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Un pastor con olor a oveja

El futuro cardenal Adalberto Martínez Flores, una esperanza para el Paraguay en tiempos difíciles.
 

Opinión - Por Juan Marinangeli


Finalmente llegó el día tan esperado por la Iglesia en el Paraguay: el nombramiento de su primer cardenal.


Monseñor Adalberto Martínez Flores responde así al llamado que el Papa Francisco hace a todos desde el inicio de su pontificado. Llegar a las periferias sociales y existenciales. Una Iglesia por y para los pobres, con el riesgo inclusive de accidentarse por haber salido, preferible a morir anquilosada en su encierro. Un hospital de sangre para las heridas del hombre de hoy.



"Una esperanza para el Paraguay en tiempos difíciles de post pandemia donde tantas personas perdieron a sus seres queridos, hoy muchos están sin trabajo, y son víctimas de la insensibilidad, corrupción y desesperanza."

Siendo un joven universitario en los Estados Unidos, Adalberto Martínez conoció la realidad de los migrantes lavando platos en un restaurante para costearse sus estudios. "Luego ascendí, de lavar platos a lavar ollas", dice con humor.


Allí conoció al hoy cardenal Sean O’Malley, con quien trabajó con los miles de migrantes de distintas nacionalidades.



"Adalberto Martínez conoció la realidad de los migrantes lavando platos en un restaurante para costearse sus estudios."

Encontró su vocación sacerdotal a través de esa amistad y del contacto con Chiara Lubich y el movimiento de los Focolares, por cuya razón el lema de su episcopado hace referencia a la unidad y a las palabras de Jesús: "Que todos sean uno".



Nunca olvidó a su país, por lo que quiso ordenarse sacerdote en Asunción siendo luego obispo auxiliar y realizando el fecundo recorrido de ser el primer prelado de la nueva diócesis de San Lorenzo, obispo castrense, luego de San Pedro en reemplazo del ex obispo Fernando Lugo, prelado de Villarrica del Espíritu Santo, arzobispo de Asunción y finalmente cardenal de la Iglesia Católica.



Una esperanza para el Paraguay en tiempos difíciles de post pandemia donde tantas personas perdieron a sus seres queridos, hoy muchos están sin trabajo, y son víctimas de la insensibilidad, corrupción y desesperanza.



Un desafío para la Iglesia frente al cual la misma no puede quedar indiferente.


“Al ser príncipes de la Iglesia acuérdense sobre todo que son príncipes de un Rey que fue crucificado". Todo un desafío e inmensa misión para el nuevo cardenal, para un pastor con olor a oveja.



(Fotografías: Facebook Adalberto Martinezf)

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