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El Milagro que Cambió la Historia: A 20 Años de la Curación que Abrió los Altares a Juan Pablo II

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 2 días
  • 4 Min. de lectura
A veinte años de una madrugada que la ciencia no pudo explicar, una monja con Parkinson despertó sin síntomas tras rezar a Juan Pablo II. El hecho cambió su vida… y abrió definitivamente el camino del Papa polaco a los altares.
Marie Simon-Pierre, religiosa francesa, fue diagnosticada con Parkinson a los 39 años. Dos meses después de la muerte de Juan Pablo II, despertó sin síntomas de la enfermedad. Su curación, considerada científicamente inexplicable, fue investigada por el Vaticano y abrió el camino del Papa polaco hacia los altares.
 Marie Simon-Pierre transporta la reliquia de Juan Pablo II en la ceremonia de beatificación del "Papa peregrino" que se celebró el 1 de mayo de 2011.

A las 4:30 de la madrugada, cuando el mundo dormía, ocurrió algo que la medicina no pudo explicar y la Iglesia nunca olvidó. Para Marie Simon-Pierre (63), religiosa francesa, esa hora marcó un antes y un después. Para la historia de la fe, fue el comienzo del camino definitivo que llevó a Juan Pablo II a los altares.


Me levanté de un salto… no reconocía mi cuerpo”, contaría luego. Quien vive con Parkinson sabe que esa frase parece imposible: levantarse rápido, moverse con agilidad, sentir el cuerpo “flexible”, como si una rigidez interna hubiera desaparecido de golpe.









LA ENFERMEDAD QUE LE ROBABA TODO

A Marie le diagnosticaron Parkinson en 2002, cuando tenía 39 años. La enfermedad avanzó, pese a los tratamientos. Temblor, rigidez, dolores, insomnio. La parte izquierda del cuerpo estaba cada vez más afectada —y ella era zurda—, por eso escribir se volvía una tortura y, con el tiempo, una imposibilidad.


Su trabajo en maternidad quedó atrás. Tuvo que pasar a tareas administrativas. Conducir era cada vez más difícil: la pierna izquierda se bloqueaba. Su vida empezaba a cerrarse, como le pasa a tantos enfermos cuando el cuerpo deja de responder.



“TENÍA LA MISMA ENFERMEDAD QUE JUAN PABLO II”

Pero en esa cruz había un vínculo misterioso. Marie repetía que se sentía muy cercana espiritualmente a Juan Pablo II: él también padecía la misma enfermedad. Lo veía, rezaba por él, lo acompañaba desde la distancia. Y, con el tiempo, empezó a pedir una gracia concreta: “que me curara a través de su intercesión”.


No era una idea abstracta. Era una súplica nacida del dolor real, cotidiano, físico. Y también de una convicción: Juan Pablo II entendía esa lucha desde adentro.


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LA MUERTE DEL PAPA… Y UN VACÍO QUE QUEMABA

Juan Pablo II murió el 2 de abril de 2005. Marie describió ese momento como si le hubieran arrancado algo: había perdido “al amigo que me entendía”. En los días siguientes sintió un vacío enorme, pero a la vez hablaba de una certeza interior: su presencia viva no había terminado.


Mientras tanto, la Iglesia abría el proceso de beatificación. En Francia y África, su congregación comenzó a rezar específicamente por la curación de Marie por intercesión de Juan Pablo II.



LA PLUMA, EL NOMBRE… Y LA LETRA ILEGIBLE

El 2 de junio de 2005, Marie estaba al límite. No podía más. Fue a pedir a su superiora que la dejara descansar: su cuerpo ya no respondía. La superiora le dio una pluma y le pidió que escribiera un nombre: “Juan Pablo II”.


Con esfuerzo, lo escribió. Pero la letra era totalmente ilegible. Se quedaron en silencio frente a esa evidencia: el Parkinson estaba ganando.









“JUAN PABLO II NO DIJO SU ÚLTIMA PALABRA”

Esa frase quedó flotando. Horas después, antes de irse a dormir, Marie sintió un impulso interior: volver a tomar la pluma y escribir otra vez. Y entonces ocurrió el primer golpe de asombro: la letra era clara y legible.


Se acostó sin entender. Durmió. Y ahí llegó la madrugada que hizo historia.



4:30: EL CUERPO NUEVO

Marie despertó a las 4:30 y —según su propio testimonio— se levantó “de un salto”. No había rigidez. No había ese peso que ata los movimientos. Sentía una fuerza interior difícil de describir. Y lo primero que hizo fue ir a rezar ante el Santísimo Sacramento.


Allí dice que vivió una paz profunda y un bienestar que no venía de la euforia, sino de algo más hondo: una serenidad interior, como si el cuerpo y el alma hubieran sido tocados al mismo tiempo.


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EL SIGNO DEL CORAZÓN: UNA FECHA QUE IMPACTA

Era el 3 de junio, fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. Y el 4 de junio, la del Inmaculado Corazón de María. Dos celebraciones especialmente queridas por Juan Pablo II, profundamente mariano y eucarístico.


En la misa de esa mañana, Marie notó algo concreto: su brazo izquierdo se movía naturalmente. Caminaba con ligereza. Su mano ya no temblaba. Ese día dejó la medicación.


Marie Simon-Pierre, religiosa francesa, fue diagnosticada con Parkinson a los 39 años. Dos meses después de la muerte de Juan Pablo II, despertó sin síntomas de la enfermedad. Su curación, considerada científicamente inexplicable, fue investigada por el Vaticano y abrió el camino del Papa polaco hacia los altares.
Marie Simon-Pierre, religiosa francesa, fue diagnosticada con Parkinson a los 39 años. Dos meses después de la muerte de Juan Pablo II, despertó sin síntomas de la enfermedad. Su curación, considerada científicamente inexplicable, fue investigada por el Vaticano y abrió el camino del Papa polaco hacia los altares.

EL MÉDICO “SE QUEDÓ SIN HABLA”

El 7 de junio visitó a su neurólogo. La reacción fue contundente: el médico quedó sorprendido ante la desaparición total de los síntomas, incluso con la medicación suspendida. Más tarde, una comisión médica evaluó el caso y confirmó tanto el diagnóstico original como la curación, considerada científicamente inexplicable.



EL MILAGRO QUE ABRIÓ LOS ALTARES

Esta curación fue reconocida por el Vaticano como el primer milagro atribuido a la intercesión de Juan Pablo II, el que permitió su beatificación (paso previo a la canonización). Para Marie fue “un segundo nacimiento”. Para la Iglesia, una señal decisiva.


Veinte años después, aquella madrugada sigue ardiendo en la memoria: ¿qué pasa cuando la fe cruza el límite de lo posible? La historia no ofrece respuestas fáciles. Pero deja una certeza que no envejece: nada hay imposible para Dios.

El Milagro que Cambió la Historia: A 20 Años de la Curación que Abrió los Altares a Juan Pablo II

El Milagro que Cambió la Historia: A 20 Años de la Curación que Abrió los Altares a Juan Pablo II

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