CUANDO EL PERÚ FLORECIÓ EN ROMA: LA BENDICIÓN QUE UNIÓ A SANTA ROSA Y A LA VIRGEN EN EL CORAZÓN DEL VATICANO
- Canal Vida

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En los Jardines Vaticanos no se inauguró solo una imagen. Se encendió un mensaje actual: la santidad no es recuerdo ni folklore. Santa Rosa y la Virgen del Perú vuelven a hablarle a una Iglesia tentada por la comodidad.

En los Jardines Vaticanos, donde el silencio suele hablar más fuerte que los discursos, ocurrió un gesto cargado de mística, historia y profecía: la bendición de una imagen de Santa Rosa de Lima y un mosaico dedicado a las advocaciones marianas del Perú. No fue un acto decorativo. Fue un mensaje.

El Santo Padre, profundamente unido al pueblo peruano, presentó estas obras como un recordatorio vivo de algo que la Iglesia nunca debe olvidar: la santidad no es para unos pocos, es una vocación universal. Rodeado de obispos, artistas y fieles, el Obispo de Roma subrayó que estas imágenes no miran al pasado, sino que interpelan al presente.
Santa Rosa —la primera santa del Nuevo Mundo— aparece representada en uno de sus momentos más misteriosos: cuando el Niño Jesús se le manifiesta y le pide que sea su esposa. No es una escena romántica, sino radical: una mujer joven, frágil en apariencia, que eligió una entrega total, silenciosa y heroica. Una santidad sin aplausos, nacida en un jardín… y ahora vuelta a plantar en el corazón del Vaticano.

Junto a ella, el mosaico mariano despliega la riqueza de un pueblo que aprendió a amar a la Virgen con múltiples rostros y nombres. Advocaciones que nacieron en la fe sencilla, en la protección buscada, en la esperanza del que sufre. El Sucesor de Pedro recordó que toda esta belleza apunta a una sola verdad: Dios llama a cada bautizado a la plenitud de la caridad.

En una época que huye del compromiso y teme a la exigencia, este gesto fue una advertencia suave pero firme. La fe no es solo emoción. Es respuesta. Y la santidad —como enseñan santa Rosa y María— no se improvisa: se elige cada día, incluso en silencio.
En los Jardines Vaticanos floreció algo más que arte. Floreció un llamado.
CUANDO EL PERÚ FLORECIÓ EN ROMA: LA BENDICIÓN QUE UNIÓ A SANTA ROSA Y A LA VIRGEN EN EL CORAZÓN DEL VATICANO









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