El Papa clama por Gaza: “¡Basta de sangre, urge un amanecer de paz!”
- Canal Vida

- 18 sept
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En medio del horror en Gaza, León XIV alzó su voz desde San Pedro: pidió alto el fuego inmediato, liberación de rehenes y respeto a la dignidad humana. Su mensaje estremeció a miles y se volvió súplica global de paz.

La plaza de San Pedro volvió a estremecerse. Con voz firme y mirada dolorida, León XIV lanzó este miércoles un dramático llamado al mundo: detener la guerra en Gaza. “Renuevo mi llamamiento al alto el fuego, a la liberación de los rehenes y al pleno respeto del derecho internacional humanitario”, proclamó ante una multitud conmovida.
UN GRITO CONTRA EL HORROR
Mientras Israel intensifica lo que llama la “fase final” de su ofensiva, con decenas de muertos y miles de civiles huyendo sin rumbo, la voz del Papa atravesó el estruendo de los bombardeos. “Toda persona tiene siempre una dignidad inviolable”, recordó, denunciando que hombres, mujeres y niños sobreviven en condiciones que calificó de “inaceptables”.
El Pontífice no habló en abstracto: está en contacto diario con el párroco argentino de Gaza, el padre Gabriel Romanelli, quien resiste junto a 450 refugiados en la iglesia de la Sagrada Familia. “Hay que buscar realmente otra solución”, dijo León XIV, visiblemente conmovido, aludiendo al “éxodo forzado” de una población que ya no tiene adónde ir.

LA ESPERANZA COMO BANDERA
“Un amanecer de paz”, imploró el Santo Padre. Frente a la plaza abarrotada, alzó la mirada al cielo y condenó la brutalidad de la guerra: “Dios mandó no matarás, y su palabra sigue siendo ley de vida”.
León XIV no solo exigió el alto al fuego inmediato, también pidió negociaciones sinceras y valentía política para detener la espiral de odio. El mensaje fue claro: la violencia solo engendra más violencia.
EL ECO EN EL CORAZÓN DEL MUNDO
La súplica del Papa se escuchó más allá de Roma. Su llamado resuena como advertencia profética: la sangre de los inocentes clama justicia. Y mientras los poderosos miden fuerzas, León XIV recordó que la verdadera fortaleza no está en las armas, sino en la paz que se construye con dignidad y esperanza compartida.
Un mensaje que, más que político, se convirtió en un acto de fe: el grito de un pastor que no quiere que Gaza se convierta en un cementerio de la humanidad.









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