Dejaron el Glamour por Dios: Del Flash al Silencio Sagrado
- Canal Vida

- 14 oct
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Tres mujeres deslumbraron al mundo con su belleza y fama… hasta que escucharon una voz que cambió sus vidas. Del ruido al silencio: su historia conmueve y desconcierta al mundo del espectáculo.

Hay momentos en la vida donde todo se detiene. Ni los contratos millonarios, ni los flashes, ni las alfombras rojas pueden responder al vacío del alma. En ese abismo, tres mujeres hermosas, admiradas y famosas, decidieron hacer algo que el mundo no entiende: dejarlo todo por Dios.
Dolores Hart, Olalla Oliveros y Amada Rosa Pérez cambiaron el brillo de los reflectores por el resplandor de una fe viva. Tres nombres, tres destinos que rompen las leyes del éxito y del espectáculo.
DOLORES HART: LA ACTRIZ QUE BESÓ A ELVIS Y LUEGO A CRISTO
En Hollywood tenía todo: juventud, talento y la bendición del mismísimo Elvis Presley, con quien compartió su primer beso en pantalla en Loving You (1957). Dolores Hart —nacida Dolores Hicks— había firmado contratos millonarios y era la nueva promesa del cine estadounidense.
Pero mientras filmaba Francisco de Asís, interpretando a santa Clara, ocurrió lo inesperado: el papel se convirtió en profecía. Conoció al san Juan XXIII y cuando le dijo: “Soy la actriz que hace de Clara de Asís”, él respondió: “No, tú eres santa Clara”.

Aquella frase fue una semilla. En 1963, con apenas 24 años y un futuro asegurado, dejó la meca del cine y su compromiso matrimonial para ingresar en el convento benedictino de Regina Laudis, en Connecticut.
“Si escucharas lo que escucho”, respondió a quienes la llamaron loca. Desde entonces, vive en clausura, rodeada de silencio, pero también de una paz que ni toda la fama del mundo pudo darle.

OLALLA OLIVEROS: “EL SEÑOR NUNCA SE EQUIVOCA”
España la conoció como una modelo y actriz en ascenso. Olalla Oliveros protagonizó campañas publicitarias internacionales y películas, y caminó por las pasarelas más importantes de Madrid. Pero su vida cambió en un viaje a Fátima, Portugal, donde —según ella misma relató— tuvo una “experiencia sísmica del alma”.
Allí, en el santuario mariano, tuvo una visión: se vio a sí misma vestida de monja. Intentó huir de aquella imagen, pero la escena la perseguía incluso en sus sueños. “El Señor nunca se equivoca —dijo—. Me preguntó si lo seguiría, y no pude negarme”.
Dejó el mundo del espectáculo y se incorporó a la Orden y Mandato de San Miguel Arcángel, una asociación de fieles de derecho diocesano en España, donde vivió una etapa de vida semi-enclaustrada y oración. Sin embargo, años después, el Vaticano ordenó la disolución de esa orden. En 2023, la Santa Sede, a través del Dicasterio para los Laicos, explicó que se encontraron “irregularidades graves” en la estructura y funcionamiento de la asociación, lo que derivó en su cierre oficial.
Pese a esa disolución, Olalla mantuvo su fe firme. En entrevistas recientes, se la vio serena, afirmando que “una vocación no desaparece cuando una institución falla”. Hoy vive una vida discreta y consagrada, lejos de los flashes, pero cerca de Dios.
“Cambié los flashes por la luz de Cristo”, dijo alguna vez. “La fama no me llenaba, sólo el amor de Dios lo hizo”, aseguró.

AMADA ROSA PÉREZ: “AHORA VIVO EN PAZ”
Fue una de las modelos y actrices más famosas de Colombia. Portadas, pasarelas, novelas y programas de televisión hicieron de Amada Rosa Pérez un rostro adorado en todo el país. Pero detrás del maquillaje y las luces, su vida estaba quebrada.
En el punto más alto de su carrera, una enfermedad la obligó a detenerse: perdió parte de su audición y, con ella, el ruido del mundo. “Me sentí vacía, decepcionada, sumergida en placeres fugaces. Busqué respuestas y el mundo nunca me las dio”, confesó.
Aquella pérdida física fue el inicio de una ganancia espiritual. Amada experimentó un encuentro con Cristo y decidió dejarlo todo. No ingresó en una congregación, pero se unió a una comunidad mariana y comenzó a vivir según el Evangelio: “Antes siempre tenía prisa, estaba estresada y me enojaba fácilmente. Ahora vivo en paz. El mundo no me atrae, disfruto cada momento que el Señor me da”.
Hoy dedica su tiempo a la oración, a la formación espiritual y a hablar sobre la verdadera belleza. “Ser modelo es ser un referente —dice—. Y me cansé de ser modelo de superficialidad. Quiero ser modelo de dignidad, no de engaño”.

ENTRE EL RUIDO Y EL SILENCIO
Las tres historias tienen un punto común: escucharon una voz que el mundo moderno ignora. No fue una huida del éxito, sino una búsqueda más profunda. Todas entendieron que la fama pasa, pero el alma permanece.
En un mundo que valora la apariencia más que la verdad, sus decisiones son una bofetada al narcisismo contemporáneo. Son testimonios que recuerdan que la fe no es renuncia, sino plenitud; no es vacío, sino sentido.
Dolores Hart encontró a Cristo en la clausura. Olalla Oliveros lo encontró en el silencio de su vocación, aun en medio de pruebas. Amada Rosa Pérez lo encontró en el dolor, cuando el ruido se apagó.
Y todas descubrieron que Dios no pide menos… pide más.

EL MENSAJE DETRÁS DEL ESCÁNDALO
Cuando el Vaticano anunció la disolución de la Orden y Mandato de San Miguel Arcángel, muchos medios aprovecharon para cuestionar la fe de Olalla y de otras vocaciones. Pero lo que pocos contaron es que la Iglesia no condenó a las personas, sino una estructura mal administrada.
El propio Dicasterio para los Laicos recordó que “toda vocación auténtica sigue siendo don del Espíritu Santo, más allá de los errores humanos”.
En ese sentido, el testimonio de Olalla —como el de Dolores y Amada— es un recordatorio de que la fe no depende de instituciones, sino de una relación viva con Dios.
“Yo sólo sé que Él me llamó”, dijo Olalla en una entrevista. “Y cuando Dios llama, uno no pregunta… sólo responde”, dijo con convicción.

EL SILENCIO QUE HABLA
Quizá estas mujeres no llenen titulares, pero llenan almas. Mientras el mundo busca influencers, ellas son testigos. Mientras las redes ofrecen filtros, ellas ofrecen verdad. Mientras la fama promete brillo, ellas eligieron la luz que no se apaga. Y aunque muchos las llamaron locas, su locura tiene nombre: santidad.
Tres mujeres que cambiaron el ruido por la oración. Tres almas que entendieron lo que el mundo olvida: que sólo Dios basta.









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