top of page

“NO TE QUEDES ENTRE LAS CENIZAS”: EL GRITO DEL PAPA QUE SACUDIÓ A LA IGLESIA EN EL INICIO DE LA CUARESMA

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • 18 feb
  • 4 Min. de lectura
En su primera homilía de Miércoles de Ceniza, León XIV lanzó una advertencia que incomoda: no quedarnos entre las cenizas del mundo, sino levantarnos y reconstruir. Un mensaje fuerte sobre pecado, guerra, crisis y resurrección.
El Papa impone la ceniza en la basílica de Santa Sabina, marcando el inicio de la Cuaresma con un llamado firme a la conversión y a no quedarse entre las cenizas del mundo, sino levantarse y reconstruir desde la fe. (Fotografía: Vatican Media)
El Papa impone la ceniza en la basílica de Santa Sabina, marcando el inicio de la Cuaresma con un llamado firme a la conversión y a no quedarse entre las cenizas del mundo, sino levantarse y reconstruir desde la fe. (Fotografía: Vatican Media)

En una basílica de Santa Sabina colmada de fieles y marcada por el silencio austero del Miércoles de Ceniza, León XIV lanzó un mensaje que no fue suave ni decorativo. Fue directo, incómodo, profético: “No permanecer entre las cenizas, sino levantarnos y reconstruir”.


No es solo una frase. Es un llamado urgente.


En su primera homilía de Miércoles de Ceniza no habló de una Cuaresma superficial ni de una religión cómoda. Habló de un mundo que arde. De ciudades reducidas a polvo por la guerra. De la justicia internacional convertida en ceniza. De ecosistemas devastados. De relaciones humanas quebradas. De una cultura que perdió el sentido de lo sagrado.


Y entonces tiró la pregunta que atraviesa la historia: “¿Dónde está su Dios?”.


No lo dijo para acusar al mundo. Lo dijo mirando primero hacia adentro.









La Cuaresma, explicó, no es un tiempo para buscar enemigos externos. El mal no viene de “supuestos adversarios”. El mal —dijo con valentía— entró en los corazones. Está en nuestras decisiones, en nuestras estructuras económicas, culturales, políticas e incluso religiosas.


Es contracultural admitirlo.


“Reconocer nuestros pecados para convertirnos es ya un presagio y un testimonio de resurrección. Significa, en efecto, no quedarnos entre las cenizas, sino levantarnos y reconstruir.” (León XIV)

Vivimos en una época donde casi nadie pide perdón. Donde instituciones no reconocen errores. Donde personas se justifican. Donde empresas se blindan. Donde la palabra “arrepentimiento” suena antigua.


Pero el Papa fue claro: reconocer el pecado es el primer signo de resurrección. Sí, resurrección.


casa betania

Porque aceptar la propia responsabilidad no es humillación. Es el inicio del éxodo. Es salir de la parálisis. Es abandonar la rigidez. Es ponerse en movimiento. “No quedarnos entre las cenizas”, subrayó.



LAS CENIZAS DE LA HUMILDAD

Las cenizas que este miércoles fueron trazadas sobre millones de frentes no son un gesto simbólico vacío. Son una pedagogía severa, realista, que —como recordaba san Pablo VI— desarma dos ilusiones modernas: la autosuficiencia y el pesimismo.


Por un lado, la ilusión de que podemos salvarnos solos. Por otro, la tristeza resignada que proclama que todo es absurdo.


“Sentir, en las cenizas que se nos imponen, el peso de un mundo que arde en llamas, de ciudades desintegradas completamente por la guerra; las cenizas del derecho internacional y de la justicia entre los pueblos…” (León XIV)

El Obispo de Roma describió con crudeza ese escenario: un mundo que proclama la vanidad de todo, que normaliza el vacío, que convierte la desesperanza en cultura. Una civilización que, sin saberlo, hace “apología de las cenizas”.


Pero ahí está el punto decisivo. Las cenizas cristianas no son derrota. Son memoria. Son verdad. Son advertencia. Son punto de partida. “Reconocer nuestros pecados para convertirnos es ya una premonición y un testimonio de resurrección”, expresó.









IGLESIA QUE RECONOCE A LOS VULNERABLES

El Pontífice habló de una Iglesia que no se encierra en nacionalismos agresivos ni en ideologías rígidas, sino que se reconoce pueblo en camino. Comunidad convocada para escuchar la Palabra. Asamblea que no excluye a los frágiles, a los pequeños, a los esposos, a los sacerdotes. Todos llamados a llorar, a suplicar, a comenzar de nuevo.


En un pasaje que resonó especialmente entre los jóvenes, el sucesor de Pedro destacó que muchos de ellos —incluso en contextos secularizados— sienten el llamado de este día. Perciben que otra forma de vida es posible. Más justa. Más verdadera. Más responsable.

Y entonces la Cuaresma se revela no como un ritual repetido, sino como una misión.


Porque no se trata solo de mejorar la conducta personal. Se trata de abrir el corazón a quienes buscan renovación. A quienes se preguntan si la Iglesia todavía tiene algo que decir. A quienes observan desde afuera y lanzan la pregunta incómoda: “¿Dónde está su Dios?”.


La respuesta no será teórica. Será visible en hombres y mujeres que, llevando las marcas de la fragilidad, eligen reconstruir. Que llaman a la muerte por su nombre, pero no se quedan allí. Que atraviesan el desierto sabiendo que el Triduo Pascual no es un recuerdo, sino un paso real de la muerte a la vida.


El Santo Padre proclama su homilía durante la Misa del Miércoles de Ceniza, invitando a reconocer los propios pecados, asumir responsabilidades y dar testimonio de resurrección en un mundo herido por la guerra y la indiferencia.
El Santo Padre proclama su homilía durante la Misa del Miércoles de Ceniza, invitando a reconocer los propios pecados, asumir responsabilidades y dar testimonio de resurrección en un mundo herido por la guerra y la indiferencia. (Fotografía: Vatican Media)

SEMILLAS QUE PARECEN CENIZA

El Papa recordó también la tradición romana de las “stationes” cuaresmales: peregrinar y detenerse ante la memoria de los mártires. Aquellos que, cuando todo parecía perdido, sembraron vida bajo la tierra.


Semillas que parecían ceniza. Semillas que hoy son cosecha.


León XIV no pidió una Cuaresma triste. Pidió una Cuaresma valiente. Sobria. Alegre. Capaz de renunciar al deseo de ser vistos. Capaz de servir en lo oculto. Capaz de reorientar el corazón hacia el Dios de la vida.


Porque el drama no es que el mundo tenga cenizas. El drama es quedarse en ellas.


“El mal no proviene de supuestos enemigos, sino que ha entrado en los corazones, está en el interior de la propia vida y debe asumirse con valiente responsabilidad.” (León XIV)

La homilía terminó con un horizonte claro: la Pascua. No como consuelo ingenuo, sino como promesa concreta para quienes aceptan el camino de la conversión.


Esta Cuaresma, el vicario de Cristo no pidió que contemplemos el polvo. Pidió que lo atravesemos.


Las cenizas están sobre nuestra frente.


La pregunta es otra: ¿Nos quedaremos allí… o nos levantaremos para reconstruir?

“NO TE QUEDES ENTRE LAS CENIZAS”: EL GRITO DEL PAPA QUE SACUDIÓ A LA IGLESIA EN EL INICIO DE LA CUARESMA

“NO TE QUEDES ENTRE LAS CENIZAS”: EL GRITO DEL PAPA QUE SACUDIÓ A LA IGLESIA EN EL INICIO DE LA CUARESMA

📖También te puede interesar:

Comentarios


bottom of page