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El Capellán Bajo el Fuego: Dios en los Sótanos de la Guerra

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • 22 jul 2025
  • 3 Min. de lectura
Mientras las bombas caen sobre Ucrania, un capellán camina entre los escombros con una misión: sostener la fe. En medio del miedo y el fuego, hay partos, rezos… y una resistencia que no se ve.
Ucrania
 Fe entre bombas: En un hospital ucraniano, el padre Rokhman bendice a madres, niños y médicos que resisten la guerra con oración. En medio del horror, el pasillo se convierte en santuario.

“Bajamos al sótano y mi hija no paraba de llorar. Tenía pánico. Y yo también… pero debía ser fuerte. Soy capellán. Soy padre. Soy hijo de un pueblo que resiste”, confiesa el padre greco-católico Yaroslav Rokhman desde el hospital perinatal de Ivano-Frankivsk, una ciudad que ayer fue blanco del mayor ataque aéreo sufrido desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania. 426 drones y 24 misiles llovieron sobre Kyiv, Kharkiv y su región. Pero no pudieron derribar la fe.

Casa Betania
EN MEDIO DEL INFIERNO

Mientras los proyectiles impactaban en supermercados, jardines de infantes y edificios residenciales, Yaroslav descendía a los refugios subterráneos del hospital con embarazadas a punto de dar a luz. Allí, entre paredes húmedas y el eco de los bombardeos, este sacerdote no levantaba banderas, sino oraciones. A veces un rezo. A veces solo silencio, pero cargado de presencia. Porque Dios no se ausenta ni siquiera cuando el infierno toca la puerta.


“El miedo es real, te atraviesa. Sentís el temblor de la tierra, el grito de una madre. Pero lo peor no es la explosión: es la impotencia. Saber que no podés proteger a todos. Ni siquiera a tus hijos”, relata. Aún así, a la mañana siguiente, con los ojos rojos de insomnio y la ropa aún manchada de polvo, no canceló la misa. Caminó hasta la iglesia. Y se sorprendió: había un embotellamiento de gente yendo a trabajar. Como si el cielo no hubiera estado a punto de caerse horas antes.

Pedro Kriskovich
SOSTÉN EN EL DOLOR

Mientras algunos niños mueren bajo las bombas y otros nacen en sótanos convertidos en salas de parto, el capellán sigue ahí, entre los extremos de la vida, con una cruz en el pecho y temblores en el alma. Su misión no es entender la guerra: es estar al lado del que tiembla.


No predica odio. Predica resistencia desde el amor: “La rabia me atraviesa como a todos. Pero no puedo dejar que me consuma. Si no transformamos el dolor en servicio, en oración, en manos, ¿qué nos queda?”.

Santería
LA NORMALIDAD EN EL CAOS

En una escena tan absurda como conmovedora, recuerda a un hombre barriendo su patio en la mañana del primer bombardeo del 2022: “Ese barrendero, sin saberlo, estaba haciendo un acto profético: defendía la normalidad como una forma de resistencia”.


Así también lo hacen sus fieles, como el pueblo de Vasiuchyn, que después de un misil que destruyó el campanario de su iglesia, no huyó. Se reunió en la plaza, rezó, y agradeció que nadie hubiera muerto. No fue una reacción de coraje político. Fue pura fe.


Mientras el mundo calcula muertos, armas y drones, hay una guerra más silenciosa en Ucrania: la lucha por no perder el alma. Y en esa batalla, los capellanes de hospital son los soldados del espíritu que desde los sótanos del miedo, con la cruz por escudo y la oración como trinchera, recuerdan que aún en el caos... Dios baja con ellos.



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