top of page

NO TODO SILENCIO ES PAZ: POR QUÉ LA IGLESIA ADVIERTE NO COMULGAR EN CIERTOS CASOS

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 21 minutos
  • 3 Min. de lectura
No siempre acercarse al altar es un acto de fe. La Iglesia lo advierte desde hace siglos, pero pocos lo entienden. No es castigo ni exclusión: es respeto por lo sagrado. Una nota incómoda sobre la comunión… y la conciencia.
No comulgar siempre
No todos deben comulgar. No importa si te miran de reojo, es un compromiso con Dios llegar a la Eucaristía con el corazón limpio.

Hay filas que avanzan en silencio. Manos cruzadas. Miradas al frente. El altar se acerca. Y, sin embargo, no todo paso hacia la comunión es un acto de fe. A veces es costumbre. O presión social. O miedo a quedar mal. Por eso, desde hace siglos, la Iglesia lanza una advertencia que incomoda, provoca y confunde: no siempre es momento de comulgar.


No se trata de exclusión. Tampoco de castigo. Mucho menos de señalar con el dedo. La advertencia nace de algo más profundo —y más olvidado—: el respeto por lo sagrado.








Cuando la comunión se vuelve automática

En muchas parroquias, comulgar se volvió casi un reflejo. Se canta, se avanza, se recibe la Hostia. Pocos se preguntan cómo llegan a ese momento. Menos aún desde dónde. La comunión, que debería ser el culmen de la vida espiritual, corre el riesgo de transformarse en un gesto vacío cuando se desconecta del corazón.


La Iglesia no advierte para alejar, sino para cuidar. Porque la Eucaristía no es un símbolo cualquiera. No es un premio por “portarse bien”. Es un misterio que exige una disposición interior concreta. Y cuando esa disposición no está, el silencio también puede ser un acto de fe.


casa betania

No es castigo: es verdad

La advertencia incomoda porque rompe con una idea instalada: que todos, siempre, deben comulgar. Pero la tradición cristiana enseña algo distinto: hay momentos en los que abstenerse es un gesto de honestidad espiritual.


No se trata de hacer una lista pública de “quién puede” y “quién no”. La Iglesia no expone nombres. Apela a la conciencia. Invita a un examen interior serio. Porque acercarse a la comunión sin estar en paz con Dios —o con uno mismo— no es un acto de valentía, sino de confusión.


La fe no se vive por presión. Se vive por verdad.









La comunión pide coherencia

Hay situaciones de vida complejas, heridas abiertas, decisiones difíciles. La Iglesia lo sabe. Por eso su advertencia no es moralista, sino pastoral. No todo conflicto se resuelve avanzando en la fila. A veces, el paso previo es otro: reconciliar, ordenar, sanar, dialogar.


La comunión no es magia. No borra automáticamente lo que el corazón no quiere enfrentar. Por eso, en ciertos casos, la Iglesia propone un camino distinto: orar, acompañarse, buscar luz, esperar. No como rechazo, sino como preparación.


El respeto por la Eucaristía implica aceptar que no todo se resuelve en un instante, y que la fe también sabe esperar.



El gesto que casi nadie valora

Quedarse en el banco, cuando todos avanzan, puede doler. Puede generar miradas. Puede incomodar. Pero ese gesto silencioso —cuando nace de una conciencia despierta— puede ser profundamente espiritual. Dice: “No vengo por costumbre. Vengo cuando estoy listo”.


La Iglesia no mide la fe por la cantidad de comuniones, sino por la verdad del corazón. Y esa verdad, a veces, pide pausa.


Pedro Kriskovich

¿Qué está en juego realmente?

No es una norma fría. Es una pregunta viva: ¿qué lugar ocupa lo sagrado en nuestra vida? Si todo se vuelve automático, nada transforma. Si la comunión se recibe sin conciencia, pierde su fuerza.


La advertencia existe para proteger el misterio, no para cerrarlo. Para recordar que la Eucaristía no se consume como un rito social, sino que se recibe como un encuentro. Y todo encuentro verdadero exige preparación.



La pregunta que queda flotando

Tal vez la cuestión no sea quién “puede” o “no puede” comulgar. Tal vez la pregunta sea otra, más incómoda y más necesaria: ¿Nos acercamos al altar por fe… o por costumbre?


Porque a veces, el mayor acto de respeto no es avanzar un paso más, sino detenerse a tiempo.

NO TODO SILENCIO ES PAZ: POR QUÉ LA IGLESIA ADVIERTE NO COMULGAR EN CIERTOS CASOS

NO TODO SILENCIO ES PAZ: POR QUÉ LA IGLESIA ADVIERTE NO COMULGAR EN CIERTOS CASOS

📖También te puede interesar:

Comentarios


bottom of page