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El Niño que No Quiso a Marvel… y Soñó con el Cielo

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 3 minutos
  • 2 Min. de lectura
En su sexto cumpleaños, Pedro no eligió superhéroes de moda. Eligió santos. Su festejo, sencillo y profundamente espiritual, conmovió a miles y dejó una pregunta: ¿qué modelos estamos regalando hoy a nuestros hijos?
El niño de los santos
Pedro y su amor por los santos.

En la mañana de su sexto cumpleaños, Pedro no despertó rodeado de superhéroes ni de capas de colores. No hubo Avengers, ni máscaras, ni muñecos de moda. Hubo algo mucho más extraño para el mundo… y profundamente luminoso para el Cielo.


Al abrir la puerta de su habitación, el pequeño se encontró con un pasillo transformado en una procesión silenciosa de fe: imágenes de los santos Francisco de Asís, Padre Pío, Francisco Marto, Tarsicio y Carlo Acutis, todos acompañados por globos azules, como si los santos hubieran bajado —por un instante— a celebrar con él.


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La escena, preparada por su madre, Gilda Passarela, no solo conmovió al niño. Conmovió a miles.


“Pedro es un niño muy apegado a las cosas de Dios”, contó su mamá. “Cuando le pregunto cuál es su mayor sueño, me responde sin dudar: ‘¡ser santo!









Ese deseo simple, casi ingenuo, desarmó a una cultura que suele enseñar a los chicos a admirar poderes ficticios, mientras olvida la grandeza silenciosa de la santidad real. Por eso Gilda decidió algo distinto: que su hijo sintiera que el Cielo también festejaba. Y lo logró.



Pedro avanzó lentamente por el pasillo, sin palabras. Sus ojos brillaban. Su corazón también. El video se volvió viral porque tocó una fibra profunda: recordó que la santidad no es cosa del pasado, ni de adultos perfectos, ni de historias lejanas. Es posible. Empieza en casa.



Pedro, además, ya vive su fe con hechos. Es monaguillo. Sirve en el altar con alegría. Para él, estar cerca de Jesús no es un ritual de domingo: es parte de la vida cotidiana.



Mientras muchos niños sueñan con salvar al mundo desde una pantalla, él sueña con algo más alto: amar como los santos.


Y sin saberlo, ya está evangelizando.

El Niño que No Quiso a Marvel… y Soñó con el Cielo



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