El Sacerdote que Murió… y Volvió del Cielo por el Padre Pío
- Canal Vida

- 22 jul
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Fusilado en Argelia, declarado muerto y abandonado entre cadáveres… pero volvió. Lo que vio en el más allá y lo que le dijo el Padre Pío marcaron su vida para siempre. ¿Milagro, delirio o visita celestial?

Fue asesinado a tiros en plena guerra. Su cuerpo yacía bañado en sangre. Pero volvió a la vida. Y lo que contó dejó al mundo entero sin aliento.
Jean Derobert no era un sacerdote cualquiera. Era hijo espiritual del mismísimo Padre Pío de Pietrelcina, el santo de los estigmas, de los milagros imposibles, de los corazones leídos como libros abiertos. Y cuando el infierno de la guerra lo alcanzó en Argelia, no fue una bala lo que escribió el último capítulo de su vida… sino un milagro de otro mundo.
UNA EJECUCIÓN... Y EL SILENCIO
Año 1958. Argelia arde en guerra. Derobert, sacerdote y capellán militar francés, es capturado por un comando del Frente de Liberación Nacional. Lo arrastran junto a otros soldados hacia una puerta. Allí, sin juicio, sin palabras, los fusilan. Uno a uno. Las balas atraviesan su cuerpo.
Y sin embargo… no fue el final.
En el instante mismo de su muerte, experimenta algo que muy pocos humanos vivieron: la descorporeización. Su alma abandona el cuerpo. Se ve a sí mismo tendido en el suelo, cubierto de sangre, al lado de sus compañeros caídos. Y empieza a elevarse. Hacia la luz.

EL TUNEL... Y LOS ROSTROS DEL MÁS ALLÁ
El presbítero relató haber atravesado un túnel en espiral. Alrededor, aparecían rostros. Primero oscuros, sombríos, confundidos. Pero a medida que ascendía, los rostros se volvían luminosos, llenos de paz. Rostros de santos.
Y de pronto, el tiempo dejó de existir. Se encontró en la casa de sus padres, dormidos en Annecy, Francia. Observó incluso que habían movido un mueble. Días después, escribiría a su madre preguntando por eso. Su respuesta fue: “¿Cómo lo sabes?”.
LA MISIVA
Horas antes de su fusilamiento, Derobert había recibido una carta del Padre Pío. En ella, dos líneas garabateadas por la mano santa: “La vida es una lucha, pero conduce a la luz”.
Subrayada dos o tres veces. Un presagio. Una promesa. Una profecía.

EL PARAÍSO EXISTE... Y LO VIO TODO
En su ascenso, vio cosas que nadie jamás describió con tanta precisión. Un “paisaje azul, sin sol, porque el Señor los alumbraba”, como dice el Apocalipsis. Flores desconocidas en la Tierra. Personas de todas las edades, pero con un mismo aspecto: la juventud eterna del Cielo.
Siguió ascendiendo… y dejó de tener forma humana. Se convirtió en lo que llamó “una gota de luz”. Rodeado de otras gotas que comprendió eran los Apóstoles. San Pedro. San Pablo. Juan. Y entonces… la Reina.
Entre todas las luces, una brillaba más. Una mujer de belleza inenarrable, envuelta en un manto de luz: María Santísima. Le sonrió con un amor que no necesitaba palabras.
Y detrás de ella, estaba Jesús. Más allá, una luz infinita: el Padre Eterno.
“Allí sentí la satisfacción total de todos mis deseos”, escribió, y señaló: “Conocí la dicha perfecta”.

VOLVER DEL UMBRAL... CON UNA MISIÓN
Y de golpe, el Cielo se cerró. Jean despertó en la tierra. Su cuerpo intacto. Su ropa agujereada por las balas. Su rostro en el polvo, entre cadáveres. Sangre por todos lados… menos dentro de él.
El comandante del ejército gritó: “¡Milagro!”.
Volvió. Para contar lo que vio. Para testimoniar que el Cielo existe. Que la muerte no es el final. Y que el Padre Pío… intercede por sus hijos.

EL PAPA, LOS PENSAMIENTOS Y LA OTRA DIMENSIÓN
Durante su experiencia extracorporal, también vio al Papa Pío XII. Conversaron sin palabras, intercambiando pensamientos. Todo ocurría “fuera del tiempo”, pero era más real que la vida misma.
Pudo ver, comprender y “existir” en un nivel espiritual total. Su cuerpo estaba muerto. Pero su alma jamás estuvo tan viva.

EL ENCUENTRO CON EL SANTO
Tiempo después, viajó a Italia y visitó San Giovanni Rotondo. Padre Pío lo reconoció desde lejos. Le hizo un gesto, lo abrazó… y le dijo: “¡Ay! ¡Cuánto me has hecho pasar! ¡Pero lo que viste fue muy bello!”.
Ni una palabra más. Porque todo ya estaba dicho en el Cielo.
SIN TEMOR A LA MUERTE
Jean Derobert murió definitivamente en 2013. Pero vivió el resto de su vida con una paz total. Predicaba. Escribía. Rezaba. Y siempre repetía: “Ya no temo a la muerte. Porque sé lo que hay al otro lado”.

¿Y SI ESTE TESTIMONIO FUERA PARA VOS?
No, esto no es ficción. No es una leyenda. Fue incorporado como testimonio oficial en el proceso de canonización del Padre Pío, quien fue declarado santo por el Papa Juan Pablo II en 2002.
Millones siguen hoy rezándole. Pidiéndole milagros. Y miles relatan experiencias inexplicables. Pero lo que vivió Jean Derobert fue algo más: una visita guiada al Cielo. Un recordatorio de que la fe no es un consuelo… es una certeza.

UN GRITO DESDE EL MÁS ALLÁ
Este sacerdote fue fusilado. Murió. Subió al Paraíso. Vio a la Virgen, a Jesús, a los santos. Y volvió con una misión: contarlo.
Si estás dudando, si estás perdido, si sentís que el mundo se derrumba… escuchá a Jean Derobert. Leé su testimonio. Rezá al Padre Pío...
Porque tal vez, lo que viste hoy, es la señal que estabas esperando.









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