas coexistiendo.


El llamado del sucesor de Pedro es claro: no mirar hacia otro lado. No acostumbrarse a la violencia ni resignarse a la indiferencia.


Ser levadura. Ser bastión. Ser proximidad.


En un tiempo marcado por el individualismo y el miedo, León XIV propone una revolución silenciosa: que cada comunidad cristiana sea corazón que late, manos que sostienen, puerta que se abre.


En medio del caos contemporáneo, el mensaje es tan simple como exigente: la Iglesia será creíble en la medida en que sea caridad.


Y quizás, en ese cargador que alguien guardó en el bolsillo para volver a llamar a casa, se esconda la imagen más poderosa de esta jornada: un pequeño gesto que devuelve esperanza.


Un corazón que, incluso en la estación más agitada, sigue latiendo.

EN MEDIO DEL CAOS, EL PAPA LANZÓ UN DESAFÍO: QUE LA IGLESIA SEA BALUARTE DE CARIDAD

EN MEDIO DEL CAOS, EL PAPA LANZÓ UN DESAFÍO: QUE LA IGLESIA SEA BALUARTE DE CARIDAD

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