El Obispo que Hablaba con los Espíritus… y Terminó Exorcizando un Concilio
- Canal Vida

- 5 jun
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San Bonifacio enfrentó a hechiceros, reyes y demonios invisibles. Evangelizó con la Biblia en una mano… y una espada en la otra. Lo mataron por predicar, pero su muerte provocó conversiones masivas. Su historia sigue estremeciendo al mundo.

Lo arrastraron, lo golpearon y lo asesinaron como a un delincuente. Pero no había robado nada. Su único “crimen” fue predicar el Evangelio. San Bonifacio, el obispo que hablaba con espíritus, enfrentó el mal en su forma más brutal… y no retrocedió.
Mientras los paganos adoraban árboles encantados y ofrecían sacrificios humanos, él plantaba cruces, rompía ídolos y rezaba con una fuerza que parecía venir del cielo. Decían que tenía visiones. Que cuando hablaba, los demonios huían. Lo llamaban loco, pero era un soldado de Dios.
El día que lo mataron, 5 de junio de 754, estaba celebrando una misa en el bosque. Sabía que lo iban a atacar. Se negó a huir. Abrió el Evangelio y dejó que lo atravesaran las espadas. Su sangre cayó sobre el altar… y la historia del cristianismo cambió para siempre.
UN HOMBRE QUE ESCUCHABA VOCES
Bonifacio no era un obispo cualquiera. Quienes lo conocieron dijeron que hablaba con los espíritus. Y no como un médium de feria. Él los desafiaba. Veía los rostros escondidos detrás de los ídolos paganos y los llamaba por su nombre. "Tú no eres dios, eres mentira", gritó una vez frente a un árbol sagrado donde se hacían sacrificios humanos. Luego tomó un hacha y lo derribó.
Lo que ocurrió después fue temido por siglos: los vientos cambiaron de rumbo, los animales huyeron del bosque, y algunos testigos aseguraron que se escuchó un grito que venía del subsuelo.
Bonifacio no se inmutó. Bendijo el lugar y colocó una cruz. Desde ese día, comenzó a llamarse "El Exorcista de los Bosques".

EL OBISPO QUE EXORCIZÓ A UNA IGLESIA
La misión de Bonifacio no era solo convertir a paganos. También tenía que limpiar la Iglesia. Algunos clérigos de la región vivían en concubinato, otros comerciaban reliquias falsas, y muchos habían mezclado ritos cristianos con supersticiones.
Bonifacio los enfrentó en un concilio local. Dicen que entró con una Biblia en una mano y una rama de olivo en la otra. "Esto es la paz", dijo. "Pero si no quieren paz, vendrá la espada del Espíritu", aseguró.
En medio del concilio, uno de los obispos comenzó a convulsionar. Bonifacio se acercó, le impuso las manos y oró. El hombre cayó al suelo y comenzó a gritar nombres en lenguas extrañas. Todos huyeron. Menos Bonifacio. Esa tarde, limpió la diócesis con oración, lágrimas y verdad. Y se ganó enemigos que jamás olvidaron su osadía.

EL VIAJE SIN RETORNO
A pesar de su edad, Bonifacio pidió permiso para seguir misionando en tierras aún más hostiles. Le advirtieron que era una locura. Él respondió: "Cristo también fue a Jerusalén sabiendo que lo matarían". En sus últimos días, predicó entre tribus que aún creían en sacrificios humanos y espíritus del agua.
La mañana de su martirio, Bonifacio celebró misa en una aldea lejana. Luego, un grupo armado lo rodeó. Le exigieron que renunciara a su fe. Él abrió el Evangelio y dijo: "Aquí está mi única espada". Lo apuñalaron mientras sostenía las Escrituras. Su sangre empapó las páginas.

LOS MILAGROS DESPUÉS DE LA MUERTE
A los pocos días, comenzaron los milagros. Una mujer estéril dio a luz tras tocar la Biblia ensangrentada. Un guerrero ciego recuperó la vista al rezar en su tumba. Y varios de sus asesinos, atormentados por sueños y voces, se convirtieron y pidieron ser bautizados.
Hoy, san Bonifacio es patrono de Alemania y símbolo del poder que tiene la fe cuando no se arrodilla ante el miedo. Su cráneo, aún conservado como reliquia, muestra una profunda marca: la del golpe final que recibió. Pero en sus labios, los expertos creen ver una ligera curva. Como si hubiera sonreído al morir.

UNA VOZ PARA LOS EXORCISTAS DE HOY
En tiempos donde el mal espiritual se disfraza de ideología, de consumo o de nihilismo, Bonifacio resurge como un modelo incómodo. No buscó agradar. No pactó. Y por eso, su figura incomoda tanto a los que quisieran una Iglesia silenciada.
Cada 5 de junio, se recuerda su valentía. Pero pocos saben que en algunos seminarios europeos, aún se lee su testamento espiritual: una carta escrita poco antes de morir, donde advierte: "No le teman a los demonios, teman al silencio del bien".
Y tal vez por eso, mientras los mártires modernos mueren olvidados, Bonifacio sigue hablando. Sigue gritando. Y sigue exorcizando una Iglesia que muchas veces olvida su vocación profética. Que no calle su voz.









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