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El Silencio que Aterroriza al Infierno: Por Qué la Iglesia Calla Antes de Navidad

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • 17 dic 2025
  • 4 Min. de lectura
Mientras el mundo grita consumo y urgencia, la Iglesia elige callar. No por debilidad, sino por estrategia espiritual. El Adviento no es ruido previo a Navidad: es silencio, combate interior y preparación para que Dios vuelva a nacer.
Contemplación en búsqueda de Dios
El silencio no es miedo, negación... es contemplación, es buscar el espacio para escuchar a Dios.

Diciembre grita. La Iglesia, en cambio, calla. Y ese gesto, que parece débil para el mundo moderno, es en realidad un acto de guerra espiritual: el Adviento no es decoración previa a la Navidad, es combate interior.


El ruido es el mejor anestésico del alma: tapa preguntas, apaga culpas, distrae del sentido. Por eso el consumismo necesita volumen, velocidad y urgencia. La Iglesia propone lo contrario: detenerse, bajar el ritmo, escuchar. No es silencio vacío. Es silencio que revela.







EL ADVIENTO NO ES “LINDO”: ES INCÓMODO, PROFUNDO Y DESARMANTE

El Adviento no está pensado para decorar la vida, sino para desordenarla por dentro. No es un tiempo amable ni cómodo: es una espera tensa, silenciosa, casi incómoda. Una espera que obliga a detenerse cuando todo alrededor empuja a correr. A mirar hacia adentro cuando el mundo exige distracción permanente.


Es aceptar que hay un hueco que no se llena con compras, luces, agendas saturadas ni entretenimiento constante. Ese vacío duele porque desenmascara una verdad que preferimos esquivar: el corazón humano no fue creado para la dispersión ni para el ruido, sino para la plenitud. Y toda plenitud verdadera comienza con una falta reconocida.


Por eso incomoda. Porque nos enfrenta a lo que no funciona, a lo que no alcanza, a lo que está roto por dentro. No anestesia la espera: la intensifica. No ofrece soluciones rápidas: deja al descubierto el deseo profundo que ninguna cosa puede saciar.


La Iglesia lo sabe. Y por eso no tapa ese silencio con frases bonitas, ni lo rellena con optimismo superficial. No apura la Navidad. No adelanta la fiesta. Deja que el silencio hable, que la espera queme, que el vacío interpele. Porque solo un corazón que reconoce su noche puede recibir la Luz.


El Adviento no es un tiempo para sentirse bien. Es un tiempo para volverse verdadero.

CASA BETANIA

POR QUÉ EL INFIERNO ODIA EL SILENCIO

El ruido mantiene al hombre en la superficie. El silencio lo hunde en la verdad. Y tarde o temprano, en esa verdad, aparece Dios.


El infierno teme el silencio porque en la pausa vuelven la conciencia, la memoria, la sed de sentido. Y cuando el corazón despierta, el mal pierde su terreno favorito: la distracción.


Antes del nacimiento de Cristo hubo siglos de espera. Antes de la Resurrección, una tumba sellada. Dios no se impone como espectáculo: se revela en la quietud.


Los santos lo supieron: el silencio no es ausencia, es presencia en preparación.



CALLAR ES RESISTIR: LA NAVIDAD NO ENTRA EN UN CORAZÓN LLENO

En un mundo que grita, callar es un acto de resistencia espiritual. No es pasividad ni evasión: es lucha. La Iglesia calla antes de Navidad porque sabe algo que el ruido moderno quiere ocultar: Dios no nace donde todo está ocupado. No entra en corazones saturados de opiniones, pantallas, consumo, agendas y autosuficiencia.


El silencio no es vacío estéril. Es espacio disponible. Y para que Dios se acerque, primero hay que hacer lugar. El problema no es la falta de fe, sino la falta de espacio interior. El corazón moderno está lleno… pero lleno de cosas que no salvan.


Por eso el Adviento no invita a sumar, sino a desocupar. A bajar el volumen del mundo para escuchar lo esencial. A cortar con la inflación de palabras que anestesian el alma. A permitir que la conciencia vuelva a hablar sin filtros ni distracciones.


Ese espacio no se abre con técnicas, sino con gestos concretos y exigentes: silencio real, oración sincera, examen honesto de vida, reconciliación verdadera. No como ritual vacío, sino como cirugía espiritual. Porque donde no hay conversión, no hay pesebre.


Callar es resistir al mercado que quiere una Navidad sin Dios. Resistir al optimismo obligatorio. Resistir a la mentira de que todo está bien cuando el corazón sabe que no lo está.


Y no se trata de “menos vida”. Se trata de vida verdadera. La que nace cuando el corazón deja de estar lleno… para finalmente ser habitado.

Pedro Kriskovich

LA ESPERA QUE SE VUELVE LUZ

Adviento no es tristeza: es esperanza con los dientes apretados. Es caminar en la noche sin rendirse, confiando en que la luz llega. Y cuando llega, ya no es un evento social más: es una irrupción.


Porque solo quien atravesó el silencio puede reconocer, en un pesebre pobre, la Voz que cambia la historia.



LA PREGUNTA QUE NADIE QUIERE

A siete días de Nochebuena, la pregunta es brutal y simple: ¿Hay silencio en tu casa… o solo ruido?

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