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El Obispo que Carga la Cruz para que Nadie se Quede sin Evangelio

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 20 horas
  • 2 Min. de lectura
Camina durante días por selvas y ríos, duerme a la intemperie y carga una cruz para que nadie quede fuera del Evangelio. La historia real del obispo que decidió llevar a Cristo hasta los rincones donde nadie llega.
El hombre con la Cruz acuesta... No es una promesa... Es un obispo que decidió hacer carne las palabras del Papa Francisco de una Iglesia de salida, junto a los necesitados. Monseñor Gerardo Román Arias camina durante días por lugares inhóspitos para poder llevar la Palabra de Dios a todos los rincones de Costa Rica.
El hombre con la Cruz acuesta... No es una promesa... Es un obispo que decidió hacer carne las palabras del Papa Francisco de una Iglesia de salida, junto a los necesitados. Monseñor Gerardo Román Arias camina durante días por lugares inhóspitos para poder llevar la Palabra de Dios a todos los rincones de Costa Rica.

No hay cámaras, no hay alfombras rojas ni discursos preparados. Hay selva espesa, ríos crecidos, barro hasta las rodillas y noches a la intemperie. Allí camina monseñor Javier Gerardo Román Arias, obispo de la diócesis de Limón, en Costa Rica, cargando una gran cruz de madera sobre sus hombros. No es un símbolo vacío: es su forma concreta de llevar a Cristo donde nadie llega.


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Desde 2015, este pastor de origen campesino y formación salesiana recorre a pie los rincones más inhóspitos de su jurisdicción eclesial. Selvas cerradas, montañas abruptas y comunidades indígenas —como los pueblos Bribrí y Cabécar de la Alta Talamanca— que viven aisladas, sin caminos, sin electricidad y muchas veces sin agua potable. Para llegar hasta ellos, no hay otra opción que caminar durante horas… o días.


En algunos trayectos, el acceso implica hasta cinco jornadas completas a pie. Allí, el obispo duerme en el suelo, cruza ríos caudalosos y comparte la precariedad de quienes no pueden “ir a la Iglesia”. Entonces hace lo impensado: lleva la Iglesia hasta ellos.









Su misión no es un gesto romántico ni una puesta en escena. Es la encarnación de una Iglesia pobre, cercana, que no espera detrás de los muros. Inspirado en el llamado del Papa Francisco —“una Iglesia que no sea pobre no puede ser cristiana”—, el prelado camina con los olvidados y carga la cruz para que nadie se sienta excluido del amor de Dios.


Donde llega, no solo predica. Escucha, acompaña, sostiene, defiende la dignidad humana y cura heridas del cuerpo y del alma. Su vida se vuelve Evangelio vivo.

Cuando el cansancio llega, el obispo se recuesta en el camino para descansar y luego retomar por la senda de la evangelización.
Cuando el cansancio llega, el obispo se recuesta en el camino para descansar y luego retomar por la senda de la evangelización.

Ver a un obispo atravesar la selva con una cruz al hombro es una imagen que sacude. Es la Iglesia que sale, que se desgasta, que ama de verdad. Una Iglesia que camina… incluso cuando el camino parece imposible.

El Obispo que Carga la Cruz para que Nadie se Quede sin Evangelio



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