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El Tesoro Escondido de la Cuaresma: La Indulgencia Plenaria que Pocos Aprovechan los Viernes

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 3 horas
  • 3 Min. de lectura
Cada viernes de Cuaresma la Iglesia abre un tesoro espiritual que pocos conocen: una indulgencia plenaria ante un crucifijo, después de comulgar. No es superstición ni mito antiguo. Es una oportunidad real de misericordia… que casi nadie aprovecha.
Ante un simple crucifijo, en el silencio de un viernes de Cuaresma, la Iglesia abre un tesoro de misericordia que puede liberar el alma y transformar la eternidad.
Ante un simple crucifijo, en el silencio de un viernes de Cuaresma, la Iglesia abre un tesoro de misericordia que puede liberar el alma y transformar la eternidad.

Mientras millones cambian el menú los viernes de Cuaresma y evitan la carne, existe un tesoro espiritual que pasa casi desapercibido. No cuesta dinero. No requiere viajes. No exige grandes gestos públicos. Y, sin embargo, puede cambiar eternamente el destino de un alma.


Se trata de la indulgencia plenaria que la Iglesia concede los viernes de Cuaresma a quienes recen una oración ante un crucifijo después de comulgar.


Sí. Así de concreto. Así de profundo.









¿QUÉ ES UNA INDULGENCIA PLENARIA?

La palabra suena antigua, lejana, incluso polémica para algunos. Pero el Manual de las Indulgencias es claro: una indulgencia plenaria es la remisión total ante Dios de la pena temporal por los pecados ya perdonados en cuanto a la culpa.


Es decir: el pecado fue confesado y absuelto. Pero aún quedan consecuencias espirituales, esa “purificación” que la tradición llama pena temporal. La indulgencia plenaria borra completamente esa deuda.


Puede aplicarse a uno mismo… o a un difunto que esté en el purgatorio.


En otras palabras: es un acto de misericordia que alcanza incluso más allá de esta vida.


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LA PRÁCTICA QUE CASI NADIE CONOCE

Muchos saben que rezar el Vía Crucis o participar en adoración eucarística puede conceder indulgencias. Pero pocos conocen esta posibilidad concreta: El fiel que rece piadosamente la oración “Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús” ante un crucifijo, después de la Comunión, en cualquier viernes de Cuaresma, puede obtener indulgencia plenaria.


No es una fórmula mágica. No es superstición. Es un acto de fe profundo: arrodillarse ante Cristo crucificado y contemplar sus llagas.

La oración dice: “Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús: en tu presencia me postro de rodillas…”.


No es una repetición mecánica. Es una súplica que pide algo radical: que Cristo imprima en el corazón fe, esperanza, caridad, verdadero dolor por los pecados y propósito firme de enmienda.


Es una oración que obliga a mirar la Cruz… y dejarse mirar por ella.


LAS TRES CONDICIONES QUE MUCHOS OLVIDAN

Pero aquí está el detalle que muchos desconocen: la indulgencia plenaria no se obtiene automáticamente.


La Iglesia establece tres condiciones habituales:

• Confesarse

• Comulgar

• Orar por las intenciones del Papa


Además, se requiere estar completamente desapegado del pecado, incluso venial.


Si falta esa disposición interior, la indulgencia será parcial.


Y aquí se revela el verdadero desafío: no es solo recitar palabras. Es vivir conversión real.










¿POR QUÉ ES TAN IMPORTANTE?

La Cuaresma es el tiempo del arrepentimiento. Es el camino hacia la Pascua. La Iglesia, como madre, abre tesoros de gracia en estos 40 días.


Mientras el mundo corre detrás de lo visible, la Iglesia ofrece algo invisible… pero eterno.

Una indulgencia plenaria no es un “premio espiritual”. Es un regalo que brota de la Pasión de Cristo. Es aplicar a nuestra alma los méritos infinitos de la Cruz.


Y sin embargo, muchos católicos atraviesan la Cuaresma sin saber que cada viernes puede convertirse en una oportunidad extraordinaria.


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UN TESORO QUE NO DEBERÍA DESPERDICIARSE

En tiempos donde se habla de crisis, de guerra, de incertidumbre, la Iglesia recuerda algo contracultural: la eternidad existe. El purgatorio existe. La misericordia también.


Cada viernes de Cuaresma, ante un simple crucifijo, después de la Comunión, un alma puede ser liberada completamente de la pena temporal.


No es superstición. Es doctrina viva.


Mientras algunos discuten si ayunar o no, mientras otros reducen la Cuaresma a un cambio de dieta, la Iglesia susurra algo mucho más grande: Hay un tesoro de misericordia disponible.


La pregunta no es si existe. La pregunta es: ¿Lo vamos a aprovechar? Porque la Cruz no solo se contempla. La Cruz salva.


Y en cada viernes de Cuaresma, Cristo vuelve a ofrecer, en silencio, una puerta abierta hacia la libertad total del alma.


No desperdiciemos este regalo.

El Tesoro Escondido de la Cuaresma: La Indulgencia Plenaria que Pocos Aprovechan los Viernes

El Tesoro Escondido de la Cuaresma: La Indulgencia Plenaria que Pocos Aprovechan los Viernes

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