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LES NEGARON LOS SACRAMENTOS EN LA HORA FINAL: LA TRAGEDIA DE ADAMUZ QUE ABRIÓ UNA HERIDA ESPIRITUAL EN ESPAÑA

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 55 minutos
  • 4 Min. de lectura
Murieron 45 personas en la tragedia ferroviaria de Adamuz, pero hay un dato que estremece aún más: sacerdotes fueron impedidos de administrar los sacramentos en la hora final. ¿Fue solo caos… o algo más profundo?

Tragedia ferroviaria de España
En medio de la tragedia ferroviaria que golpeó a España, un grupo de sacerdote que acercó para bridar el auxilio espiritual, pero les fue negado ejercerlo.

La tragedia ferroviaria de Adamuz no solo dejó 45 muertos y decenas de heridos. Dejó algo aún más perturbador: personas que murieron sin recibir auxilio espiritual, sin confesión, sin unción, sin la última bendición. Mientras el hierro retorcido y el caos dominaban la escena, sacerdotes católicos fueron impedidos de cumplir su misión. No por falta de voluntad. No por ausencia. Por prohibición.


Los hechos hoy están confirmados por el propio obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández. Sacerdotes acudieron al lugar del siniestro con un único objetivo: ofrecer los últimos sacramentos a las víctimas. Pero no se les permitió pasar. El perímetro de seguridad los dejó afuera. El resultado fue devastador desde el punto de vista espiritual: una negación explícita de asistencia religiosa en el momento más decisivo de la vida humana.


No se trató solo de un “funeral laico” posterior. Se trató de algo mucho más grave: la vulneración de un derecho fundamental reconocido por la Constitución Española y la Ley de Libertad Religiosa. En medio del caos, la fe quedó relegada, como si la dimensión espiritual del ser humano fuera prescindible cuando la muerte acecha.









EL CAOS, LA CONFUSIÓN… Y LA AUSENCIA DE DIOS

El obispo Fernández habló de “confusión” entre las autoridades durante las primeras horas críticas. Reconoció que no existía un protocolo claro que contemplara la presencia de ministros religiosos en la zona cero. Las fuerzas de seguridad, priorizando el trabajo sanitario y de rescate, cerraron el acceso a todo aquel que no formara parte del operativo técnico.


Pero aquí surge la pregunta incómoda:¿Desde cuándo la atención espiritual es considerada un estorbo?


La Iglesia no improvisa. La Iglesia no llega tarde. La Iglesia tiene sacerdotes formados para actuar en emergencias extremas. La historia lo demuestra una y otra vez: capellanes en guerras, epidemias, catástrofes naturales y atentados. La atención espiritual no compite con la médica. La complementa. La sostiene. La humaniza.


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LAICISMO DURO Y UNA VISIÓN REDUCIDA DEL SER HUMANO

Lo ocurrido en Adamuz no es un hecho aislado. Es el síntoma de un laicismo cada vez más agresivo, que ya no tolera la presencia del sacerdote ni siquiera en el umbral de la muerte. Al eliminar la figura del capellán, se elimina también una concepción integral de la persona humana.


Para la fe católica, morir sin sacramentos no es un detalle menor. La confesión, la unción de los enfermos y la comunión son auxilios reales, concretos, decisivos. No son símbolos vacíos. Son, para millones de creyentes, la preparación final para el encuentro con Dios.


Impedirlos no fue solo una decisión operativa. Fue una decisión cultural. Ideológica. Y profundamente dolorosa.









¿UNA COMPASIÓN MAL ENTENDIDA?

El propio obispo matizó sus palabras señalando que, en tragedias de esta magnitud, el derecho a la asistencia religiosa queda “subordinado” a las tareas de salvamento. Pero esa afirmación genera controversia. Está demostrado —y documentado— que la presencia de sacerdotes mejora la disposición emocional de las víctimas, de los familiares y hasta de los rescatistas.


No se trata de protocolos fríos. Se trata de realismo humano. El ser humano no es solo un cuerpo herido: es también un alma en peligro.


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UNA IGLESIA QUE ESTUVO… PERO NO LA DEJARON ENTRAR

Que hubiera sacerdotes desplazados al lugar es una prueba contundente: la Iglesia quiso estar. No se escondió. No esperó a que todo terminara. Estuvo allí, lista para acompañar, confesar, ungir, rezar.


Más tarde, cuando el peor momento pasó, sí se habilitó asistencia espiritual en hospitales y tanatorios. Muchas familias buscaron entonces a la Iglesia. Muchas rechazaron homenajes civiles y pidieron ceremonias religiosas. Porque cuando el dolor es real, la fe vuelve a hablar.



UNA HERIDA QUE SIGUE ABIERTA

La tragedia de Adamuz reveló fallas técnicas, contradicciones oficiales y posibles responsabilidades políticas. Pero también reveló algo más profundo: una sociedad que ya no sabe qué hacer con Dios cuando la muerte irrumpe sin aviso.


Mientras se revisan infraestructuras y se investigan responsabilidades, queda una pregunta que nadie ha respondido del todo:¿Quién responde por las almas que murieron sin sacramentos?


La herida no es solo ferroviaria. Es espiritual. Y sigue abierta.

LES NEGARON LOS SACRAMENTOS EN LA HORA FINAL: LA TRAGEDIA DE ADAMUZ QUE ABRIÓ UNA HERIDA ESPIRITUAL EN ESPAÑA

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