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Los abuelos, activistas de la revolución de la ternura

El Papa Francisco aseguró que “la vejez no es una enfermedad” y destacó que todavía pueden dar frutos.

 


“En la vejez seguirán dando fruto”, dice el versículo 15 del capítulo 92 del libro de los Salmos, mensaje en el que gira la II Jornada Mundial de los Abuelos y Adultos Mayores que se celebrará el próximo 24 de julio, por lo que la Santa Sede dio a conocer hoy el mensaje del Papa Francisco en el que asegura que “la ancianidad no es un tiempo inútil en los que nos hacemos a un lado, sino que es una estación para seguir dando frutos”.


En la misiva difundida por el Oficina de Prensa del Vaticano, el Santo Padre señaló que la “vejez no es una enfermedad”, por lo “los ancianos no son parias de los que hay que tomar distancia, sino signos vivientes de la bondad de Dios que concede vida en abundancia”.


Asimismo, indicó que actualmente existen muchos planes de asistencia para los ancianos, pero no hay planificación para proyectos de vida de los adultos mayores. “Las sociedades más desarrolladas invierten mucho en esta edad de la vida, pero no ayudan a interpretarla; ofrecen planes de asistencia, pero no proyectos de existencia”, destacó.


"El instrumento más valioso que tenemos, y que es el más apropiado para nuestra edad: es la oración".



ENVEJECER A LA LUZ DE LA FE ES UNA BENDICIÓN

El Pontífice destacó que “al llegar la vejez y las canas, Dios seguirá dándonos vida y no dejará que seamos derrotados por el mal. Confiando en Él, encontraremos la fuerza para alabarlo cada vez más (cf. vv. 14-20) y descubriremos que envejecer no implica solamente el deterioro natural del cuerpo o el ineludible pasar del tiempo, sino el don de una larga vida”.


“Los ancianos no son parias de los que hay que tomar distancia, sino signos vivientes de la bondad de Dios que concede vida en abundancia”.

Del mismo modo, manifestó que en esa estancia de la vida se debe continuar cultivando la vida espiritual por medio de la lectura asidua de la Palabra de Dios, “la oración cotidiana, la práctica de los sacramentos y la participación en la liturgia”.




VIDA ACTIVA

En otro pasaje del mensaje subrayó que “la ancianidad no es un tiempo inútil en el que nos hacemos a un lado sino que es una estación para seguir dando frutos”.


Esa misión, continúa Bergoglio, “es una elección de amor de los ancianos hacia las nuevas generaciones, es nuestro aporte a la revolución de la ternura, una revolución espiritual y pacífica a la que los invito a ustedes, queridos abuelos y personas mayores, a ser protagonistas”.


"Envejecer no implica solamente el deterioro natural del cuerpo o el ineludible pasar del tiempo, sino el don de una larga vida".


REVOLUCIÓN DE TERNURA

En la tempestad que vive el mundo producto de la guerra y la pandemia, los ancianos tiene la llave, según Francisco, para realizar un cambio profundo “una conversión que desmilitarice los corazones, permitiendo que cada uno reconozca en el otro a un hermano”. “Y nosotros, abuelos y mayores, tenemos una gran responsabilidad: enseñar a las mujeres y a los hombres de nuestro tiempo a ver a los demás con la misma mirada comprensiva y tierna que dirigimos a nuestros nietos”, indicó, al tiempo que agregó: “hoy podemos ser maestros de una forma de vivir pacífica y atenta con los más débiles”.


Y esa forma pacífica de vivir, los “llama a ser artífices de la revolución de la ternura”. “Hagámoslo, aprendiendo a utilizar cada vez más y mejor el instrumento más valioso que tenemos, y que es el más apropiado para nuestra edad: el de la oración”, subrayó.

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