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La Virgen que Corre en el Rally: Cuando la Fe Entra al Circuito Más Peligroso del Mundo

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • 22 nov
  • 2 Min. de lectura
Pilotos latinoamericanos de rally, además de las medidas de seguridad necesarias para competir, tienen una protectora única que la lleva a todos lados: la Virgen de Schoenstatt. Historia de devoción, fe y amor a la Madre.
Virgen
Los pilotos con la Virgen que los protege.

En un deporte donde un segundo puede separar la gloria de la tragedia, dos pilotos chilenos decidieron no competir solos. En medio del rugido de motores, los derrapes imposibles y caminos que pueden convertirse en trampas mortales, los hermanos Emilio y Tadeo Rosselot pusieron su confianza en una copiloto celestial: la Virgen de Schoenstatt.


Mientras el Campeonato Mundial de Rally —la prueba más feroz, técnica y exigente del planeta— pone todo al límite, los Rosselot no arrancan un solo kilómetro sin antes mirar a la Madre de Dios. Y no es metáfora. La llevan físicamente con ellos, dentro del auto, como un recordatorio de que la velocidad necesita un corazón en paz.


“La Mater nos ha acompañado desde el principio del rally… y este año ha sido durísimo”, confesó Emilio, mostrando emoción contenida. Su hermano Tadeo añadió una frase que heló las redes:“Estamos representando a la Mater y a Schoenstatt. No corremos solos”.

Casa Betania

La devoción no es nueva: desde niños, sus padres colocaron una frase en el auto que los acompaña hasta hoy como una profecía en movimiento:“La Mater y Jesús nos esperan en los Santuarios de Schoenstatt”.


En tiempos donde los autos pueden volcar, incendiarse o estrellarse en un parpadeo, los Rosselot aseguran que lo único que nunca falla son la fe, la perseverancia y el amor mariano. Mater Schoenstatt lo resumió así: “El verdadero triunfo está en la perseverancia… y en vivir con Dios en el corazón”.


Entre polvo, vértigo y peligro, los chilenos escriben un mensaje que ya es viral: caerse, levantarse y nunca soltar la mano de María. Porque en la vida —y en las carreras— el motor puede fallar… pero el corazón jamás.


Que la Virgen los proteja en cada curva y en cada salto. Siempre.



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