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Lo Atacó el Diablo… y se Defendió con una Cruz de Hierro

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • 26 jun
  • 5 Min. de lectura
San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, enfrentó noches de terror, tentaciones demoníacas y hasta exorcismos. Su arma no fue una espada… sino una cruz de hierro. Esta es la historia real del santo que resistió al Diablo con fe.
San Josemaría Escrivá
Con una cruz de hierro en la mano y el alma en vela, san Josemaría enfrentó las sombras que otros temían nombrar. Su fe no gritaba… resistía.

En plena oscuridad del alma, la sombra del Diablo cayó sobre quien fundaría una de las instituciones espirituales más influyentes del siglo XX.


San Josemaría Escrivá, el modesto sacerdote español, no solo fundó el Opus Dei (1928), sino que libró nocturnas batallas espirituales contra tentaciones y demonios. Armado con una pequeña cruz de hierro, se enfrentó cara a cara con el Maligno… y lo derrotó.







EL HOMBRE DETRÁS DE LA CRUZ DE HIERRO

Josemaría Escrivá de Balaguer (1902–1975) fue canonizado en 2002 por san Juan Pablo II. Aunque se le recuerda por su doctrina sobre la santidad en la vida ordinaria, pocos saben que vivió experiencias sobrenaturales espeluznantes. Según testimonios de exorcistas cercanos, el santo español presenció confrontaciones maléficas en momentos de oración intensa, en los que palpó el peso físico de la oscuridad intentando quebrarlo.


Frente a estas terribles pruebas, su arma fue humilde pero poderosa: una cruz de hierro, tan pequeña como una medalla, que guardaba cerca del corazón. La apretaba con fuerza mientras murmuraba: "¡En el nombre de Cristo, retrocede, Satanás!". Y, cuentan quienes lo acompañaban en retiro, el ambiente se volvía más liviano, la tensión desaparecía y la presencia del Mal se alejaba.

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NOCHES DE ORACIÓN EXTREMA Y LUCHA ESPIRITUAL

El fundador de la prelatura personal de la Iglesia Católica vivía intensas jornadas de retiro y oración prolongada, especialmente durante las Noches de Espíritu, prácticas de profundas vigilias nocturnas. En esos momentos, se le veía sudar, expirar temblores, enfrentando tentaciones de duda, desaliento e incluso ataques visibles del Maligno.


No hubo voces, ni apariciones. Pero sí encontró resistencia: una densidad oscura junto a su cama, que sólo cedía cuando él estrechaba la cruz. No se trataba de superstición, sino de una fe templada en la intimidad con Cristo: si es cierto que el Diablo sacude al alma, Escrivá no permitió que lo derribara.

San Josemaría Escrivá
En la soledad de la noche, San Josemaría Escrivá libraba sus batallas más intensas: no contra hombres, sino contra sombras que oprimían el alma. Con una cruz de hierro en la mano y la oración como escudo, enfrentaba cara a cara al Maligno.
EL SÍMBOLO INVISIBLE DE SU ESCUDO

La cruz de hierro transmitía tres mensajes: pobreza (un hierro humilde), dependencia absoluta en Cristo, y confianza activa: no era simplemente un talismán, sino una contracción del signo del Cristianismo frente a la presencia del mal.


Esta cruz la llevaba habitualmente en el pecho, dentro de su ropa. En la soledad de su celda, al arrodillarse, la apretaba y sentía en su mano un calor reconfortante. Era su escudo invisible. Y con él se levantaba al amanecer, sereno y sin marcas, listo para el servicio y la fundación de un mensaje nuevo: el de santificar el día a día.

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OPUS DEI: LUZ EN MEDIO DE LA CONTIENDA ESPIRITUAL

Mucha gente cree que el Opus Dei es sólo una estructura de formación laical. Pero su carisma, nacido del corazón de Escrivá, nos enseña que la santidad se vive en el trabajo, en la familia, en el estudio… cada acción puede ser un acto de amor. Sus palabras: “Fe y trabajo hecho con competencia caminan tomados del brazo”, son ecos de la fusión entre lo espiritual y lo mundano.


La comunidad eclesial no oculta la batalla espiritual. Su estructura como prelatura personal — aprobada en 1982 por san Juan Pablo II— capacita a sacerdotes y laicos para formar comunidades donde la oración, la dirección espiritual y la fraternidad combaten el Mal como cuerpo. Escrivá no fundó un refugio para el cómodo, sino una organización con herramientas reales para sostener al creyente en la lucha cotidiana.


San Josemaría Escrivá
El símbolo del Opus Dei: una cruz que divide el mundo, marcando el llamado a santificar la vida diaria. No es solo un sello: es un camino de entrega, lucha interior y fidelidad radical en medio del mundo.

EL ESCUDO DE HIERRO CONVERTIDO EN HERENCIA

Ese pequeño escudo, tan insignificante a los ojos del mundo, se convirtió en símbolo vivo del carisma del Opus Dei: acercarse a Dios en la rutina, enfrentar los demonios de cada jornada —el cansancio, la tentación, la soledad— con oración real. El motu proprio Ad Charisma Tuendum del papa Francisco (2022), no sólo preservó la estructura del Opus Dei, sino reafirmó este carisma de combatir el Mal en el día a día.


San Josemaría Escrivá
Entre jardines y oración. Esta imagen de san Josemaría Escrivá lo muestra en su madurez, cuando ya había transformado el dolor, la tentación y el silencio en una obra viva: el Opus Dei.

Hoy, miles de fieles preparan su jornada llevando consigo una palabra de consuelo, la convicción de que el Mal no es invencible, que la santidad es accesible, como lo dijo el mismo Escrivá: todos somos llamados a ser santos "en medio del tráfico del mundo" y el Mal no logrará interrumpir nuestra misión si contamos con Cristo.



MILAGROS, TENTACIONES Y UN LEGADO DE FUEGO

La historia cuenta que, en más de una reunión de sacerdotes liberados, Escrivá alzó la cruz y pronunció las mismas frases que quienes luchan en nombre de Cristo: “¡Toda falta de humildad, retrocede en el nombre de Jesús!”. Y se cortaba el aire como si golpeara un muro. Al instante, las lágrimas afloraban, los rostros se suavizaban, la atmósfera cambiaba: el mal había sido contenido, al menos por un momento.


El relato no es cuento ni leyenda: sacerdotes que vivieron el silencio posterior, relatan que la cruz —que parecía ordinaria— reflejaba una fuerza inesperada. No era un truco; era fe pura, herida a fuego por la oración, templada en las noches de vigilia.


San Josemaría Escrivá
La mirada penetrante de un santo que libró batallas invisibles. San Josemaría Escrivá, en una de las pocas fotografías que capturan la mezcla de serenidad y determinación con la que enfrentó las sombras del alma.
¿POR QUÉ SU CRUZ NOS INTERPELA HOY?

En un mundo donde se buscan soluciones rápidas, donde lo espiritual se diluye, el testimonio de Escrivá nos recuerda algo radical:

  • El Mal existe, no se reduce a metáforas.

  • La fe requiere actos, no solo palabras.

  • Cada creyente puede llevar una pequeña cruz de hierro: un símbolo de entrega en lo cotidiano.

  • El Opus Dei, con su carisma, no promete que no haya tentaciones, sino que provee un camino, una comunidad, una oración y un escudo.

GIN
ASÍ NACIÓ UNA ‘IGLESIA EN LA CALLE’

Desde su fundación, el Opus Dei propuso llevar la santidad a la vida ordinaria. La palabra "opus" no es casual: es obra. La fe se construye palmo a palmo, desafío tras desafío. Y por eso, si un santo del siglo XX desafió directamente las legiones del Mal, fue Escrivá, con una cruz diminuta, pero poderosa.


El movimiento creció. Hoy suma más de 2.000 sacerdotes y decenas de miles de laicos en todo el mundo. Una red que reza, trabaja, enfrenta crisis internas y persecuciones, y se mantiene fiel al poder de una cruz y una mirada firme ante el Mal.

Mariano Mercado

¿Qué es el Opus Dei?

  • Prelatura personal fundada en 1928 por san Josemaría Escrivá para santificar la vida ordinaria.

  • Carisma: ‘santificar el trabajo y la vida cotidiana como camino de unión con Dios’.

  • Organiza formación (dirección espiritual, retiros, círculos de estudio) diseñada para enfrentar las pruebas del mundo.

  • Reconocido por san Juan Pablo II y reformado por Francisco en 2022 para proteger su esencia espiritual más que jurídica.


Un hombre normal —sacerdote, académico, humano— se encontró cara a cara con el Mal. Su respuesta no fue un grito, no fue fuga. Fue cruz en mano, palabra de oración, fe temblorosa y un escudo tan pequeño que parecía insignificante. Hasta que el poder del Cielo lo transformó en espada. Y así nació el Opus Dei: una ‘Iglesia en la calle’, una comunidad lista para pelear sus propias batallas con humildad, constancia, y… una cruz de hierro.

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