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LA HOSTIA QUE DETUVO EL MAR

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • 15 feb
  • 3 Min. de lectura
En 1906, un terremoto anunció la llegada de un tsunami que debía borrar Tumaco del mapa. Dos sacerdotes salieron con la Hostia consagrada hacia el mar… y la ola se detuvo. A 120 años, Colombia sigue preguntándose qué ocurrió realmente.
Ante la eminente catástrofe, el fraile no dudó y salió a parar el tsunami con el Santísimo Sacramento, y el milagro sucedió. Ese momento quedo retratado en una estatua que bendice la costa del prodigio.
Ante la eminente catástrofe, el fraile no dudó y salió a parar el tsunami con el Santísimo Sacramento, y el milagro sucedió. Ese momento quedo retratado en una estatua que bendice la costa del prodigio.

31 de enero de 1906. 10:36 de la mañana. Un terremoto sacude Tumaco, en la costa del Pacífico colombiano. En la iglesia caen imágenes, la gente grita, corre, llora. No era solo el miedo al temblor: el peor anuncio llegó segundos después.


El océano comenzó a retroceder. Cerca de un kilómetro —según los relatos— quedó al descubierto la arena que antes estaba cubierta de agua. Para un pueblo costero, eso no es una rareza: es una amenaza. El mar no se va “porque sí”. Se retira para volver con furia.









DOS SACERDOTES Y UNA DECISIÓN IMPOSIBLE

Los frailes Gerardo Larrondo (párroco de Tumaco) y Julián Moreno (auxiliar), comprendieron que estaban ante un tsunami inminente.


Sin tiempo para estrategias, Larrondo corrió al templo, abrió el sagrario y tomó una gran Hostia consagrada, guardando también el copón.


El sacerdote salió con el Santísimo y gritó: “Vamos, hijos míos, vamos todos hacia la playa, y que Dios se apiade de nosotros”.


Lo increíble es lo que siguió: la multitud no huyó hacia el monte. Caminó hacia el peligro. Rezando. Llorando. Con una fe que parecía empujar las piernas.


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UNA PARED DE AGUA EN CAMINO

A lo lejos, los fieles vieron la “montaña” crecer. Una pared de agua que avanzaba a gran velocidad. El terror era total. No había poder humano capaz de detener eso. Y aun así, Larrondo descendió a la arena y se quedó allí.


Cuando la ola estaba a metros, el presbítero levantó la Hostia y trazó en el aire una gran señal de la cruz. Lo que ocurrió quedó grabado como un antes y un después: la ola avanzó un poco… y se detuvo.



“¡MILAGRO!”: EL MAR RETROCEDIÓ

La gente empezó a gritar: “¡Milagro! ¡Milagro!”. La ola, según los testimonios, quedó como bloqueada por una fuerza invisible y se retiró. El mar volvió a su estado habitual. Tumaco, que debía desaparecer, sobrevivió.









120 AÑOS DESPUÉS: EL PUEBLO SIGUE DANDO GRACIAS

Este 31 de enero, monseñor Franklin Misael Betancourt, obispo de Tumaco, recordó el hecho en la catedral San Andrés Apóstol: “Celebramos los 120 años de ese milagro… cuando salieron con Jesús Eucaristía a enfrentar la terrible ola”. La diócesis cerró además 40 horas de adoración al Santísimo.


El prelado insistió en que el milagro eucarístico no es solo historia: “en cada Misa acontece el milagro”, dijo, llamando a los fieles a no dejar la Eucaristía, porque es alimento del alma con más urgencia que el pan del cuerpo.



CARLO ACUTIS Y EL SUEÑO DE UN SANTUARIO

La diócesis recordó que el milagro fue conocido por san Carlo Acutis en su exposición sobre milagros eucarísticos. Monseñor Betancourt expresó su deseo de convertir la catedral en “santuario del milagro eucarístico”, invitando a todos a visitar esta “diócesis eucarística”.



LA PREGUNTA QUE SIGUE ARDIENDO

¿Qué detuvo realmente el mar? Para Tumaco, no fue casualidad. Fue una respuesta. Hace 120 años, una Hostia alzada en la playa enfrentó una montaña de agua. Y el agua obedeció.

LA HOSTIA QUE DETUVO EL MAR

LA HOSTIA QUE DETUVO EL MAR


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